Una mirada de El Chocón desde adentro de la roca
"Río Negro" recorrió la galería que corre bajo la presa.
Parece un viaje al centro de la tierra. Debajo de El Chocón, a 25 metros de la superficie, con 100 metros de tierra y agua por encima, hay un particular mundo de un kilómetro y medio de largo desde el que se puede monitorear con exactitud el corazón de la presa – su fundación- y que le da a la estructura un valor agregado en la prevención de cualquier colapso.
La semana pasada un equipo periodístico de «Río Negro» se convirtió en el primero en recorrer la galería que la empresa privada que maneja la presa terminó de construir en 1996. Las obras las había iniciado Hidronor, en 1984.
La recorrida tuvo como guías calificados al gerente de Producción de Hidroeléctrica El Chocón, Néstor Srebernic, y del jefe de Seguridad de la presa, Fabián Restelli.
Más que una parte de una presa, el túnel se parece a las excavaciones de una mina.
No se puede decir que el sitio sea agradable porque el entorno es más bien inhóspito, a pesar de que los conductos están dotados de todo tipo de sistemas de comunicación, seguridad e iluminación.
La sensación de estar a 105 metros por debajo de la cota máxima de un embalse gigantesco, a una profundidad respecto del contacto de la presa con la roca equivalente a un edificio de diez pisos, puede producir escalofríos.
Dentro de la galería no hay más ruido que el del agua que corre por una especie de acequia en un costado del túnel; son las filtraciones lógicas que se producen en cantidades irrisorias para el volumen de agua que hay arriba (apenas un puñado de litros por minuto).
A El Chocón se la llamó «La obra del siglo» y no era para menos. Esa mole que frenó por primera vez el agua del río Limay se construyó en sólo tres años, con un presupuesto de cientos de millones de dólares, financiado por organismos internacionales de crédito.
Quizás por ello la reparación fue no menos ambiciosa. Costó
unos 50.000.000 de dólares, pero duró 12 años (hiperinflación y estudios constantes de los especialistas de por medio).
Lo que comenzó como una alternativa para reforzar la fundación del estribo derecho de la presa, al que se le detectaron filtraciones en 1982, terminó siendo una obra tan ingeniosa y osada que no tiene antecedentes en el mundo: una galería de menos de cuatro metros de diámetro recorre de un lado a otro del valle el subsuelo de esa mole de tierra, arcilla, arena y piedra más alto que cualquier edificio de la región.
Por la altura de El Chocón, la antigüedad de la obra y el volumen de su embalse -cuya cota no se redujo durante las obras-, la jugada era riesgosa.
Para los ingenieros que participaron, primero en Hidronor y luego en la concesionaria y el Orsep (que entonces tenía alcance regional), el diseño de esta galería es motivo de orgullo.
La fundación de una presa es la base de cualquier obra de este tipo.
Los estudios sobre la roca en la que se apoyará la estructura son profundos y de ellos depende en buena medida el diseño final.
En el mundo de la ingeniería los especialistas son más propensos a buscar una solución a los problemas que a detectar la responsabilidad humana de la falla.
Por eso no es fácil determinar por qué en algún momento anterior a 1982 comenzó a filtrarse agua a través de las fundaciones del estribo derecho, el que corresponde a la orilla rionegrina del Limay.
Es asombroso cómo por el análisis de los minerales que arrastra el agua puede determinarse a qué se debe una filtración en una obra como ésta.
Así se dieron cuenta de que el problema estaba en la fundación misma, que es algo así como el apoyo del núcleo de la presa a la roca.
Dos años más tarde -los estudios son arduos y, en realidad, nunca estuvo en riesgo la seguridad de la obra- iniciaron los trabajos de construcción de una galería vertical, en forma de pique, de 100 metros desde el coronamiento de la presa, a la altura del estribo derecho.
Desde ese pique se construyeron galerías dentro de la roca para inyectar, de manera radial, lechada de cemento.
Esta excavación les permitió a los especialistas observar lo que la presa oculta tras su construcción. Y detectaron algunos aspectos del núcleo que -evaluaron- merecían atención.
Así se inició, siempre en épocas de Hidronor, una segunda excavación, desde el estribo de la margen izquierda.
Esta vez no hubo túneles verticales sino una galería, que a la altura donde está la central, se fue metiendo hasta el corazón de la roca.
Las galerías se hicieron con una «tunelera», que es una máquina con cabeza excavadora y puntas de «widia» que va fragmentando la roca.
Justo en medio de esta tarea, el Estado nacional privatizó la presa y los concesionarios heredaron la obligación de continuar los trabajos.
El Orsep (el Organismo de Seguridad de Presas) ya existía en su versión regional. Sus autoridades y especialistas, además de los consultores externos, evaluaron entonces si no era necesario unir ambos túneles, cerrando el circuito. Y decidieron que sí.
El 23 de mayo de 1996 las galerías quedaron unidas. La precisión de hacer coincidir una excavación con otra fue -dicen- asombrosa, producto de afilados cálculos.
De esta manera, según el director regional del Orsep, Francisco Giuliani, la obra adquirió estándares de seguridad de los más altos del mundo.
Hay, ahora, otras presas que tienen un túnel por debajo, como Alicura, pero se trata de obras proyectadas originalmente. (AC)
Martín Belvis
martinbelvis@rionegro.com.ar
Nota asociada: Una compuerta de submarino en el corazón del túnel Casi 1.000 instrumentos para monitoreo Ver infograma (clic aquí)
Nota asociada: Una compuerta de submarino en el corazón del túnel Casi 1.000 instrumentos para monitoreo Ver infograma (clic aquí)
Nota asociada: Una compuerta de submarino en el corazón del túnel Casi 1.000 instrumentos para monitoreo Ver infograma (clic aquí)
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