Una ceremonia de apertura ajustada y emotiva



BUENOS AIRES (DyN) – Sin lujos, ni tecnología de esa que fascina al espectador, el Mundial Sub-20 Argentina 2001 se presentó en la cancha de Vélez Sársfield con una ceremonia inaugural austera, pero, en algunos pasajes, por demás emotiva.

La celebración, que comenzó con más de media hora de retraso, duró 38 minutos y fue seguida por más de quince mil espectadores, en general familias enteras, que cantaron al ritmo de las figuras que le pusieron su voz a la fría tarde de Buenos Aires.

En tanto, los más chiquititos, se divirtieron y abrieron grandes los ojos con las desventuras del Ñandú, mascota oficial de este certamen internacional, y la pelota que jugaron y mantuvieron algunos diálogos divertidos.

De arranque nomás la gente quiso participar y todos acompañaron con su voz a Jairo, el primero en subir al escenario montado en la platea sur de Vélez, quien entonó el himno nacional argentino.

Luego disfrutaron, mientras el cafetero y el panchero tenían una buena venta previa, con el artista Juan Carlos Copes quien expuso al mundo -la transmisión llegó a un centenar de países en vivo- la mejor coreografía de tango, mientras Lito Vitale le sacaba brillo a los teclados.

La gente empezó a revolear por sobre su cabeza todo trapo celeste y blanco para acompañar a Soledad.

“El tifón de Arequito” cantó un sólo tema de su repertorio, mientras se retiraba la gente le pedía más, y entonces luego volvió con el rosarino Juan Carlos Baglietto componiendo un dúo tan inédito como agradable.

Ya, minutos antes del partido, se vino la clásica y remanida suelta de globos celestes y blancos, ingresaron todas las banderas de los países participantes del mundial y los hinchas de todas las edades gritaron los goles de Diego Maradona en el juvenil de Japón 79, que aparecieron en la pantalla gigante del escenario central mientras se homenajeaba a los primeros campeones mundiales Sub-20 argentinos.


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Una ceremonia de apertura ajustada y emotiva