Un gigante se va

Redacción

Por Redacción

Si lo que quiere el ministro de Planificación, Julio de Vido, es que los inversores extranjeros manifiesten más interés en las perspectivas ante la economía nacional, sería mejor que atribuyera la decisión de la empresa brasileña mayormente estatal Vale de “desmovilizarse” a algo más que lo difícil que, en su opinión, le está resultando “robar y expoliar a los argentinos”. Aunque es comprensible que De Vido haya intentado hacer pensar que la suspensión, tal vez el abandono definitivo, del proyecto minero más importante del país no se ha debido, al menos en parte, a las deficiencias cada vez más evidentes del “modelo” kirchnerista y al desprecio evidente del gobierno por los derechos ajenos, le convendría tener en cuenta las repercusiones no sólo económicas sino también diplomáticas de su forma de expresarse, ya que el accionista principal de Vale es el Estado brasileño. ¿Cree De Vido que la presidenta Dilma Rousseff permitiría a la segunda mayor empresa de su país dedicarse a “robar y expoliar” a sus vecinos para entonces “violentar” el contrato de concesión? Si otros integrantes del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner comparten la actitud belicosa del ministro de Planificación, la Argentina está por chocar frontalmente contra uno de los escasos aliados significantes que aún le quedan en el mundo. El desconcierto que siente De Vido puede entenderse. Vale desarrollaba en Mendoza un proyecto, el de Potasio Río Colorado, de al menos 6.000 millones de dólares que, se preveía, llegaría a 10.000 millones, destinado a ser uno de los más importantes de su tipo del mundo entero. Además de asestar un golpe muy fuerte a la economía y a la imagen internacional ya lamentable de nuestro país, la retirada de Vale ha tenido un impacto inmediato en Mendoza y otras provincias, entre ellas Río Negro y Neuquén, por suponer el despido inmediato de más de 6.000 empleados. También se verán afectados muchos más que trabajan en centenares de empresas que prestaban servicios al proyecto. Para amortiguar el impacto de lo que acaba de suceder, las autoridades provinciales y nacionales dicen estar resueltas a continuar con las obras en base a recursos propios u otros porque, aseveran, Potasio Río Colorado “mantiene su atractivo económico y financiero”, lo que puede ser cierto pero, según parece, no es suficiente para hacerlo viable en circunstancias tan problemáticas como las actuales. Conforme al titular de la Cámara de Servicios Mineros de Mendoza, Carlos Ferrer, la salida de Vale “va a generar una catástrofe” porque, además de los puestos de trabajo perdidos, se verán perjudicadas muchas empresas que se endeudaron para hacer fuertes inversiones en un proyecto que supuestamente “iba a durar 30 años”. El desastre resultante será aún mayor si el gobierno de Cristina procura aprovecharlo políticamente en lugar de tratar de contener el daño. En tal caso otras empresas, tanto nacionales como extranjeras, que a pesar de todo han optado por continuar en el país no podrían sino sentirse tentadas a seguir el ejemplo brindado por Vale y cortar por lo sano con el propósito eventual de regresar cuando el panorama se haya aclarado. No bien anunció Vale que saldría de la Argentina, sus acciones subieron en la bolsa de San Pablo, lo que mostró que, según las pautas gélidas de los mercados, se trataba de una decisión muy sensata. Aunque las grandes empresas mineras, como las petroleras, están habituadas a operar en zonas muy conflictivas, parecería que la experiencia así acumulada no las han preparado para hacer frente con éxito a las circunstancias especiales que imperan en la Argentina kirchnerista, donde la inflación real es muy superior a la reconocida por el gobierno, los costos siguen aumentando y se ha alejado el dólar “blue” del oficial. Si bien incidieron en la estrategia de los brasileños otros factores que no tienen nada que ver con la política económica del gobierno de Cristina, como la evolución del precio de los productos de Vale en los mercados internacionales y los problemas de caja propios de una empresa de dimensiones descomunales, el mero hecho de que haya elegido irse sin preocuparse por la reacción furiosa de funcionarios como De Vido ha contribuido a brindar la impresión de que “el modelo” reivindicado con tanta pasión por la presidenta está cayéndose a pedazos.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.031.695 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Domingo 17 de marzo de 2013


Si lo que quiere el ministro de Planificación, Julio de Vido, es que los inversores extranjeros manifiesten más interés en las perspectivas ante la economía nacional, sería mejor que atribuyera la decisión de la empresa brasileña mayormente estatal Vale de “desmovilizarse” a algo más que lo difícil que, en su opinión, le está resultando “robar y expoliar a los argentinos”. Aunque es comprensible que De Vido haya intentado hacer pensar que la suspensión, tal vez el abandono definitivo, del proyecto minero más importante del país no se ha debido, al menos en parte, a las deficiencias cada vez más evidentes del “modelo” kirchnerista y al desprecio evidente del gobierno por los derechos ajenos, le convendría tener en cuenta las repercusiones no sólo económicas sino también diplomáticas de su forma de expresarse, ya que el accionista principal de Vale es el Estado brasileño. ¿Cree De Vido que la presidenta Dilma Rousseff permitiría a la segunda mayor empresa de su país dedicarse a “robar y expoliar” a sus vecinos para entonces “violentar” el contrato de concesión? Si otros integrantes del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner comparten la actitud belicosa del ministro de Planificación, la Argentina está por chocar frontalmente contra uno de los escasos aliados significantes que aún le quedan en el mundo. El desconcierto que siente De Vido puede entenderse. Vale desarrollaba en Mendoza un proyecto, el de Potasio Río Colorado, de al menos 6.000 millones de dólares que, se preveía, llegaría a 10.000 millones, destinado a ser uno de los más importantes de su tipo del mundo entero. Además de asestar un golpe muy fuerte a la economía y a la imagen internacional ya lamentable de nuestro país, la retirada de Vale ha tenido un impacto inmediato en Mendoza y otras provincias, entre ellas Río Negro y Neuquén, por suponer el despido inmediato de más de 6.000 empleados. También se verán afectados muchos más que trabajan en centenares de empresas que prestaban servicios al proyecto. Para amortiguar el impacto de lo que acaba de suceder, las autoridades provinciales y nacionales dicen estar resueltas a continuar con las obras en base a recursos propios u otros porque, aseveran, Potasio Río Colorado “mantiene su atractivo económico y financiero”, lo que puede ser cierto pero, según parece, no es suficiente para hacerlo viable en circunstancias tan problemáticas como las actuales. Conforme al titular de la Cámara de Servicios Mineros de Mendoza, Carlos Ferrer, la salida de Vale “va a generar una catástrofe” porque, además de los puestos de trabajo perdidos, se verán perjudicadas muchas empresas que se endeudaron para hacer fuertes inversiones en un proyecto que supuestamente “iba a durar 30 años”. El desastre resultante será aún mayor si el gobierno de Cristina procura aprovecharlo políticamente en lugar de tratar de contener el daño. En tal caso otras empresas, tanto nacionales como extranjeras, que a pesar de todo han optado por continuar en el país no podrían sino sentirse tentadas a seguir el ejemplo brindado por Vale y cortar por lo sano con el propósito eventual de regresar cuando el panorama se haya aclarado. No bien anunció Vale que saldría de la Argentina, sus acciones subieron en la bolsa de San Pablo, lo que mostró que, según las pautas gélidas de los mercados, se trataba de una decisión muy sensata. Aunque las grandes empresas mineras, como las petroleras, están habituadas a operar en zonas muy conflictivas, parecería que la experiencia así acumulada no las han preparado para hacer frente con éxito a las circunstancias especiales que imperan en la Argentina kirchnerista, donde la inflación real es muy superior a la reconocida por el gobierno, los costos siguen aumentando y se ha alejado el dólar “blue” del oficial. Si bien incidieron en la estrategia de los brasileños otros factores que no tienen nada que ver con la política económica del gobierno de Cristina, como la evolución del precio de los productos de Vale en los mercados internacionales y los problemas de caja propios de una empresa de dimensiones descomunales, el mero hecho de que haya elegido irse sin preocuparse por la reacción furiosa de funcionarios como De Vido ha contribuido a brindar la impresión de que “el modelo” reivindicado con tanta pasión por la presidenta está cayéndose a pedazos.

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