Tolerancia cero



A confesión de parte, relevo de pruebas. Y vaya si no es revelación suficiente la exhibida apenas en las últimas 48 horas para demostrar que el “pequeño conservador” alojado dentro del espíritu de muchos roquenses tiene intacta su capacidad para hacerse gigante.

El municipio puso en marcha el viernes el estacionamiento medido en el centro de la ciudad. Sólo un día de experiencia. Es más, sólo siete horas. Sin embargo, a muy poco de empezar a andar, el mecanismo ya era cosa juzgada y el veredicto, uno solo: condena.

Los detractores pueden dividirse en dos grandes grupos: automovilistas y comerciantes. Unos se molestaron por el nuevo costo para sus bolsillos, otros por la fuga de potenciales clientes que al no detener sus vehículos sobre las principales arterias ya no pasaban frente a sus locales.

Ahora bien, ¿es tiempo suficiente un solo día de vigencia del nuevo sistema para definir si es positivo o negativo para la ciudad? ¿Existe un diagnóstico objetivo sobre los beneficios y perjuicios del método elegido por la comuna para ordenar el tránsito o estamos ante expresiones ligeras, nutridas por una importante cuota de resistencia al cambio?

Es muy difícil anticipar cuál será el resultado de la experiencia a tan poco tiempo de su debut.

¿Y si genera desarrollo comercial en las calles liberadas del cobro? De ahora en adelante serán más quienes estacionen lejos de su punto de destino y por ende habrá mayor cantidad de transeúntes, derivando tal vez en nuevas apuestas comerciales sobre la periferia del “microcentro”.

¿Y si de una vez por todas el centro deja de ser un enjambre de autos pugnando por un lugar para detenerse, disminuyendo el número de los que estacionan en doble fila y aplacando los ánimos de aquellos que con tal de llegar rápido se olvidan de semáforos y -sobre todo- de los derechos del peatón?

Es cierto que se trata de un nuevo golpe para el bolsillo de los ciudadanos. Pero la balanza no puede dejar de sopesar que el tránsito por el área comercial de Roca es un caos desde hace años y para arribar a este escenario mucho colaboraron esos mismos vecinos con su falta de apego a las normas vigentes para circular por la vía pública. Y como el cambio cultural se asemeja a la utopía, las medidas regulatorias constituyen el paso más cercano.

Así las cosas, no quedan dudas de que “el pequeño conservador” ha actuado nuevamente. Lo hizo con el bulevar, el recambio de luminarias, la rotonda del Canalito, su monumento. Todas iniciativas que comenzaron bajo un mar de críticas y concluyeron con aceptación mayoritaria.

Ocurre que este tipo de discusiones son las más cómodas para el conservador. Sus quejas no llevan implícita la obligación de involucrarse en las soluciones y por lo tanto siempre se renuevan.

Porque entre el viernes y ayer abundaron las voces de comerciantes irritados porque en su cuadra parecía domingo, cuando poco y nada se vende.

Sin embargo, nadie recuerda en Roca que un comerciante haya denunciado con nombre y apellido al dueño del local vecino porque tiró la basura donde no debía, obligó a la gente a cruzar de vereda y provocó pérdidas en las ventas.

Sería injusto decir que Roca se asemeja a la imagen de 2001 y 2002, pero los resabios pesimistas, la crítica liviana y “por las dudas”, más el rechazo instintivo a todo lo diferente, aparecen como signos preocupantes en una ciudad que todavía busca impulso para su desarrollo.

El estacionamiento medido está en marcha. Tal vez lo mejor sería aplicar la teoría que tanto repite un ex intendente y propone que “para saber qué pierna es la más corta, al rengo primero hay que verlo andar”.

Hugo Alonso

halonso@rionegro.com.ar


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