Un parto

Macri, apoyado por Carrió, está dispuesto a endurecer su discurso y defender el mercado de capitales





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Arnaldo Paganetti arnaldopaganetti@rionegro.com.ar

Los sciolistas (por extensión, kirchneristas) y los macristas (por añadidura, radicales de Ernesto Sanz y republicanos de “Lilita” Carrió) pretenden un escenario polarizado con miras a las elecciones generales que se celebrarán en nueve semanas. Los massistas (más su asociado De la Sota y peronistas disidentes) se empeñan en alterar ese rumbo y forzar un balotaje o segunda vuelta para tratar de hacer realidad “un final de ciclo”. Concepto éste que la presidenta Cristina Fernández se ocupó de demoler en su rutilante aparición televisiva del jueves pasado, tras el posicionamiento no definitivo en las PASO. El parto presidencial es doloroso. Las sospechas por fraude y robo de boletas en la provincia de Buenos Aires se trasladaron a Tucumán, donde hoy las urnas consagrarán gobernador para suceder a José Alperovich, del Frente para la Victoria. En el medio se produjo el asesinato de un joven militante en Jujuy, con las subsiguientes acusaciones cruzadas, y las consecuencias de las inundaciones bonaerenses, que malquistaron a dos amigos que van por veredas opuestas, Daniel Scioli y Mauricio Macri. En la extensa cadena nacional, Cristina anunció la creación de una agencia para custodiar las acciones que heredó la Anses de las AFJP y que, para venderlas, según su iniciativa, necesitarán aprobación parlamentaria con los dos tercios de los votos. De esa manera, exteriorizó que ejercerá sin cortapisas su mandato hasta diciembre y que los candidatos del oficialismo deberán subordinarse al “proyecto colectivo”, como machacan los jóvenes de La Cámpora. Después de señalar que hace mucho que no se enoja, aunque tiene “berrinches” (sic) con varios de sus colaboradores, entre ellos el jefe de Gabinete, (“no me corrijas, por favor”, amonestó a Aníbal Fernández frente a las cámaras), Cristina tuvo algunas definiciones que abroquelaron a intendentes y gobernadores con inocultables diferencias y roces internos. “Acá no hay ataques contra un candidato a la presidenta, acá el ataque, claro, es contra todo un proyecto político que ha logrado la inclusión de millones de argentinos. Quieren volver a los tiempos de alineamiento internacional incondicional”, afirmó. Se mostró convencida, al hablar en los patios de la Rosada ante enfervorizados militantes, de que Scioli y Zannini “van a seguir y continuar con estas políticas porque han participado de ellas y porque hay un pueblo que no está dispuesto a dar un paso marcha atrás”. Nada inocente, agregó: “¿Ustedes creen que alguien quiere quedar en la historia como el traidor? ¿Quién puede ser tan necio?”. Por estas horas Wado de Pedro, en nombre de Cristina, trabaja en las sombras para desalentar desconfianzas con sectores tradicionales del justicialismo. La relación con Scioli será de “respeto”, aunque no de veneración, en función de retener con eficacia las riendas del poder. Según Cristina, las acusaciones y cacerolazos varios contra los denominados “gobiernos populistas”, como el de ella y el de Dilma Rousseff, de Brasil, seguirán adelante, con la participación encubierta de la CIA. Por eso, puertas adentro demanda bajar el tono de la pelea en el PJ, donde algunos intendentes del conurbano quedaron resentidos con Aníbal Fernández (postulante al Ejecutivo) y coquetean subterráneamente con Felipe Solá, alineado en el Frente Renovador de Sergio Massa. Macri y Cambiemos, por su parte, también están recalculando la estrategia, sin dejar de poner presión a través de la fiscalización de los próximos comicios, para evitar “irregularidades de todo tipo”, principalmente destinadas a mellar el caudal de María Eugenia Vidal, quien sola consiguió el 20% de los votos el 9 de agosto. Individualmente, fue la mejor posicionada, aunque el FpV sumando sus dos competidores logró 10 puntos más. Dispuesto a endurecerse, Macri embistió contra Scioli. “La víctima no es él. Son los que perdieron todo después de una vida de trabajo debido a las lluvias y a las obras que no se hacen”, indicó. Diego Santilli echó más leña al fuego: “Daniel se cristinizó”. Antes de partir de vacaciones, “Lilita” Carrió insistió en que, para “derrotar a la corrupción, el autoritarismo y el narcotráfico”, hay que promover un fenómeno como el del 83, que llevó al podio al radical Raúl Alfonsín. No es ésa, por supuesto, la interpretación de Cristina. Reivindicó a Alfonsín y fustigó a las fuerzas corporativas que lo desestabilizaron en 1989. “No se trata de elegir entre los candidatos del FpV y el arcángel San Gabriel. Del otro lado (por Macri y empresarios) están los que tumbaron al gobierno de Alfonsín”.

DE DOMINGO A DOMINGO


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