Una cooperativa entre las empresas

<span style="text-transform:uppercase">extrabajadores petroleros se organizaron como cooperativa para prestar servicios.</span>

MUNDO PYMEs

Muchas fueron las pequeñas empresas de servicios que se formaron en la región a principios de los 90, después de la privatización de YPF. Integradas básicamente por exempleados de la empresa estatal, algunas tomaron la forma de sociedad anónima y otras de sociedad de responsabilidad limitada. Hubo un solo caso de cooperativa, una forma de asociación con mucha tradición en el país.

Coserpet Cooperativa Limitada nació en Cutral Co en octubre de 1992, con 48 socios. En sus inicios realizaron tareas de mantenimiento mecánico en las baterías de Repsol y tres años después firmaron sus primeros contratos para atender las plantas de tratamiento de crudo que la empresa tenía en Puesto Hernández, Cerro Bayo, Señal Picada, Medanito y Challacó. También se dedicaron a la recuperación secundaria en Cerro Bandera.

Sin embargo la cooperativa, como el resto de las empresas surgidas al calor de las privatizaciones, sufrió los avatares económicos de la época y el comienzo de la declinación productiva de hidrocarburos en el país. En un intento de rescate, surgió en el 2000 Uteneu, una unión transitoria de empresas que agrupó a estas pymes bajo el gerenciamiento de Skanska.

“Fue una experiencia que sirvió para algunas cosas, pero que no terminó de cumplir su objetivo”, asegura Orlando Barros, actual gerente general de Coserpet. “Repsol aportó 30 millones de pesos para que las empresas pudieran invertir en capital de trabajo, sin embargo, nosotros teníamos deudas que no pudimos saldar. A fines del 2004 se disolvió la UTE”.

En el 2005, ya con varios socios menos, Benjamín Durán asumió la presidencia de Coserpet y el Consejo de Administración comenzó con una reingeniería administrativa. Se saldaron deudas con la AFIP y con la Federación de Trabajadores Petroleros, y se zanjaron diferendos legales con Repsol y la Provincia. “Salvo una deuda con el Iadep, que estamos tratando de solucionar, podemos decir que no le debemos un peso a nadie”, señaló Barros.

Con las finanzas saneadas pero con varios años fuera del circuito comercial, Coserpet intenta rearmar el trabajo técnico. Por lo pronto, ya elaboró su propio manual de procedimientos en seguridad, calidad y medioambiente. Y como las cooperativas están exentas del pago del impuesto a las Ganancias, le permite administrar alguna asociación con otras empresas que aportan maquinaria y personal para la tarea de campo.

En cuanto a las expectativas por Vaca Muerta, Barros coincide con los directivos de otras empresas de servicios: “Estamos en una etapa de exploración pero creemos que en pocos meses más este boom será más palpable para nosotros”.

Orlando Barros, presidente de Coserpet, anticipa que los desarrollos no convencionales proporcionarán oportunidades para la cooperativa.

Pablo lupano


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