Un escándalo provocó la salida de Merlo y la vuelta de Passarella

"Mostaza" renunció tras escuchar de boca de Gallardo que no tenía apoyo del plantel.

Un escándalo provocó la salida de Merlo y la vuelta de Passarella «Mostaza» renunció tras escuchar de boca de Gallardo que no tenía apoyo del plantel. Nadie le pidió que lo reconsiderara, y en menos de 20 horas el 'Kaiser' lo reemplazó. Daniel Passarella y su último trabajo como DT del Corinthians. Como su ahora antecesor, renunció al equipo brasileño. Hoy será presentado en River. Pasó un tsunami por River, se llevó la cabeza de Reinaldo Merlo, le devolvió el buzo de DT a Daniel Passarella y dejó con más poder que nunca al «Muñeco» Marcelo Gallardo, desde ayer el único líder de River. Todo transcurrió en algunas horas. Fue un verdadero escándalo, aunque los involucrados hayan echo hasta lo imposible para bajarle los decibeles. Lo cierto es que se repitió la historia y Passarella reemplazará nuevamente a Merlo, y en similares condiciones que en aquella temporada 89/90, cuando Mostaza decidió irse luego de apoyar, en las elecciones del club, la reelección del presidente Osvaldo Di Carlo, finalmente vencido por Alfredo Davicce. Merlo dimitió a la una de la mañana de ayer, luego de mantener una charla con Marcelo Gallardo, quien le comunicó que no estaba de acuerdo con su proyecto futbolístico, extendiendo este reclamo al «90 por ciento» del plantel. Sin respaldo, «Mostaza» no vislumbró otra salida que volver a renunciar a la dirección técnica de River Mientras la información periodística se generaba y regeneraba a cada minuto, un grupo de dirigentes mantuvo tres reuniones con Passarella, y menos de 20 horas más tarde que su ex compañero de equipo dejara el buzo de DT, el Kaiser arregló su vuelta a la institución. En el medio, habló Gallardo y sus palabras dejaron en evidencia que la charla con «Mostaza» fue un ultimátum: uno de los dos debía dar un paso al costado -ver aparte-. Antes de tocar la puerta de la habitación de Merlo, el '10' habló con al presidente del Consejo de Fútbol, Mario Israel, y le hizo saber que se iría del club porque no estaba de acuerdo con el proyecto futbolístico de «Mostaza». El mismo reconoció el contacto con el dirigente. «Traté de que se lo comunicara al presidente (José María Aguilar), que no se encuentra en el país», confesó el «10». Mientra el volcán mediático escupía lava sin parar, y se nombraba a Passarella y a Marcelo Bielsa como los sucesores –el «Beto» Alonso hizo una autopostulación–, el Kaiser -de 52 años- ya mantenía reuniones y definía su vuelta a la institución donde salió siete veces campeón local como futbolista y tres en calidad de técnico –1989/90, Apertura 91 y Apertura 93–. La reacción de la dirigencia millonaria, tras conocer la postura de Merlo, levantó suspicacias. Ninguno de los directivos le pidió que la reconsiderara, todo lo contrario: con mucho reflejo, salieron en busca de su sucesor. Por eso no sonaron muy convincentes las declaraciones del dirigente Alvarez, a cargo de la delegación que realiza la pretemporada en Mar del Plata. «Nunca lo dejamos solo», juró cuando en los medios no se hablaba de otra cosa, y luego insistió con que Merlo le había manifestado que la decisión era «indeclinable». Hay algunas cuestiones que se irán descifrando con el correr de los días. Queda en claro que los directivos de River no estaban conformes con lo hecho por Merlo, sabiendo de los últimos fracasos del torneo Apertura y la Sudamericana, conociendo que en su Era el millonario sólo cosechó el 45 por ciento de los puntos. Pero había otros casos en el medio que los distanciaba. Uno de ellos era el de Horacio Ameli, a quien Merlo quería devolverle la confianza, y tenía la resistencia no sólo de la dirigencia, sino también de Gallardo y varios de los jugadores con mayor peso del plantel. Sí queda en claro que, como nunca, el «Muñeco» se transformó en líder de un grupo que hace mucho tiempo no tenía uno, quizá desde el adiós al fútbol de Enzo Francescoli. El tiempo dirá si logra mantener esa puesto de jerarquía. Puede ser que la asunción del nuevo entrenador lo ayude a hacerlo, conociendo la estrecha amistad que mantiene Gallardo y Passarella. El tiempo será testigo. El cabaret y la ironía MAR DEL PLATA (Enviado especial).- En el primer entrenamiento del año, el lunes 2 de enero, dijo Merlo: «Nunca discutí con Gallardo, no estoy peleado con él. Es mentira. Sobre su expulsión en el final del último torneo se habló como se habla siempre. Fue una situación normal». Eso fue para contrarrestar las versiones que hablaban de una pelea entre el técnico y el capitán luego del partido ante Gimnasia, en el tramo final del Apertura. Allí el Muñeco fue expulsado en el primer tiempo. En los pasillos del Monumental se hablaba de que Merlo retó al capitán en el vestuario: «No podés hacer algo así. Vos sos el capitán». Hubo una discusión y la relación se quebró definitivamente. Desde ese momento, nada volvió a ser igual. Pero la dolorosa ironía llegó en la boca de Norberto Alvarez.»Cualquiera que venga no está condicionado por los jugadores, fue una decisión unilateral», dijo el directivo. Ahí nomás, «Tuta», un periodista marplatense conocido en el ambiente por su particular personalidad, tiró: «¿Van a consultar a Gallardo para contratar al próximo cuerpo técnico? «Es una pregunta irónica que no corresponde. River tiene una CD que va a dictaminar qué técnico tiene que venir». No es ningún muñeco RAUL BERNAL rbernal@rionegro.com.ar Marcelo Gallardo se convirtió en el patrón de River, en el dueño de las decisiones de «peso». De lo contrario, los dirigentes «millonarios» tendrán la obligación de demostrar que cualquier pensamiento de este tipo es equivocado. Fue Gallardo quien influyó decididamente en el polémico conflicto que atravesó el plantel de River por el enfrentamiento entre Horacio Ameli y Eduardo Tuzzio. Fue el propio Gallardo el que primero ayudó a acelerar la salida como técnico de Leonardo Astrada y después se la cuestionó. Asumido «Mostaza» Merlo, la primera pulseada fuerte con el plantel la perdió cuando se le plantó Gallardo y evitó la aministía del «Coco» Ameli, mucho más defensor que unos cuantos de los nuevos refuerzos que sumó River en los últimos tiempos. Y ahora, otra vez Gallardo en el ojo de la tormenta, encabezando la movida de los jugadores que generó el alejamiento de Merlo, chicaneando con que si el técnico no cambiaba su proyecto, él se iba de River. «No acepto tranzas», fue lo más saliente que afirmó Merlo en su improvisado comunicado de prensa. Gallardo tiene mucho peso, algunas decisiones lo certifican. Igual, los dueños de la pelota son los dirigentes de River, que ahora tienen la palabra y muchas respuestas que darle a sus hinchas. El «10» se declaró inocente   Con algunas horas de diferencia llegó a la misma sala del hotel Primacy, se sentó en la misma silla e intentó convencer de que era inocente por la salida de Merlo. Pero el aire estaba enrarecido, y las palabras de Gallardo no lograron borrar la impresión de que hay cosas ocultas. Su rostro desnudaba incomodidad, no sólo por la decena de micrófonos que le adornaban la barbilla. El «Muñeco» confesó que antes del partido con San Lorenzo le comunicó a Merlo que no estaba de acuerdo con su proyecto futbolístico, que no quería ser «un estorbo» y que por ese motivo iba a dar un paso al costado. El enganche dejó en claro que jamás pensó que la confesión derivaría en la renuncia del DT. «Antes del partido tuve una charla con Merlo (…) le comuniqué que estaba disconforme con su manera de trabajar. Esas fueron las palabras exactas que le dije». Y añadió: «Pensaba dar un paso al costado para no ser un estorbo en el trabajo del entrenador. Lo más honesto y frontal era decírselo cara a cara y no ser un hipócrita como normalmente sucede en el ambiente. No involucré a nadie más y no tengo nada en contra de Merlo como persona». Cuando «Mostaza» le preguntó si ese era sólo su pensamiento, el ahora caudillo de River le dijo que «más allá de que era personal, si él quería saber, la mayoría del plantel pensaba lo mismo». Gallardo confesó que antes de hablar con el técnico lo había echo con Mario Israel, el presidente del Consejo de Fútbol millonario «para que le comunique al presidente» José María Aguilar. Aún sabiendo todo esto, para Gallardo el detonante de la sorpresiva salida del entrenador fue conocer, aparentemente, que tenía todo el plantel en contra. Y el «Muñe» remarcó que lamentaba la renuncia del entrenador y aclaró que no hay ningún trasfondo». Además, juró tener «la conciencia tranquila».

Pasó un tsunami por River, se llevó la cabeza de Reinaldo Merlo, le devolvió el buzo de DT a Daniel Passarella y dejó con más poder que nunca al «Muñeco» Marcelo Gallardo, desde ayer el único líder de River.

Todo transcurrió en algunas horas. Fue un verdadero escándalo, aunque los involucrados hayan echo hasta lo imposible para bajarle los decibeles.

Lo cierto es que se repitió la historia y Passarella reemplazará nuevamente a Merlo, y en similares condiciones que en aquella temporada 89/90, cuando Mostaza decidió irse luego de apoyar, en las elecciones del club, la reelección del presidente Osvaldo Di Carlo, finalmente vencido por Alfredo Davicce.

Merlo dimitió a la una de la mañana de ayer, luego de mantener una charla con Marcelo Gallardo, quien le comunicó que no estaba de acuerdo con su proyecto futbolístico, extendiendo este reclamo al «90 por ciento» del plantel.

Sin respaldo, «Mostaza» no vislumbró otra salida que volver a renunciar a la dirección técnica de River

Mientras la información periodística se generaba y regeneraba a cada minuto, un grupo de dirigentes mantuvo tres reuniones con Passarella, y menos de 20 horas más tarde que su ex compañero de equipo dejara el buzo de DT, el Kaiser arregló su vuelta a la institución.

En el medio, habló Gallardo y sus palabras dejaron en evidencia que la charla con «Mostaza» fue un ultimátum: uno de los dos debía dar un paso al costado -ver aparte-.

Antes de tocar la puerta de la habitación de Merlo, el '10' habló con al presidente del Consejo de Fútbol, Mario Israel, y le hizo saber que se iría del club porque no estaba de acuerdo con el proyecto futbolístico de «Mostaza».

El mismo reconoció el contacto con el dirigente. «Traté de que se lo comunicara

al presidente (José María Aguilar), que no se encuentra en el país», confesó el «10».

Mientra el volcán mediático escupía lava sin parar, y se nombraba a Passarella y a Marcelo Bielsa como los sucesores –el «Beto» Alonso hizo una autopostulación–, el Kaiser -de 52 años- ya mantenía reuniones y definía su vuelta a la institución donde salió siete veces campeón local como futbolista y tres en calidad de técnico –1989/90, Apertura 91 y Apertura 93–.

La reacción de la dirigencia millonaria, tras conocer la postura de Merlo, levantó suspicacias. Ninguno de los directivos le pidió que la reconsiderara, todo lo contrario: con mucho reflejo, salieron en busca de su sucesor.

Por eso no sonaron muy convincentes las declaraciones del dirigente Alvarez, a cargo de la delegación que realiza la pretemporada en Mar del Plata.

«Nunca lo dejamos solo», juró cuando en los medios no se hablaba de otra cosa, y luego insistió con que Merlo le había manifestado que la decisión era «indeclinable».

Hay algunas cuestiones que se irán descifrando con el correr de los días. Queda en claro que los directivos de River no estaban conformes con lo hecho por Merlo, sabiendo de los últimos fracasos del torneo Apertura y la Sudamericana, conociendo que en su Era el millonario sólo cosechó el 45 por ciento de los puntos.

Pero había otros casos en el medio que los distanciaba. Uno de ellos era el de Horacio Ameli, a quien Merlo quería devolverle la confianza, y tenía la resistencia no sólo de la dirigencia, sino también de Gallardo y varios de los jugadores con mayor peso del plantel.

Sí queda en claro que, como nunca, el «Muñeco» se transformó en líder de un grupo que hace mucho tiempo no tenía uno, quizá desde el adiós al fútbol de Enzo Francescoli.

El tiempo dirá si logra mantener esa puesto de jerarquía. Puede ser que la asunción del nuevo entrenador lo ayude a hacerlo, conociendo la estrecha amistad que mantiene Gallardo y Passarella.

El tiempo será testigo.

El cabaret y la ironía

MAR DEL PLATA (Enviado especial).- En el primer entrenamiento del año, el lunes 2 de enero, dijo Merlo: «Nunca discutí con Gallardo, no estoy peleado con él. Es mentira. Sobre su expulsión en el final del último torneo se habló como se habla siempre. Fue una situación normal».

Eso fue para contrarrestar las versiones que hablaban de una pelea entre el técnico y el capitán luego del partido ante Gimnasia, en el tramo final del Apertura.

Allí el Muñeco fue expulsado en el primer tiempo.

En los pasillos del Monumental se hablaba de que Merlo retó al capitán en el vestuario: «No podés hacer algo así. Vos sos el capitán». Hubo una discusión y la relación se quebró definitivamente. Desde ese momento, nada volvió a ser igual.

Pero la dolorosa ironía llegó en la boca de Norberto Alvarez.»Cualquiera que venga no está condicionado por los jugadores, fue una decisión unilateral», dijo el directivo.

Ahí nomás, «Tuta», un periodista marplatense conocido en el ambiente por su particular personalidad, tiró: «¿Van a consultar a Gallardo para contratar al próximo cuerpo técnico? «Es una pregunta irónica que no corresponde. River tiene una CD que va a dictaminar qué técnico tiene que venir».

No es ningún muñeco

RAUL BERNAL

rbernal@rionegro.com.ar

Marcelo Gallardo se convirtió en el patrón de River, en el dueño de las decisiones de «peso». De lo contrario, los dirigentes «millonarios» tendrán la obligación de demostrar que cualquier pensamiento de este tipo es equivocado.

Fue Gallardo quien influyó decididamente en el polémico conflicto que atravesó el plantel de River por el enfrentamiento entre Horacio Ameli y Eduardo Tuzzio. Fue el propio Gallardo el que primero ayudó a acelerar la salida como técnico de Leonardo Astrada y después se la cuestionó.

Asumido «Mostaza» Merlo, la primera pulseada fuerte con el plantel la perdió cuando se le plantó Gallardo y evitó la aministía del «Coco» Ameli, mucho más defensor que unos cuantos de los nuevos refuerzos que sumó River en los últimos tiempos.

Y ahora, otra vez Gallardo en el ojo de la tormenta, encabezando la movida de los jugadores que generó el alejamiento de Merlo, chicaneando con que si el técnico no cambiaba su proyecto, él se iba de River.

«No acepto tranzas», fue lo más saliente que afirmó Merlo en su improvisado comunicado de prensa. Gallardo tiene mucho peso, algunas decisiones lo certifican. Igual, los dueños de la pelota son los dirigentes de River, que ahora tienen la palabra y muchas respuestas que darle a sus hinchas.

El «10» se declaró inocente

Con algunas horas de diferencia llegó a la misma sala del hotel Primacy, se sentó en la misma silla e intentó convencer de que era inocente por la salida de Merlo. Pero el aire estaba enrarecido, y las palabras de Gallardo no lograron borrar la impresión de que hay cosas ocultas.

Su rostro desnudaba incomodidad, no sólo por la decena de micrófonos que le adornaban la barbilla. El «Muñeco» confesó que antes del partido con San Lorenzo le comunicó a Merlo que no estaba de acuerdo con su proyecto futbolístico, que no quería ser «un estorbo» y que por ese motivo iba a dar un paso al costado.

El enganche dejó en claro que jamás pensó que la confesión derivaría en la renuncia del DT. «Antes del partido tuve una charla con Merlo (…) le comuniqué que estaba disconforme con su manera de trabajar. Esas fueron las palabras exactas que le dije».

Y añadió: «Pensaba dar un paso al costado para no ser un estorbo en el trabajo del entrenador. Lo más honesto y frontal era decírselo cara a cara y no ser un hipócrita como normalmente sucede en el ambiente. No involucré a nadie más y no tengo nada en contra de Merlo como persona».

Cuando «Mostaza» le preguntó si ese era sólo su pensamiento, el ahora caudillo de River le dijo que «más allá de que era personal, si él quería saber, la mayoría del plantel pensaba lo mismo».

Gallardo confesó que antes de hablar con el técnico lo había echo con Mario Israel, el presidente del Consejo de Fútbol millonario «para que le comunique al presidente» José María Aguilar.

Aún sabiendo todo esto, para Gallardo el detonante de la sorpresiva salida del entrenador fue conocer, aparentemente, que tenía todo el plantel en contra. Y el «Muñe» remarcó que lamentaba la renuncia del entrenador y aclaró que no hay ningún trasfondo». Además, juró tener «la conciencia tranquila».

Notas asociadas: Explicó sus motivos y dejó mal parado al enganche  

Notas asociadas: Explicó sus motivos y dejó mal parado al enganche  


Exit mobile version