Una sociedad devastada por la pandemia y ajena a los partidos

Francisco Jara/ AFP


Keiko, defensora del libre mercado, es la candidata de los sectores acomodados. Castillo es el preferidos de los sectores más pobres. Ninguno de ellos logra superar la desconfianza de la clase media.


Trabajadores llevan el féretro que contiene los restos de Cleofas Suárez, quien según sus familiares murió por complicaciones relacionadas con el nuevo coronavirus, en el cementerio informal "Mártires 19 de Julio" en Comas, en las afueras de Lima, Perú, (AP Foto/Martín Mejía)

La pandemia ha causado estragos en la clase media peruana, que enfrenta además la incertidumbre política ante el balotaje presidencial entre la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Pedro Castillo.

“La pobreza en Perú creció 10 puntos porcentuales en 2020. Tres millones de nuevos pobres es un retroceso de una década en avance económico. La clase media cayó de 46% [de la población] en 2019 a 34% en 2020”, recuerda a la AFP el analista político Augusto Alvarez Rodrich, columnista del diario La República.

“Se retrocedió una década en un año, nos fuimos hasta el 2010 en materia de pobreza”, coincide por su parte el economista y exministro Jorge González Izquierdo, al destacar que ahora un tercio de los peruanos son pobres.

La pandemia no solo ha deteriorado la economía, también deja 180.000 muertos en Perú, el país con la mayor tasa de mortalidad por covid-19 en el mundo (con 5.484 decesos por millón de habitantes, según un recuento de la AFP en base a datos oficiales).

En este complejo escenario, los peruanos acudirán el domingo a votar por Keiko o Castillo, que tienen proyectos antagónicos. Para muchos el dilema es elegir “el mal menor”.

Keiko defiende el libre mercado, lo que le vale el aprecio de los empresarios y las familias acomodadas, mientras Castillo cosecha apoyo entre los pobres, muchos de los cuales solían ser votantes del fujimorismo. Ninguno de los dos parece ser el candidato natural de la clase media.

“Panorama desalentador”

Hasta 2020, cuando irrumpió la pandemia, la economía peruana crecía a tasas superiores al promedio latinoamericano, lo que permitió que la clase media fuera aumentando paulatinamente, pero el covid-19 eliminó de un plumazo estos avances.

La actividad económica peruana estuvo semiparalizada el año pasado por una cuarentena nacional de más de 100 días y el PIB cayó 11,12%.

El prolongado confinamiento en un país con más de 70% de informalidad laboral hizo que la pobreza alcanzara su nivel más alto en una década, un incremento de 10 puntos porcentuales en relación a 2019, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).

“El panorama no es alentador”, advierte a la AFP el economista Hugo Ñopo, afirmando que “en Perú hay hogares de ingresos medios, [pero] no existe una clase media consolidada[...], con un patrón de consumo y acceso a bienes básicos, que es lo que define a la clase media”.

“Cuando se produce una crisis como la actual, ésta afecta a los hogares pobres, a los ricos no les afecta. En los dos extremos de la distribución de ingresos, los que quedan en el medio acaban en el peor de los mundos porque reciben un ‘shock’ negativo, tampoco reciben ayuda del estado, son los más olvidados”, dice Ñopo.

- “La que más sufriría” -

En tanto, la politóloga Jessica Smith señala que “el empleo informal, lo precario del sistema de salud pública y la incertidumbre que genera el sistema de pensiones son solo algunos de los elementos que han preocupado significativamente a la clase media peruana”.

Se suma la incertidumbre por “la amenaza de que el país siga el camino de Venezuela si gana Castillo o se siga beneficiando a los mismos sectores económicos si gana Keiko, perpetuando el círculo vicioso de la desigualdad”, dice a la AFP la académica de la Universidad Central de Chile.

“La clase media está sumamente preocupada porque sería la que más sufriría [si gana Castillo]. El rico se va de Perú, el pobre va a ser el beneficiado en un gobierno socialista-comunista. Al que van a apretar es a la clase media”, indica González Izquierdo.

“Temor al terrorismo” -

La estrategia electoral de exacerbación de los miedos hacia el contrario ha marcado esta campaña. La tensión aumentó la semana pasada tras la matanza de 16 personas en un valle cocalero, atribuida a remanentes de la guerrilla maoísta Sendero Luminoso, lo que hizo evocar los años de violencia armada (1980-2000).

Algunos peruanos de clase media no ocultan sus temores.

“Hay incertidumbre más que todo en las tradiciones del partido político de Keiko Fujimori, que viene de la trayectoria del padre. El de Castillo es un partido nuevo, pero tengo la duda hasta el momento de por quién sufragar”, dice a la AFP el limeño Rudy Sequeiros.

“Todos tenemos temor de que vuelva a aflorar lo que era el terrorismo”, indica a la AFP Daniel Herrera, dueño de una peluquería de Lima, quien además teme que Castillo pretenda “sustraer un porcentaje a las personas que tienen un patrimonio económico para dárselo a personas que son de bajos recursos”.

Instituciones débiles que afectan a todo

Para el exministro de Economía Alonso Segura, “el gran tema de Perú es la informalidad en múltiples dimensiones, porque es una mezcla de debilidad institucional con ineficiencias de productividad”.

Un reflejo de la débil institucionalidad política es que hubo tres presidentes en cinco días en noviembre de 2020, mientras que en el ámbito económico, más del 70% de los trabajadores son informales.

“Un gran porcentaje están empleados en empresas pequeñas y medianas poco productivas, generan pocos excedentes, no pagan impuestos y se mueven en un mundo de baja calidad del empleo”, dice Segura.

“La informalidad tiene como consecuencia que no haya protección contra el desempleo, que haya riesgos de pobreza durante la vejez y que tengamos un sistema de salud precario. Los trabajadores en Perú no cuentan con una estructura de protección social efectiva”, indica Macera Diego Macera, gerente general del Instituto Peruano de Economía.


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