«Un subsidio aquí…»
Me paré frente a uno de los viejos y desvencijados televisores que tenemos en redacción, y luego de alternativas pontificaciones de Lilita Carrió y el ministro Adalberto Fernández salí del diario recordando aquella siniestra reflexión de Herder… «El prejuicio es bueno. Devuelve los pueblos a su centro, los vincula sólidamente a su origen, los hace florecientes de acuerdo con su carácter propio, más ardientes y por consiguiente más felices en sus inclinaciones y sus objetivos. La nación más ignorante, la más repleta de prejuicios es, muchas veces, la primera»…
-¡Joder, con razón los alemanes parieron a Hitler! -me dije y enfilé para el quincho.
-¡Cómo anda la hoguera de las vanidades! -dije el entrar y vi al gordo Boedo derrumbado en un sillón y con cara de puchero…
-Boedo está mal. Fue a Viedma a hacer una gestión, fracasó -me dijo Ludovico.
-¿Qué gestión? -pregunté al gordo mientras le acariciaba el mate…
-¡Fui a ver a Miguel Saiz, a pedirle un subsidio…! ¡A todo el mundo… Chorros y entenados… La Biblia y el calefón… Carrera y San Martín…! ¡Podés tener cinco muertes y 23 violaciones, la cana encima tuyo… pero vas a Casa de Gobierno y bajo cualquier argumento te dan un subsidio… ya sea para completar la media docena o las dos docenas…! ¡La mosca está en Viedma…! ¡A peor trucha y peores antecedentes, más subsidio…! ¡Esa es la norma que rige para entregarlos…!
-¿Y?
-Y bueno… cual gil de santería, yo fui, vi a Miguel y le pedí un subsidio… ¡Miguelito, diez puntos… afectuoso! ¡El de siempre…!
-¿Y qué te dijo Miguel?
-Y, de golpe se le puso la mirada gélida y me dijo… «No te puedo dar un subsidio, gordo… Tuviste una sola vez en cana y fue por tomar la facultad… ¡Nunca quebraste una empresa…! ¡Nunca quebraste un sindicato…! ¡No tenés una a favor para que te dé un subsidio, gordo…! ¡Tu mayor pecado es haberle pegado un chicle en la cabeza a tu hermano más chico…! ¡Ni siquiera te parecés al «petiso orejudo»… que, bueno… hubiera facilitado la cosa!»…
-¿Y? -le pregunté al gordo.
-¡Me mató Miguelito…! Y como si eso fuera poco, me mostró la lista de los subsidios otorgados… Y sí, es como él dice -comentó el gordo Boedo…
-¿Quiénes están en la lista?
-Y… Al Capone, por ejemplo… Llegó hasta Miguel 'tarjeteado' por un ex gobernador…
-¿Quién es? -pregunté.
-Miguel no me lo quiso decir.
-¿Y para qué quiere un subsidio Al Capone?
-Para cometear en la próxima licitación de casinos… Pero también recibió un subsidio la barra de ex funcionarios del ex BPRN… los que ahora están en el banquillo.
-¿Subsidio para qué?…
-Para comprar la caja fuerte del ex BPRN… La tiene un chatarrero…
-¿Y para qué quieren la caja?, debe estar oxidada. ¿Será por cariño? ¡Tantas cosas hicieron con esa caja…!
-Quieren abrirla para recuperar cinco mangos que se dejaron adentro el día en que se rajaron del banco… «¡Cuentas claras… no queremos que se nos vuelvan en contra y nos inicien otra causa que dure 14 años», le dijo Ricciardulli a Miguelito -comentó el gordo…
-Contame más de los subsidios.
-Y… que me acuerde… Ah, ah… sí, sí… ¡Hay un subsidio… grande, muy grande, destinado a la defensa del ecosistema de Roca…!
-¿Defensa ante qué…?
-Y, dice Miguel que cuando empiece a funcionar el aeropuerto de cargas, Roca será un infierno… un Jumbo tras otro… ¡Hay que proteger a los roquenses…!
-¿Y del poder quién nos protege, gordo? -pregunté.
-¡Ah, para eso no hay subsidio… te las tenés que arreglar solo! -respondió y abrimos un tinto…
Eduardo Gilimón
Me paré frente a uno de los viejos y desvencijados televisores que tenemos en redacción, y luego de alternativas pontificaciones de Lilita Carrió y el ministro Adalberto Fernández salí del diario recordando aquella siniestra reflexión de Herder... "El prejuicio es bueno. Devuelve los pueblos a su centro, los vincula sólidamente a su origen, los hace florecientes de acuerdo con su carácter propio, más ardientes y por consiguiente más felices en sus inclinaciones y sus objetivos. La nación más ignorante, la más repleta de prejuicios es, muchas veces, la primera"...
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