“¡Una vergüenza!”

Por Redacción

Hace casi tres años atrás comencé a vivir algo que hoy me da vergüenza contar. Después de perder a mi compañero de vida, y viviendo con un hijo discapacitado, comencé, ayudada por mis dos hijas, a tramitar la pensión. Al principio nadie sabía dónde debíamos comenzar, a quién dirigirnos, ya que mi marido era retirado del régimen policial de la provincia. Fuimos al Anses, a la Regional II, y terminamos en la comisaría que corresponde a mi domicilio, donde el personal sólo nos hizo llenar unas planillas y adjuntar documentación para enviar a Viedma sin darnos mucha información. Estos documentos fueron enviados a UCP (Unidad de Control Provisional). Aquí comienza lo que yo llamo al principio una vergüenza. Nos decían que por tener un hijo discapacitado iba a ser corta la espera. Pasaron los meses y seguían dándonos vueltas. Desde la UCP fueron enviados nuestros papeles al Anses de Viedma donde se terminan todas las pensiones de la Policía provincial –por muy poco personal, dicho de paso– y donde la información fue muy poca y dada de muy mala manera. En este lugar el expediente de mi pensión estuvo retenido durante muchos meses, luego devuelto a la UCP por falta de información, según decían, y de vuelta al Anses de Viedma. Después de muchos meses, recién fue enviado a la dirección Asuntos Interjurisdiccional del Anses en Buenos Aires, en donde también demoró bastante tiempo. Mientras, nosotras seguíamos realizando llamadas, pocas veces contestadas. Ya teníamos más de un año de espera. Durante este tiempo, siempre ayudada por mis hijas, y sin olvidarme de mi hijo discapacitado y sus necesidades, me mantuve haciendo comidas para vender, para cubrir lo básico. Seguía la espera y aumentaba la vergüenza y la impotencia. Ya no sabíamos a quién más recurrir. Tocamos muchas puertas, algunas no tenían nada que ver, pero igual colaboraban en lo que podían, como el señor Abel Peña, la defensora del Pueblo y algunos más. Asimismo, del otro lado de la balanza estaban los que no nos daban respuestas o nos mentían, o peor, perdían nuestro expediente, como en el Anses de Viedma, donde sólo después de la intervención de la defensora del Pueblo movió nuestro expediente. Finalmente cobré parte de la pensión después de un año y medio de espera. Con el primer recibo nos dimos cuenta de que había sido mal liquidado. Quizás pensaron que por ser viuda y con un hijo discapacitado me podían dar lo que ellos creían suficiente para callarme y que me quede tranquila, pero no fue así. Estaba muy dolida por el tiempo de espera, por las llamadas sin respuestas, por todo lo que tuve que pasar a pesar de que mi marido trabajó para la provincia con el fin de que el día que ya no estuviese su hijo tuviese un buen pasar, y eso no lo podíamos cumplir. Volvimos a reclamar lo que nos corresponde, y otra vez las llamadas y las esperas. Dos años y medio en total nos llevó poder cobrar la pensión que mi marido nos dejó a mi hijo y a mí. Agradezco a las personas que nos ayudaron en la UCP Viedma y Anses Roca, asesorándonos y explicándonos sobre los trámites a seguir para terminar con esto. Ojalá que esto que nos tocó vivir no se repita con nadie y cambie esta situación, ya que después de quedarnos solas es una vergüenza que nos hagan pasar por todo esto para tener lo que nos corresponde. Amalia Cerolini Vda. de Fernández DNI 11.608.184 Roca

Amalia Cerolini Vda. de Fernández DNI 11.608.184 Roca