Un pequeño guiño

editorial

Redacción

Por Redacción

La llegada a un puesto significante en el Ministerio de Economía de un «hombre de la industria» siempre ha alborotado a los empresarios que propenden a creer que por fin el gobierno estará más dispuesto que antes a prestar atención a sus quejas, de suerte que era de prever que el nombramiento de Javier Tizado como secretario de Industria y Comercio daría pie a mucha especulación sobre un eventual giro proteccionista. Es probable que resulten decepcionados quienes esperan que, a raíz del reemplazo de Débora Giorgi por el hasta entonces jefe de Siderar -una empresa del grupo Techint-, haya cambios drásticos. Tizado podrá intentar presionar más a los brasileños para que desmantelen el sistema de subsidios con el cual defienden a sus industriales -y perjudiquen a los demás que tienen que costearlos-, pero no le será dado tratar de «ayudar» de la misma manera a los capitanes de la industria argentinos. Además de provocar la resistencia de los muchos que saben muy bien que en nuestro país las estrategias proteccionistas siempre han tenido consecuencias negativas, un intento de tomar medidas destinadas a frenar el ingreso de las importaciones motivaría reacciones nada amistosas por parte de los países desarrollados y redundaría en enfrentamientos con la Organización Mundial del Comercio. Si bien abundan los aliancistas que son proteccionistas por instinto, todos parecen haber entendido que el porvenir de la Argentina será decididamente gris a menos que consiga integrarse plenamente a los mercados internacionales, algo que, los lamentos por «la apertura indiscriminada» no obstante, apenas ha comenzado a hacer.

Aún más complacidos por la designación que los proteccionistas son los que suponen que, por haber sido hasta hace algunos días el jefe de la mayor acerera del país, Tizado aprovechará su poder para repartir beneficios entre los relacionados con su labor anterior. Por cierto, el que en la semana que precedió el anuncio de la incorporación al gobierno de Tizado fueran precisamente las acciones de las tres empresas siderúrgicas que cotizan en la Bolsa local las que más subieron, nos dice mucho sobre la mentalidad de los agentes económicos nacionales. Sin embargo, aunque será lógico que el flamante secretario de Industria y Comercio crea absolutamente fundamental para la economía el sector al cual ha dedicado casi toda su vida profesional, no podrá darse el lujo de favorecer a ninguna empresa en particular sin que la Oficina Anticorrupción emprenda una investigación que perjudicaría enormemente a un gobierno cuyas pretensiones éticas ya se han visto puestas en duda. Así las cosas, le habría convenido más a Tizado que los compradores de acciones bursátiles optaran por castigar a las empresas siderúrgicas en vez de premiarlas.

Aunque el propósito del titular de Economía José Luis Machinea al reorganizar su equipo ha consistido en mandar una «señal» a la industria, esto no necesariamente quiere decir que el sector ya cuente con un lobbista en el seno del gobierno, y es de suponer que en las próximas semanas Tizado se las arreglará para desinflar las expectativas en tal sentido. Es de esperar que esto ocurra y que, a pesar de sus más de treinta años como ejecutivo de Techint, Tizado consiga adaptarse inmediatamente a las responsabilidades muy distintas de un miembro del gobierno nacional. No le será fácil. Por diversas razones, muchas personas que se han destacado en el sector privado han fracasado como secretarios o ministros. La vieja teoría peronista de que un «empresario exitoso» tendría que ser el indicado para transformar la economía del país en un dechado de eficacia ha sido desvirtuada en tantas ocasiones, que sería razonable sentir algunas dudas sobre el futuro desempeño de Tizado. Aunque Techint es una multinacional cuyos directivos tienen que entender muy bien cómo funcionan las economías en la edad de la «globalización», no existen motivos para creerlos más inmunes de lo que resultaron ser sus homólogos de Bunge y Born a los vicios propios de una cultura económica cortesana en que todos los protagonistas parecen convencidos de que lo que sin duda sería bueno para su propia empresa también lo sería para el país en su conjunto.


La llegada a un puesto significante en el Ministerio de Economía de un "hombre de la industria" siempre ha alborotado a los empresarios que propenden a creer que por fin el gobierno estará más dispuesto que antes a prestar atención a sus quejas, de suerte que era de prever que el nombramiento de Javier Tizado como secretario de Industria y Comercio daría pie a mucha especulación sobre un eventual giro proteccionista. Es probable que resulten decepcionados quienes esperan que, a raíz del reemplazo de Débora Giorgi por el hasta entonces jefe de Siderar -una empresa del grupo Techint-, haya cambios drásticos. Tizado podrá intentar presionar más a los brasileños para que desmantelen el sistema de subsidios con el cual defienden a sus industriales -y perjudiquen a los demás que tienen que costearlos-, pero no le será dado tratar de "ayudar" de la misma manera a los capitanes de la industria argentinos. Además de provocar la resistencia de los muchos que saben muy bien que en nuestro país las estrategias proteccionistas siempre han tenido consecuencias negativas, un intento de tomar medidas destinadas a frenar el ingreso de las importaciones motivaría reacciones nada amistosas por parte de los países desarrollados y redundaría en enfrentamientos con la Organización Mundial del Comercio. Si bien abundan los aliancistas que son proteccionistas por instinto, todos parecen haber entendido que el porvenir de la Argentina será decididamente gris a menos que consiga integrarse plenamente a los mercados internacionales, algo que, los lamentos por "la apertura indiscriminada" no obstante, apenas ha comenzado a hacer.

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