Un gobierno jaqueado



Con optimismo notable, muchos han interpretado el resultado sorprendente de la votación en el Senado que obligó al gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a "limitar" los alcances de la polémica resolución 125 como una señal de que por fin el Congreso está despertándose de su larga siesta y de que en adelante desempeñará un papel más activo en la vida política del país. Es posible que resulten tener razón quienes así piensan, pero mientras tanto sólo se tratará de una expresión de deseos. Por ser la Argentina un país decididamente presidencialista, el debilitamiento manifiesto de un gobierno que hasta hace muy poco se consideró hegemónico no podrá sino plantear una serie de problemas muy graves. De difundirse la sensación de que hay un vacío de poder, sería más probable que el grueso de los dirigentes políticos intentara aprovecharla en beneficio propio o por lo menos defender los intereses de su facción particular que lo que sería que optara por cooperar con un esfuerzo conjunto por asegurar que el país sea administrado de la manera más eficaz y más equitativa posible.

Para que el Congreso funcionara como es debido sería necesario que con escasas excepciones los legisladores se agruparan en dos o a lo sumo tres partidos coherentes. Sin embargo, las tres fuerzas principales -el PJ, la Coalición Cívica y la UCR- están divididas, mientras que los comprometidos con la centroderecha no cuentan con representantes suficientes como para cumplir un papel acorde con su importancia. Por desgracia, ni el debate en torno de las retenciones móviles ni su desenlace dramático habrán contribuido a reducir las diferencias entre las alianzas coyunturales que se formaron. Si luego de dar rienda suelta a su frustración el gobierno asumiera una postura conciliatoria, andando el tiempo podría producirse un reordenamiento que sirviera para poner fin a la confusión actual, pero primero sería preciso que la presidenta marginara a sus simpatizantes más vengativos, comenzando con su propio marido. En vísperas del voto el ex presidente Néstor Kirchner pronunció una arenga tan violenta que le sería difícil contribuir con algo útil en un período signado por la búsqueda de consensos y por el respeto mutuo.

La reacción inicial de los "talibanes" kirchneristas frente a la derrota en el Senado no fue alentadora. La leyenda siniestra "Cobos traidor, saludos a Vandor" que fue pintada en las inmediaciones del Congreso reflejó sus sentimientos. También lo hicieron los comentarios de personajes como el secretario general de la CGT, Hugo Moyano, según el cual "la palabra 'traidor' no alcanza para calificar a Cobos", y el piquetero Luis D'Elía, que llamó "Judas" al vicepresidente. Puesto que estos individuos y otros vinculados con organizaciones que se identifican con el gobierno deben su protagonismo a su relación estrecha con el ex presidente, la reconciliación deseada no tendrá lugar a menos que la presidenta Cristina los repudie de manera inequívoca.

El país está acostumbrado a la alternancia de gobiernos excesivamente autoritarios y otros que son demasiado débiles, o sea, entre la prepotencia y la impotencia. ¿Serán los integrantes de la clase política capaces en esta ocasión de encontrar el punto medio entre dichos extremos, colaborando con el gobierno sin que la mayoría se deje avasallar? Es factible que logren ponerse a la altura de sus responsabilidades, ya que a pesar de todo la clase política nacional ha evolucionado positivamente en las últimas décadas, pero no serviría para nada fingir creer que merced al gesto del vicepresidente Julio César Cleto Cobos y de la actitud de peronistas que se negaron a dejarse presionar por el Poder Ejecutivo es inevitable que mejore la calidad institucional del país. En muchas ocasiones en el pasado la pérdida de poder por parte de un gobierno antes "hegemónico" ha supuesto el inicio de una etapa sumamente conflictiva. Para que esta historia lamentable no se repita, la ciudadanía tendrá que seguir monitoreando las actividades de sus representantes con la misma intensidad con que lo hizo durante los debates parlamentarios que culminaron con el "no" de Cobos, ya que dependerá en buena medida de ellos la forma en que el país finalmente salga de la crisis política que se ha desencadenado.


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