Una opción de centroizquierda

Redacción

Por Redacción

Con la excepción pasajera y nada alentadora de la Alianza, que por un par de años pudo desplazar al PJ del poder, todas las coaliciones formadas por la izquierda democrática han fracasado a causa de las diferencias internas que les son congénitas y de la propensión de sus líderes más influyentes a minimizar la gravedad de los problemas que cualquier gobierno tendría que enfrentar. ¿Logrará el Frente Amplio-UNEN romper con esta tradición? El que tantos lo duden podría resultarle positivo, ya que quienes lo integran entenderán que la intransigencia excesiva en defensa de sus propias posturas sería más que suficiente para desbaratar la coalición que están armando. Asimismo, la experiencia de la Alianza, a la que le tocó gobernar en un momento sumamente complicado, debería haberles enseñado lo difícil que es manejar la economía con realismo en un país en el que las expectativas raramente guardan relación con las posibilidades. No se trata de detalles menores. En todas partes los políticos profesionales son individuos muy competitivos decididos a hacer tropezar a sus rivales, razón por la que construir nuevas organizaciones en que algunos tendrán que subordinarse a otros es una tarea tan complicada e ingrata. También lo es persuadir a los habituados a cargar las tintas al criticar el estado del país de que a ningún gobierno le será dado mejorarlo de golpe y que, a menudo, para evitar males mayores les será preciso tomar medidas que, en el llano, hubieran denunciado con vehemencia por antipopulares. El Frente Amplio se estrenó formalmente el martes pasado en el teatro Broadway, con un acto de estilo norteamericano parecido a los celebrados por PRO, el convidado de piedra que, si bien no asistió físicamente, estuvo presente en los pensamientos de virtualmente todos los dirigentes y militantes de los ocho partidos que participaban. Aunque PRO no es una agrupación centroizquierdista, comparte con los partidos de dicho “espacio” la voluntad de poner fin a la larga hegemonía peronista que ha coincidido con la igualmente prolongada debacle nacional. La aversión al peronismo que sienten los del Frente Amplio y sus contrincantes ideológicos de PRO se debe no sólo a las deficiencias más notorias de la gestión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sino también a la desconfianza lógica que les motiva la flexibilidad realmente extraordinaria de un movimiento que incluye en sus filas a muchos que han sido sucesivamente menemistas, duhaldistas, kirchneristas y, últimamente, massistas o partidarios de Daniel Scioli, además de, en el caso de los más veteranos, simpatizantes de José López Rega o combatientes montoneros. Como es natural, atribuyen tanta mutabilidad al oportunismo de personajes que, lejos de querer servir a la comunidad, se han acostumbrado a servirse de ella. De no ser por la ubicuidad del amorfo y polifacético movimiento peronista que, para captar voluntades, se las ha arreglado para colonizar lugares repartidos por virtualmente todo el territorio ideológico disponible, lo que le ha permitido adaptarse a circunstancias cambiantes como hizo en los años noventa del siglo pasado y, de nuevo, luego del colapso de la convertibilidad, la Argentina contaría con una izquierda unida comparable con las de países europeos de cultura política similar y también con una fuerte alternativa de la centroderecha parecida al Partido Popular español y la Unión por un Movimiento Popular francés. Los artífices del Frente Amplio y los líderes de PRO esperan que el desaguisado provocado por el gobierno peronista más reciente no se vea aprovechado por otra fracción interna del mismo movimiento pero, a juzgar por las encuestas de opinión, la irrupción de Sergio Massa y la popularidad de Scioli podrían significar que la próxima campaña electoral sea un nuevo episodio en la interminable interna del PJ. Es para ahorrarle al país lo que le supondría la perpetuación de la hegemonía peronista que Elisa Carrió y algunos dirigentes radicales quisieran llegar a un preacuerdo con PRO, una eventualidad que, por supuesto, han repudiado los más izquierdistas y populistas, entre ellos personajes que, como tantos integrantes del Frepaso, se formaron políticamente en el peronismo y distan de haber abandonado las actitudes propias del movimiento en que una vez militaron.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Jueves 24 de abril de 2014


Con la excepción pasajera y nada alentadora de la Alianza, que por un par de años pudo desplazar al PJ del poder, todas las coaliciones formadas por la izquierda democrática han fracasado a causa de las diferencias internas que les son congénitas y de la propensión de sus líderes más influyentes a minimizar la gravedad de los problemas que cualquier gobierno tendría que enfrentar. ¿Logrará el Frente Amplio-UNEN romper con esta tradición? El que tantos lo duden podría resultarle positivo, ya que quienes lo integran entenderán que la intransigencia excesiva en defensa de sus propias posturas sería más que suficiente para desbaratar la coalición que están armando. Asimismo, la experiencia de la Alianza, a la que le tocó gobernar en un momento sumamente complicado, debería haberles enseñado lo difícil que es manejar la economía con realismo en un país en el que las expectativas raramente guardan relación con las posibilidades. No se trata de detalles menores. En todas partes los políticos profesionales son individuos muy competitivos decididos a hacer tropezar a sus rivales, razón por la que construir nuevas organizaciones en que algunos tendrán que subordinarse a otros es una tarea tan complicada e ingrata. También lo es persuadir a los habituados a cargar las tintas al criticar el estado del país de que a ningún gobierno le será dado mejorarlo de golpe y que, a menudo, para evitar males mayores les será preciso tomar medidas que, en el llano, hubieran denunciado con vehemencia por antipopulares. El Frente Amplio se estrenó formalmente el martes pasado en el teatro Broadway, con un acto de estilo norteamericano parecido a los celebrados por PRO, el convidado de piedra que, si bien no asistió físicamente, estuvo presente en los pensamientos de virtualmente todos los dirigentes y militantes de los ocho partidos que participaban. Aunque PRO no es una agrupación centroizquierdista, comparte con los partidos de dicho “espacio” la voluntad de poner fin a la larga hegemonía peronista que ha coincidido con la igualmente prolongada debacle nacional. La aversión al peronismo que sienten los del Frente Amplio y sus contrincantes ideológicos de PRO se debe no sólo a las deficiencias más notorias de la gestión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sino también a la desconfianza lógica que les motiva la flexibilidad realmente extraordinaria de un movimiento que incluye en sus filas a muchos que han sido sucesivamente menemistas, duhaldistas, kirchneristas y, últimamente, massistas o partidarios de Daniel Scioli, además de, en el caso de los más veteranos, simpatizantes de José López Rega o combatientes montoneros. Como es natural, atribuyen tanta mutabilidad al oportunismo de personajes que, lejos de querer servir a la comunidad, se han acostumbrado a servirse de ella. De no ser por la ubicuidad del amorfo y polifacético movimiento peronista que, para captar voluntades, se las ha arreglado para colonizar lugares repartidos por virtualmente todo el territorio ideológico disponible, lo que le ha permitido adaptarse a circunstancias cambiantes como hizo en los años noventa del siglo pasado y, de nuevo, luego del colapso de la convertibilidad, la Argentina contaría con una izquierda unida comparable con las de países europeos de cultura política similar y también con una fuerte alternativa de la centroderecha parecida al Partido Popular español y la Unión por un Movimiento Popular francés. Los artífices del Frente Amplio y los líderes de PRO esperan que el desaguisado provocado por el gobierno peronista más reciente no se vea aprovechado por otra fracción interna del mismo movimiento pero, a juzgar por las encuestas de opinión, la irrupción de Sergio Massa y la popularidad de Scioli podrían significar que la próxima campaña electoral sea un nuevo episodio en la interminable interna del PJ. Es para ahorrarle al país lo que le supondría la perpetuación de la hegemonía peronista que Elisa Carrió y algunos dirigentes radicales quisieran llegar a un preacuerdo con PRO, una eventualidad que, por supuesto, han repudiado los más izquierdistas y populistas, entre ellos personajes que, como tantos integrantes del Frepaso, se formaron políticamente en el peronismo y distan de haber abandonado las actitudes propias del movimiento en que una vez militaron.

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