Un rancho bien sureño

Fluidez de espacios, luz natural y una deco acogedora. Así es la casa de Beatriz Mura, ubicada en la península San Pedro, en Bariloche.

Por Redacción

Texto Inés Campodónico Productor Gonzalo Fernández Iramain Fotos Mercedes García Baltar

Es una casa simple, de madera, sin grandes pretensiones, con un encanto único. Está ubicada en la península San Pedro, a 22 kilómetros del centro de Bariloche.

La historia nos lleva a un par de años atrás, al 2005, cuando Beatriz Mura, madre de dos adolescentes, compra este terreno de 1100 m2, en este bellísimo paraje, para levantar su hogar. Lo contrata al arquitecto Carlos Iglesias, quien con un presupuesto acotado, levantó este rancho de madera siguiendo los bosquejos de Beatriz. “Los materiales son simples, básicamente madera. Se buscó construir un rancho bien sureño y muy luminoso”, explica la propietaria.

La construcción, enteramente hecha en madera local, tiene un techo a dos aguas, indispensable para esta zona de fuertes nevadas invernales y una pequeña galería para disfrutar cuando las temperaturas son más amigables.

El interior suma 62 m2 medularmente repartidos en un amplio espacio donde se integra cocina-comedor y estar, más dos dormitorios y un baño completo.

“Yo quería ambientes chicos pero prácticos y confortables”, describe.

La decoración, otro gran mérito de Beatriz, es híper cálida. Nada es pretencioso, son pequeños muebles y objetos que conforman una escenografía deliciosa, donde no faltan las cortinas de Toile de Jouy, las maderas patinadas de blanco, los objetos vintage. Una escenografía refinada, alegre y graciosa, lo que no es poca cosa.

Todo, acá, está ajeno a las modas: el valor reside en una mezcla de buen gusto, muebles originales y objetos de colección.

NATURALEZA INSIDE

Escenarios creados con naturalidad y simpleza, pero que revelan –al mismo tiempo– un cuidadoso estudio. Hay detalles que marcan la presencia creativa de su moradora, como el espejo del baño hecho con tronquitos y ramas encontrados a la orilla del lago, los decapados de los muebles, las latas vintages, las cortinas y ropa de cama de telas nobles… “La idea fue siempre que este hogar fuera acogedor y protector, que potenciara las vistas hacia el afuera, que convocara a la conversación de modo amigable…”, admite la dueña de casa a este suplemento.


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