Un nuevo equipo chino de política exterior
EMILIO J. CÁRDENAS (*)
El gobierno chino, ahora bajo la conducción de Xi Jinping, acaba de conformar el nuevo equipo que, en más, estará a cargo de su política exterior. Como sucede en el resto de la administración nacional china, la nueva conformación evidencia una transferencia generacional. Se incluye un nuevo jefe de la diplomacia, al que se tiene como un “duro” en materia de relaciones con los Estados Unidos. Además un nuevo canciller, con amplia experiencia en los temas que tienen que ver con Taiwán, Japón y Corea del Norte, lo que sugiere que el acento estará ahora en tratar de liderar la propia región de influencia, en momentos en los que los Estados Unidos anuncian que privilegiarán sus relaciones con Asia, en general. El hasta ayer canciller, Yang Jiechi, se desempeñará ahora como consejero de Estado a cargo de las relaciones externas, en lo que es ciertamente un esperado ascenso y un claro reconocimiento a la labor desempeñada. En ese cargo será el hombre más prominente del equipo diplomático chino. En el pasado, Jiechi ha sido considerado como un hombre “difícil” respecto de la relación de China con los Estados Unidos, cuya visión es que este último país debe dejar de procurar el liderazgo en una zona del mundo que, en esencia, sostiene Jiechi, le es ajena. En la Cancillería aparece ahora, como nuevo jefe, Wang Yi. Un diplomático especializado en Asia que fuera embajador de China en Japón en el período 2004-2007. En los últimos tiempos ha estado a cargo del delicado tema de la relación de China con Taiwán, isla que cada vez está más cercana al continente en lo económico pero que aún está bastante lejana en el terreno de lo político. Además fue, en tiempos de la última administración republicana de los Estados Unidos, el representante de China en las complejas conversaciones del “sexteto” internacional que procurara (obviamente, sin éxito, desde que ellas cesaron en el 2008) desacelerar –y encuadrar en la confiabilidad– el peligroso programa nuclear y de misiles intercontinentales de Corea del Norte. A ellos se sumará, como nuevo embajador en Washington, Cui Tiankai. Un conocedor profundo de los Estados Unidos, muy bien relacionado con sus principales actores públicos y privados. Un graduado, además, del influyente “Johns Hopkins School of Advanced International Studies”, de la ciudad de Washington. Respecto de los Estados Unidos, el nuevo equipo deberá enfrentar, de entrada, las serias acusaciones formuladas contra China, en el sentido de estar conduciendo una guerra cibernética contra los Estados Unidos con la que, algunos sostienen, China procura apoderarse ilegalmente de sus conocimientos tecnológicos y militares. Además deberá hacerse cargo de los efectos y consecuencias de los distintos conflictos chinos de soberanía en sus mares adyacentes, que el país parecería haber –de pronto– movilizado intensamente, por razones de corte nacionalista, respecto de Japón, Vietnam y Filipinas, fundamentalmente. China comercia intensamente con todos sus vecinos de Asia. Lo hace la friolera de 1,2 trillones de dólares. Cifra de enorme significación, que es más alta que el valor de su comercio con los Estados Unidos y Europa. Curiosamente esa cifra es, además, muy similar al valor del comercio de los Estados Unidos con Asia, considerado en su totalidad. Faltaría designar aún a algún miembro del Politburó que se haga cargo, específicamente, de las relaciones externas. Por el momento no hay, respecto de ello, trascendidos fidedignos. No obstante, el nombre más escuchado para ejercer esa responsabilidad parecía ser el de Wang Huning, un dirigente muy cercano a Xi Jinping, que –sin embargo– aparentemente ha dado un paso al costado y no asumiría esa posición realmente clave, desde que supone coordinar la acción externa china en todos los frentes, incluyendo el militar. Algunos sugieren que el vicepresidente Li Yuanchao podría aspirar a asumir la tarea referida que, por el momento, está aún sin conductor. No obstante, lo cierto es que su experiencia externa es relativamente pobre, razón por la cual no parecería que la de Li Yuanchao sea ya la alternativa que está en consideración. Caras nuevas, entonces, para una tarea absolutamente esencial para una potencia mundial ya importante, la de conducir sus relaciones externas. China es una potencia que crece y aspira no sólo a ser reconocida como tal sino a mucho más. Esto es: a alcanzar en su momento el liderazgo del mundo. Hablamos de conducir y enfrentar las complejidades de una relación inmensa: la de China con el resto del mundo. No es poco, ciertamente. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas