Turismo náutico, un gran disparador

El desafío de explotar positivamente los 24.000 km de bordes acuáticos que posee nuestro país -quinto en la oferta en el mundo-, abre un abanico de potencialidades.



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Foto: Archivo.-

OPINIÓN

Desde el 2011 el Ministerio de Turismo de la Nación, a través del Plan Federal Estratégico de Turismo Sustentable, planteó el debate de la calidad y la diversidad. En este contexto, el desafío de explotar positivamente los 24.000 km de bordes acuáticos que posee nuestro país -quinto en la oferta en el mundo-, desde la navegación elemental hasta la pesca deportiva, abre un abanico de potencialidades en todo lo referente al desarrollo de las comunidades y dinamización de las economías locales y regionales. La provincia de Río Negro -por el cruce del río homónimo, que con este nombre comparte pocas fronteras políticas, al tener gran parte del principal lago del país, el Nahuel Huapi; y al poseer una de las mayores extensiones de borde marítimo, especialmente el golfo San Matías- es una jurisdicción donde se deben honrar la visión de los pioneros en sus urbanizaciones y habilitación de usos y alentar con inteligentes “políticas de Estado” el cumplimiento de mayores y mejores roles. Al ser esta provincia cabecera y la más poblada de la Patagonia argentina e internacional, sus acertadas y previsoras decisiones no sólo privilegia lo propio, sino que proyectan beneficios y disparadores que contribuyen sobre un amplio resto y lo potencian en la suma de oferta. El turismo náutico, lejos de ser una modalidad privativa de las clases acomodadas, ofrece alternativas para la clase media, sin distinción de sexo y edad. La explosión del turismo como fenómeno mundial, cuantitativo, como “conquista social del siglo”, imparable en el crecimiento de las últimas tres décadas, otorgó una nueva dimensión al fenómeno, ahora masivo, arrastrando la provisión de miles de puestos de trabajo y dando forma a uno de los tres factores esenciales que movilizan la economía del planeta. Éste será el tema que abordarán las “Jornadas de Turismo Náutico” que, con gran acierto, están abordando el Ministerio de Turismo de Río Negro y el municipio de este privilegiado conjunto: San Antonio-Las Grutas. Me halaga acompañar el esfuerzo, alentando la mejor instalación del turismo náutico ya que cabe recordar que la relación de estacionalidad y desempleo es de consecuencias perjudiciales: sólo un limitado porcentaje de prestadores de servicios puede migrar en el logro de una continuidad laboral, quedando el resto subutilizado gran parte del año. En el avance de un nuevo año, luego de un verano calificable como exitoso, debemos recordar que la estacionalidad en el uso de los servicios (hoteles, restaurantes, venta de servicios y souvenir, etc.) representa un condicionante de profundas consecuencias para el crecimiento sostenido y para el desarrollo. Con la Subsecretaría para el Desarrollo del Ministerio de Turismo de la Nación venimos desde el 2011 iluminando las racionales transformaciones de bordes acuáticos argentinos, propiciando desde la apertura y construcción de “rampas” que hacen posible la consecuencia completa de estas variables y hasta se ha demostrado que es el comienzo de lo más importante: “puestos de trabajo, estables y genuinos”. Las universidades argentinas también se han sumado en los últimos años a multiplicar el mensaje y la acción progresista sobre esta política de Estado destinada a la efectiva diversificación de muchos bordes acuáticos de este “País federal”. Fui halagado al ser invitado en febrero a disertar ante numerosos municipios del norte atlántico bonaerense sobre el futuro del turismo de verano en el país. Y nuevamente el pasado 5, en el marco del lanzamiento de la maestría en Gestión del Negocio Turístico, en la UADE, me tocó hablar sobre las nuevas perspectivas de lo que se conoce coloquialmente como “turismo de verano”. Allí, junto con las autoridades, alumnos y público presente pudimos reflexionar sobre algunas tendencias en materia de comercialización y consolidación de destinos mediante la “asociatividad” y la “desestacionalización”, además de destacar la importancia del turismo náutico para el desarrollo de la actividad. > Asociatividad En la disertación, recordé la figura de don Rufino Inda, pionero en la planificación turística de la costa argentina, quien supo vislumbrar la importancia de la asociatividad como elemento coordinante de la oferta turística de Mar del Plata y los incipientes centros en ese rosario de villas balnearias, muchos de ellos consolidados bajo el paraguas de “Pinamar” y del “Partido de la Costa”. Con conceptos claros y precisos sobre asociatividad, Rufino fue impulsor de la Ruta 11 interbalnearia, potenciador del Corredor Turístico Bonaerense Norte. A nosotros nos cabrá acelerar la etapa integradora de este privilegio diversificado de la “Costa Patagonia”, llamada “de las playas por su uso más repetido” (lo que va del río Colorado al río Chubut”). Homogeneidad de un borde alternativo de acantilados, playas y caprichosos accidentes no conocidos más al norte de la Patagonia argentina. De esta asociatividad, también hablaremos del río Negro, o del lago Nahuel Huapi, cuando nos halaguen en poder llevar nuestro aporte a esos escenarios. > Desestacionalización El experto en turismo Manuel Figuerola Palomo explica, en su cátedra de la Universidad Antonio de Nebrija, que en los países desarrollados o en vías de serlo, por el incremento de los costos fijos, no se justifica pensar en la construcción de hoteles de cuatro o cinco estrellas en lugares cuyos atractivos no permitan una retención de viajeros el 50% de los días del año. Es decir, desestacionalizar no es sólo vender más, sino vender mejor. El factor precio como resorte de captación de clientes en baja temporada debe alternarse significativamente con la diversificación del producto, generando deseo en el consumidor final, en los cuatro grandes campos de actividades culturales, de entretenimientos genuinos y juegos, deportes y salud. A esta tarea debe aplicarse un claro sentido de innovación y creatividad. La estacionalidad de un destino produce efectos negativos tanto económicos como sociales. Entre los primeros cabe citar la baja rentabilidad de las inversiones en equipamientos turísticos que deteriora las infraestructuras, junto con la estimulación al alza de los precios; el elevado costo de la reposición y amortización de infraestructuras y la dificultad en el armado de un eficaz servicio de transporte, proveedor de visitantes. Como efectos sociales negativos de la estacionalidad de los destinos se pueden mencionar la temporalidad de los puestos de trabajos en lugares balnearios de gran afluencia y el deterioro del entorno ecológico. La hipertrofia de los destinos altera el entorno natural, más allá de sobrecargar las posibilidades de los servicios públicos (agua, luz, gas, cloacas, etc.). Otro aspecto a considerar es el de las incomodidades que se soportan en los lugares del destino vacacional como consecuencia de los elevados niveles de concentración puntual. Entre ellos pueden mencionarse la reducción de la satisfacción del viaje o vacación, la desaparición de la tranquilidad y el sosiego en playas, bosques y sierras y la desordenada y sobrecargada demanda que reduce la calidad de los servicios y los encarece, en muchos casos, destruyendo la imagen del centro turístico. De esta forma, el sector público, junto con los actores privados, deben crear el ordenamiento calendario a los efectos de romper con la estacionalidad, donde sin lugar a dudas ha sido un importante avance del Estado la conquista social de los “fines de semana largo”. Con las coincidencias de feriados fijos, se conforma un calendario que apuntala de manera inteligente una de las actividades prioritarias del país, desde lo productivo genuino y sostenible a lo respetable que debe ser para los gobiernos un sector con más de un millón y medio de trabajadores permanentes. (*) Especialista en turismo.-

Antonio Torrejón (*)


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