Un encuentro con Bush
Según las encuestas de opinión locales, a juicio de buena parte de la población la gira europea del presidente Néstor Kirchner fue un éxito rotundo. Según la prensa europea, sobre todo la española, fue un fracaso debido a la propensión del visitante a arengar a sus anfitriones acerca de sus deficiencias. Si Kirchner cree que lo único que realmente importa es la reacción interna, dicha diferencia de percepciones no le preocupará, pero si espera que «el mundo» lo apoye, le convendría reflexionar sobre el valor auténtico del «estilo K». Por cierto, en el caso de que optara por aprovechar su visita a Washington para anotarse más puntos políticos en casa, correría el riesgo de complicar todavía más la situación nada promisoria del país al convencer a los dirigentes norteamericanos de que el presidente de la Argentina no se ha propuesto otra cosa que continuar puliendo su imagen mediante el expediente sencillo de atacar con virulencia a los presuntos enemigos del pueblo. En vista de que en nuestro país la reputación del presidente norteamericano George W. Bush es decididamente mala, algunos colaboradores de Kirchner supondrán que le sería beneficioso asumir una actitud distinta de la manifestada por su homólogo brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, que trató a Bush con respeto y amabilidad. Asimismo, en el entorno actual de Kirchner son muchos los que se las han arreglado para persuadirse de que Estados Unidos está al borde de un gran cataclismo económico, de suerte que sería mejor apostar a Europa o a América Latina. Mal que bien, es más que probable que quienes piensan de este modo se hayan equivocado por completo y que por varios motivos, entre ellos el supuesto por la demografía, Estados Unidos fortalecerá su predominio ya abrumador en los próximos lustros.
Una consecuencia del antinorteamericanismo en boga aquí ha consistido en una tendencia generalizada a exagerar los defectos reales o imaginarios de Estados Unidos y, sobre todo, de Bush, un hombre habitualmente caricaturizado como un «cowboy» infradotado de instintos asesinos, y la voluntad correspondiente de minimizar la importancia de lo mucho que tenemos en común por ser una cuestión de dos países democráticos y capitalistas que, para colmo, han sido blancos del terrorismo mediooriental. De concentrarse en su compromiso con la democracia, en la necesidad de consolidar nuestra economía superando en cuanto sea posible los problemas creados por un default caótico y en la lucha contra el terrorismo, Kirchner podría regresar de Washington sin haber permitido deteriorar su imagen de nacionalista ni haber ofendido gratuitamente a una superpotencia cuya buena voluntad nos es absolutamente esencial. Se trata, pues, de no caer en la tentación de sacrificar intereses concretos en aras de triunfos meramente mediáticos cuyos beneficios podrían evaporarse en muy poco tiempo.
Por motivos entendibles, el gobierno interpretó la invitación cursada por Bush como evidencia de que el presidente ya se ha convertido en un actor significante en el escenario internacional, mientras que algunos radicales y otros la han tomado como una cita perentoria enviada por un potentado a un vasallo. Sea como fuere, sería absurdo pasar por alto el hecho de que Estados Unidos sea una superpotencia y la Argentina un país que padece angustiantes problemas económicos y sociales debido a su incapacidad para funcionar adecuadamente en el contexto del sistema internacional que los norteamericanos están resueltos a continuar promoviendo. Hasta ahora, el gobierno norteamericano, fiel a su propio principio de que tanto los países como las personas deberían valerse por sí mismos, ha sido pasivo frente a la gran crisis argentina, lo que, de más está decirlo, alimentó el antinorteamericanismo ya ubicuo por suponer los más que a cambio de las «relaciones carnales» Estados Unidos debería habernos ayudado de forma mucho más positiva y visible. Puede que la inquietud ocasionada por el riesgo de que Kirchner termine solidarizándose con Fidel Castro y Hugo Chávez haya convencido a los norteamericanos de que sería de su interés que su gobierno adoptara una postura mucho más activa. De ser así, la visita de Kirchner a Washington podría resultar muy útil, siempre y cuando no cometa ningún error grosero.
Según las encuestas de opinión locales, a juicio de buena parte de la población la gira europea del presidente Néstor Kirchner fue un éxito rotundo. Según la prensa europea, sobre todo la española, fue un fracaso debido a la propensión del visitante a arengar a sus anfitriones acerca de sus deficiencias. Si Kirchner cree que lo único que realmente importa es la reacción interna, dicha diferencia de percepciones no le preocupará, pero si espera que "el mundo" lo apoye, le convendría reflexionar sobre el valor auténtico del "estilo K". Por cierto, en el caso de que optara por aprovechar su visita a Washington para anotarse más puntos políticos en casa, correría el riesgo de complicar todavía más la situación nada promisoria del país al convencer a los dirigentes norteamericanos de que el presidente de la Argentina no se ha propuesto otra cosa que continuar puliendo su imagen mediante el expediente sencillo de atacar con virulencia a los presuntos enemigos del pueblo. En vista de que en nuestro país la reputación del presidente norteamericano George W. Bush es decididamente mala, algunos colaboradores de Kirchner supondrán que le sería beneficioso asumir una actitud distinta de la manifestada por su homólogo brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, que trató a Bush con respeto y amabilidad. Asimismo, en el entorno actual de Kirchner son muchos los que se las han arreglado para persuadirse de que Estados Unidos está al borde de un gran cataclismo económico, de suerte que sería mejor apostar a Europa o a América Latina. Mal que bien, es más que probable que quienes piensan de este modo se hayan equivocado por completo y que por varios motivos, entre ellos el supuesto por la demografía, Estados Unidos fortalecerá su predominio ya abrumador en los próximos lustros.
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