Una joya paleontológica escondida a metros del Nahuel Huapi

El Museo Paleontológico Bariloche, de gestión social, reúne fósiles únicos de la región andina, como las “aves del terror” o la mandíbula del tiburón de 20 metros de largo que habitó la costa atlántica rionegrina hace 15 millones de años.



El museo funciona en la avenida 12 de Octubre. Foto: Chino Leiva

El museo funciona en la avenida 12 de Octubre. Foto: Chino Leiva

Un tanto escondido, los 155 metros cuadrados de un pequeño museo sobre la costa este del lago Nahuel Huapi, alberga una valiosa colección de hallazgos únicos de la región. Un cartel sobre la costanera advierte sobre la existencia del Museo Paleontológico Bariloche, de gestión social al que se accede bajando por una pequeña escalera y a través de un camino arbolado.

No hay dinosaurios. Pero sí animales únicos de gran escala como un Kelenken, un ave carnívora de la familia de los Fororracos (“aves del terror”) de 2,30 metros de alto que fue hallada en Comallo. Única en su tipo, su estudio fue publicado en la revista Nature.

También sobresalen los restos de un Megatherio, un perezoso gigante encontrado en la costa del Nahuel Huapi. Su esqueleto alcanza los 4,8 metros de alto (el tamaño de un elefante). Es el único vestigio de este grupo de mamíferos en la cordillera andina.

Un Nesodon, de 3 metros de largo rescatado en la ruta 23 y el Astrapotherium, de 4 metros de largo que fue encontrado en la región de Comallo son otros que se exponen.

Llama la atención además la réplica a escala natural de la mandíbula de Carcharodon megalodon, un tiburón de más de 20 metros de largo que habitó los mares en proximidades de la costa atlántica rionegrina hace 15 millones de años y una réplica del Ictiosaurio bonapartei, un reptil marino de más de 5 metros de largo encontrado en la provincia de Neuquén.

Más de una vez, los integrantes de este museo que funciona desde 1990 en la avenida 12 de Octubre y Sarmiento debieron armar comisiones para atender denuncias de hallazgos de restos fósiles. La última expedición fue a raíz del llamado del puestero de una estancia al norte de Comallo. Allí se detectaron tres cráneos de mamíferos denominados Toxodóntidos de hace 16.000.000 años. Hasta el lugar, viajó un equipo integrado por miembros de la asociación, estudiantes del Centro Regional Universitario y estudiantes de Paleontología de la Universidad Austral de Valdivia, Chile, que participaron de una clase de cómo hacer un rescate.

Actualmente, la Asociación Paleontológica Bariloche (APB) cuenta con 101 socios. La mayoría son aficionados. Junto al Museo de la Patagonia que funciona en el Centro Cívico, son los únicos dos de Bariloche.

“La mayor importancia de este museo es que reúne el patrimonio paleontológico de la región andina de Río Negro y cumple con varias actividades que requieren el cuidado del patrimonio. Eso incluye el resguardo, la digitalización, el acceso a la investigación y exposición”, destacó el paleontólogo Ari Iglesias, presidente de la asociación que concurre al museo desde que tenía 13 años. Estudió Paleontología en la Universidad Nacional de La Plata y al terminar sus estudios, regresó a Bariloche.

Por 50 años más

En 1991, una ordenanza municipal otorgó en comodato a la Asociación Paleontológica Bariloche una parcela en la costa del lago para construir el museo. Ese convenio venció en octubre del 2016 y ahora, a través de un nuevo proyecto de ordenanza, el gobierno de Gustavo Gennuso aspira a renovar el comodato, esta vez, por 50 años.

El edificio tiene 115 metros cuadrados, de los cuales solo 81 metros cuadrados están destinados a salas de exposición y recepción; mientras que otros 34 metros cuadrados, al laboratorio para limpieza y preparación de fósiles y los trabajos de mantenimiento.


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