Un país normal
Para la Argentina, España reviste una importancia muy especial no sólo por ser la «madre patria» sino también porque su evolución político económica, desde un esquema corporativo y caudillesco cerrado, el cual fue celebrado por su «diferencia», hacia un orden liberal y democrático abierto, plenamente integrado al mundo globalizado, tiene mucho en común con lo que ha ocurrido aquí a pesar de la voluntad de la mayoría de los dirigentes. Por eso, el triunfo inesperadamente amplio del Partido Popular del conservador «centrista» José María Aznar sobre su rival socialista, no puede sino influir en el pensamiento de los políticos de este lado del océano, ya porque sugiere que la mejor forma de atrincherarse en el poder consiste en manejar la economía con firmeza prolija sin intentar frenar los cambios que están agitando al mundo entero, ya por confirmar que es difícil que una oposición presuntamente progresista insegura de sí misma y aliada con la izquierda no democrática logre desplazar a un gobierno conservador competente.
Puesto que tanto el PP como el PJ son miembros de la Internacional Demócrata Cristiana, es natural que algunos peronistas hayan tomado el partido de Aznar por un modelo digno de emular. Sin embargo, mientras que los líderes del PP son personas relativamente jóvenes que han conseguido alejarse mucho de los «dinosaurios» franquistas de la vieja y muy autoritaria derecha española, aquí la renovación del peronismo ha sido decididamente menos explícita. Aunque Carlos Menem abrazó el credo «neoliberal» con todavía más entusiasmo que Aznar, no se preocupó por convencer a sus compañeros de la necesidad de actualizarse. Es probable que andando el tiempo el peronismo logre adecuarse a los tiempos que corren, abandonando por completo las consignas, costumbres fetiches de una época que a los más jóvenes ya parece prehistórica, pero para que esto suceda tendría que producirse un recambio generacional.
Si hay un dirigente argentino que se asemeja mucho a Aznar, un personaje nada carismático cuya imagen es la de un contador a la vez eficaz y confiable, no es Menem sino el presidente Fernando de la Rúa, el de «dicen que soy aburrido». Pero a raíz de la presencia en la Alianza del Frepaso, De la Rúa se ha visto colocado en la parte «centroizquierdista» del tablero ideológico, dejando a los peronistas en la zona «centroderechista», ubicación que naturalmente enfurece a los muchos seguidores de Perón y Evita que, lo mismo que sus parientes franquistas, abominan del capitalismo liberal y en la actualidad creen que su hostilidad frente al «neoliberalismo» debería permitirles trasladarse hacia la izquierda. Si bien sería muy bueno para el país que el PJ siguiera el curso trazado por el PP español, por lo pronto no parece estar en condiciones de hacerlo, razón por la cual su futuro parece tan problemático. Por supuesto, si Domingo Cavallo se las arreglara para atraer a una proporción significante del «pueblo peronista», la modernización de lo que todavía es la corriente electoral más fuerte del país podría concretarse con rapidez.
Aunque es habitual subrayar que la mayoría de los argentinos tiene muy buenos motivos para sentirse exasperada por el statu quo, lo cual, en teoría, debería redundar en el surgimiento de movimientos extremistas, los resultados electorales de los años últimos muestran que es en el fondo tan conservadora y cautelosa como la que acaba de consagrar al gobierno de Aznar. Pero mientras que en ambos países los problemas sociales son graves -España es mucho más próspera que la Argentina pero aun así sigue siendo pobre en comparación con sus vecinos del norte de los Pirineos y la tasa de desocupación supera el quince por ciento-, la sensación térmica es llamativamente distinta. Los españoles, acaso por no tener que preguntarse por cuestiones «estratégicas» que están en manos de la Unión Europea en la que su propio papel es evidente, confían en que lo que vendrá será mejor que lo ya pasado; aquí, en cambio, las perspectivas no son tan claras, de suerte que en círculos influyentes predomina el pesimismo autodestructivo.