Un vistazo al más increíble refugio de lobos marinos
A 60 km de Viedma está la reserva faunística de Punta Bermeja, un espectáculo imperdible.
VIEDMA (AV)- Una verdadera 'nursery' rugiente. Esa es la sensación que se siente, desde la cima del acantilado a unos 15 metros de distancia de las rocas donde viven los lobos marinos. Son unos 400 los bebés que han nacido entre el dos de enero y hoy. Casi a coro reclaman por su mamá mientras al lado otra loba se prepara para parir y un poquito más allá un macho viejo ruge defendiendo a su harén, advirtiendo a uno más joven que habrá pelea si sigue avanzando. Todos juntos. Más de 3.000. Uno al lado del otro pero con el territorio familiar bien demarcado. Ese es el escenario que desde las alturas se espía de la reserva faunística de Punta Bermeja en la Lobería, la más importante de Latinoamérica, ubicada a 60 km de Viedma.
El recorrido por las pasarelas sobre la cima de los acantilados es permanente y más fluido aún durante los fines de semana. Con atención los turistas escuchan y consultan a los guardafaunas que pasan de mano en mano los binoculares al detectar algún parto.
Varias gaviotas juntas cerca de una loba indican que el parto está en marcha. Estas aves son verdaderas parteras. Picotean la placenta para facilitar la salida del lobito y siguen con la limpieza del parto hasta que no queda ningún resto. Así una y otra vez con cada parturienta. Son aproximadamente ocho los partos que se producen por día sin contar las noches.
Cada hembra tiene un cachorro por parto tras una larga gestación de 11 meses y medio. Apenas nace el bebé la madre descansa siete días y comienza la etapa de celo que se extiende por tres jornadas. Es decir que a los 12 días de parir, la hembra comienza nuevamente el proceso de gestación y con él la disputa de los machos por el harén constituido por siete y hasta 15 lobas entre jovencitas y adultas. Las peleas por acumular hembras suelen ser furiosas y desgastantes pero una vez que demarcan los territorios en todos los sentidos el macho se interna en el mar para dirigirse a colonias de alimentación exclusivas para machos para regresar recién a fines de noviembre, oportunidad en que permanecen todo el tiempo al lado de sus hembras durante los tres últimos meses de gestación.
En ese tiempo se dedican a cuidar su harén y ni siquiera las dejan para comer, mirando de reojo todo el tiempo a los machos periféricos atentos al más mínimo descuido para adueñarse de una loba ajena.
FIESTA DEL MAR Y DEL ACAMPANTE
Doce bellezas en busca de un reinado
Doce son las jovencitas que se postulan para ser reina de la Fiesta del Mar y del Acampante. Ayer se presentaron en el escenario mayor levantado en la playa del Cóndor, donde esta noche una de ellas será la elegida. Con las mismas expectativas esperan este momento: Vanesa Figueroa (15 años), Nadia Frego (15), Brenda Caamiña (16), Paula Frego (18), Clarisa Garro (17), María José Luchino (16), Natasha Margiotta (16), Guadalupe Gorriti (17), Catherine Hernández (15), Valeria Pérez (15), María Laura Aparicio (22) y Mariadela Chaher (18). Todas ellas esperan su gran momento con mucho nerviosismo. Por otro lado, distintas son las actividades programadas para hoy en el marco de esta fiesta. Para las 19.30 está prevista la presentación de “Un Amor Imposible”, una obra de teatro callejero de un elenco rosarino que tendrá lugar en la rotonda de la costanera de El Cóndor y a las 20.30 de “Bom Bom Bormom Bom Bom”, en el marco del Festival Internacional de Títeres en el Paseo de Los Artesanos. El reconocido cantante Kevin Johansen será el encargado de cerrar esta noche frente al mar luego de la elección y de los fuegos artificiales.
GENTE EN VACACIONES
Un mar compartido
Los turistas disfrutan mucho de la visita a los lobitos marinos de La Lobería. Una visita se disfruta más conociendo algunos datos: el más fuerte y adulto –entre 15 y 18 años de unos 250 kilos– es el que más hembras logra y el que mejor lugar ocupa en la playa. La hembra es más chica pero igual pisa fuerte con sus 200 kilos promedio, considerable dimensión no en vano otorgada por la naturaleza, si se tiene en cuenta que su bebé al nacer mide entre 50 a 70 cm y pesa entre ocho a 13 kilos.
CARA Y CECA
Para disfrutar en total libertad
Las playas de la lobería son una garantía de refugio para los días de viento más allá de su belleza. Los majestuosos acantilados son verdaderas murallas enormes que protegen del viento, dejando sol, playa y mar para disfrutar en libertad. Con marea baja se puede elegir en que piletón -demarcado naturalmente por las rocas- nadar o buscar aguas más tibias. Con marea alta y desde la playa se puede medir “el pique” mientras los chicos esperan la rompiente de la ola y las chicas buscan el color más dorado al sol. Las extensas playas permiten también las caminatas al atardecer para observar desde distintas perspectivas los cambios en el color del cielo que se reflejan en el mar.
La infraestructura que hace falta
Tanto la reserva como la pequeña infraestructura alrededor de la playa de la Lobería están algo alejadas de los beneficios presupuestarios. Si bien desde el Consejo de Ecología y Medio Ambiente se informó que se trabaja en el centro de observación y las pasarelas el aspecto no está al nivel de la categoría de la reserva considerada una de las mejores de Latinoamérica. Los turistas llegan y se van con lo que sólo la naturaleza ofrece que, por suerte, es de lo mejor pero no se les entrega ni siquiera un folleto para que recuerden o recomienden el lugar.
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