Un desafío nada sencillo
Mal que les pese a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y a quienes la rodean, tres temas que por motivos evidentes preferirían pasar por alto amenazan con dominar la campaña electoral que ya está en marcha. Se trata de la inflación, el narcotráfico y la inseguridad ciudadana. Hasta ahora, los voceros oficiales se han limitado ya a minimizar su importancia, ya a atribuir la preocupación que tantos sienten a los medios o a la maldad de los políticos opositores, con el resultado de que se ha difundido la impresión de que sencillamente no saben cómo enfrentarlos. Por lo demás, debido al estilo llamativamente personalista favorecido por la presidenta y su negativa a celebrar reuniones plenas del gabinete para que los ministros actúen como integrantes del mismo equipo, los voceros oficiales se han acostumbrado a improvisar, de ahí las discrepancias entre el ministro de Justicia, Julio Alak, quien, frente a un caso de un joven de 15 años que mató a una persona en la localidad de Tolosa, sí quiere que se reformen las leyes penales para que sean imputables menores de edad asesinos, por un lado y, por el otro, el ministro del Interior, Florencio Randazzo, quien insiste en dejar las cosas como están. Huelga decir que la confusión así reflejada sólo sirve para llamar la atención a la incoherencia de un gobierno cuyos integrantes parecen estar más interesados en las alternativas de la interna de turno que en desempeñarse con eficiencia. Aunque Néstor Kirchner también era reacio a permitir que los integrantes del gobierno celebraran reuniones como suelen hacer sus equivalentes en las demás democracias occidentales, antes de su muerte los ministros y otros funcionarios sabían que les correspondía respetar un libreto común. Para la presidenta y lo que podría calificarse del ala progresista del kirchnerismo, la inseguridad es una obsesión derechista, razón por la que durante tanto tiempo ha procurado convencer a todos de que sólo es cuestión de una “sensación” porque, conforme a las estadísticas disponibles, la Argentina sigue siendo un país menos violento que Venezuela o Brasil. Asimismo, la presidenta, como la ministra de Seguridad, Nilda Garré, parece creer que el delito es en buena medida una consecuencia de la corrupción y la cultura autoritaria que son inherentes a la Policía Federal y la Bonaerense, de suerte que cambiarlas, depurándolas de los elementos nocivos, tiene que ser prioritario. Puede que las dos no se hayan equivocado por completo, ya que no cabe duda de que hay muchos uniformados que están vinculados con negocios criminales, pero dadas las circunstancias les hubiera convenido proceder con muchísima cautela. Al virtualmente declararles la guerra a las cúpulas policiales, ordenando purgas drásticas y de tal modo informando a la población de que a su juicio las fuerzas de seguridad han estado en manos de delincuentes, el gobierno se vio expuesto al riesgo de que los perjudicados reaccionaran protagonizando episodios, entre ellos algunos robos espectaculares de bancos en la Capital Federal, con el propósito de desprestigiarlo. Según parece, algunos kirchneristas creen que ya se ha iniciado una campaña en tal sentido. Los desafíos que en este ámbito enfrenta el gobierno no son del todo fáciles. Fue un error intentar solucionar de golpe los problemas muy graves que están planteados por las deficiencias de la policía luego de haberlas tolerado durante más de siete años. Asimismo, si acusa a los comisarios purgados de estar detrás de crímenes determinados sin contar con pruebas contundentes, no sólo podría darles más pretextos para procurar desestabilizarlo sino que también se verá criticado por “victimizarse” nuevamente a fin de esquivar sus propias responsabilidades. Sin embargo, a esta altura el gobierno no puede brindar la impresión de estar dispuesto a batirse en retirada a fin de reconciliarse con instituciones que, mal que bien, son imprescindibles. Existe, pues, el peligro de que el conflicto con la Policía que fue desatado por la creación del Ministerio de Seguridad y las primeras medidas tomadas por su titular se agrave mucho en los meses próximos y que por lo tanto los delincuentes comunes, además de gente relacionada con el crimen organizado, se sientan ante una oportunidad para actuar con impunidad, una que, huelga decirlo, no pensarían en desaprovechar.