Un mundo caótico y un futuro impredecible: Argentina pelea




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Osvaldo Nemirovsci *

La pandemia toca al mundo y ese mundo se transforma. Aventuramos, sin mucha certeza,  qué puede ocurrir luego de 60 o 90 días en donde todas las pautas políticas, culturales e institucionales se modifican bruscamente.
Acontecen hechos y situaciones que ni siquiera provocan acuerdos.

Intelectuales de valía como el surcoreano Byung Chul Hang y el israelí Yuval Harari, aun con diferencias, abogan por un mundo que no pierda la globalización y confían en que el cierre  de fronteras posea solo la vigencia de algo preventivo. Mientras desde la política y la propia izquierda, la alemana Sahra Wagenknecht,  líder de Die Linke, aquel partido marxista “popular” fundado por Oskar Lafontaine y el propio jefe de la Francia Insumisa Jean Luc Melenchon, miran con simpatía fronteras menos despejadas para los extranjeros.


 Desde ya, tampoco se acuerda desde  el sanitarismo sobre cuál es la mejor manera de enfrentar y frenar el coronavirus. Prestigiosos infectólogos y epidemiólogos  apuestan a cuarentenas estrictas, mientras otros iguales de prestigiosos hablan de contagios etarios o aislamientos por zonas.
En este “nuevo mundo” se anida, probablemente, la matriz genética del homo sapiens de los próximos años y de ahí la importancia de  poner considerable talento e inteligencia para analizar el dinámico escenario.


Aparecen interrogantes sobre el carácter que adquirirán las surgentes sociedades post-pandemia y si se distinguirán por los ciclos históricos atravesados hasta este presente. Es decir, ¿valdrá positivamente, o no, devenir de comunidades forjadas con mayor nivel de autoritarismo y de obediencia social y en donde se califica mejor el papel jugado por el Estado? Algunos sostienen que es más fácil imponer cuarentenas, control social y aceptación de excepciones a las libertades públicas en países con tradiciones débiles en su vida democrática y con fuertes historiales de dictaduras que en naciones sin esos antecedentes.


Habrá que replantear, a la luz de las experiencias cotidianas en estos días, el vínculo social comunitario, valor imprescindible a la hora de forjar objetivos nacionales y de bien común. Y tal vez auscultar, si fuera posible, cuál uso clínico de la sociología, la permanencia y vitalidad de esa vinculación social.


En lo interestatal, se debatirá   si los países más ricos son quienes guardan más reservas en dólares y oro o quienes poseen más cantidad de respiradores o su equivalente para otras epidemias.
En el campo de lo infocomunicacional y utilización de herramientas tecnológicas ad hoc, asistimos a la persecución de los contagios mediante el Big Data e instrumentos de la IA (Inteligencia Artificial) que, a la vez que llenan de positivos informes las cartillas médicas, vulneran las privacidades individuales.


Este mayor control sobre las ciudadanías tiene por su intensidad, tal vez necesaria, un desequilibrio a favor del Estado y en perjuicio de las personas. Solamente una revisión objetiva, democrática y sustentada en principios constitucionales a realizarse en el futuro, podrá resguardar tanta información de intereses ajenos a la salud. Las redes sociales y los microbloggings juegan un papel importante en este período crítico.
Vinculan gente que vive el retiramiento, a la vez que informa y desinforma (fakes) y aporta su cuota de entretenimiento. Al mismo  tiempo, sirve como vehículo de muestreo de humores y de hacer llegar a los gobiernos voces desde los rasos.


Continúan, sin tregua por la pandemia, las luchas en el espacio cibernético entre países. China, Rusia, Corea del Norte y EE.UU. no dejan de explorar y hasta efectuar ciberataques en la red, según afirma la oficina europea de policía (Europol).


Habrá que replantear, a la luz de experiencias cotidianas en estos días, el vínculo social comunitario, valor imprescindible a la hora de forjar objetivos nacionales y de bien común.



En nuestro país, el gobierno nacional y. sobre todo. el presidente Alberto Fernández, transita el delicado equilibrio de sostener a rajatablas la lucha por la salud sin dejar de lado ninguna legalidad. Su gestualidad es tranquila y tranquiliza. Abre consultas a la oposición,  comparten mediáticamente las decisiones e impulsa políticas emergentes que vuelcan sumas multimillonarias hacia los espacios más humildes y vulnerados de la sociedad, sin dejar de atender y colaborar con los ingresos caídas en los sectores medios.


Sin complejos, ordena a las FF.AA. tareas que pasan por la asistencia alimentaria y  de productos desinfectantes y de limpieza, como el armado de módulos hospitalarios.
Hace tres meses que asumió en un contexto de enorme dificultades económicas.


 Hoy, al frente de esta batalla por la salud de los argentinos, no es poca cosa lo que demuestra. Quizá lo que Argentina precisaba institucionalmente y como liderazgo democrático y positivo, lo está encontrando.

* Exdiputado Nacional por Río Negro.


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