Una disputa de largo alcance

Por Redacción

La posibilidad cierta de que en la cumbre del G20 en Buenos Aires los presidentes Donald Trump y Xi Jinping encuentren puntos de acuerdo y distensión en la relación bilateral no evita que el mundo se prepare para una disputa de largo alcance entre las dos potencias.

En las últimas horas fueron tanto Washington como Beijing los que se ocuparon de recordarle al resto de las naciones que esto va para largo.

En la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), los dos países cruzaron dardos verbales.

Xi atacó el proteccionismo y la política del “Estados Unidos primero”, asegurando que las normas comerciales mundiales no deberían aplicarse “con agendas egoístas”.

“La historia enseña que nadie sale ganando de una confrontación, sea bajo la forma de una guerra fría, una guerra caliente o comercial”, afirmó Xi.

Además, el mandatario instó al mundo a “decir no al proteccionismo y al unilateralismo”, en un ataque directo a la política de Trump.

A su vez, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, no se quedó atrás en el mismo foro: “Impusimos aranceles por un

valor de 250.000 millones de dólares a bienes chinos y esa cifra podría llegar a ser el doble”, reivindicó el número dos de la Casa Blanca.

Y fue muy claro: “Esperamos una mejora, pero Estados Unidos no cambiará de dirección hasta que China cambie sus maneras”.

La tensión, como lo describió la agencia AFP, llegó a las imágenes: en la “foto de familia” de la cumbre Xi posó en el centro y Pence estuvo ausente.

Además, el vicepresidente estadounidense volvió a la carga con una de las “armas” norteamericanas en esta disputa: acusar a China de promover la corrupción.

Dijo que la diplomacia china tiene una chequera “en el mejor de los casos, opaca” y advirtió: “Nosotros no ahogamos a nuestros aliados en un mar de deudas. No oprimimos, no corrompemos, no comprometemos vuestra independencia”.

En ese contexto, la situación económica más difícil que enfrenta China aparece más complicada por el ataque estadounidense pero más por cuestiones internas.

Así lo evaluó la agencia internacional Bloomberg, que calificó de “pequeño” el impacto que hasta el momento ha tenido el proteccionismo dictado por Trump.

De hecho, las exportaciones chinas a Estados Unidos crecen a un ritmo del 13% anual y se acercan a su mejor nivel en diez años, sobre todo a partir del fortalecimiento de la economía norteamericana.

Pero aun sin barreras arancelarias, el medio evaluó que “es poco probable que las exportaciones chinas crezcan a un ritmo mayor”.

“Los mayores obstáculos para la economía china están en las decisiones políticas de Beijing, como la restricción al crétigo y la inversión”, subrayó.

Probablemente la distensión entre la potencia en ascenso y la que está perdiendo terreno llegue con las conversaciones de Buenos Aires, aunque el mundo –y la globalización– sufrirá más sacudones y modificaciones en los próximos años a partir del reacomodamiento que estamos presenciando.


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