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Durante un tumultuoso siglo Argentina ha oído muchos discursos divisorios, algunos de los cuales llevaron al país a una era de interminables revanchas y contrarrevanchas. Sorprende entonces a aquellos que tenemos suficientes años para recordarlos que Mauricio Macri salga en un momento crítico a clasificar a los argentinos con típico espíritu maniqueísta en los consabidos “dos grupos”, en este caso los que quieren construir un futuro y los que quieren “destruirlo”. Las expresiones del presidente son lamentables. Hoy más que nunca es necesario acentuar los consensos no los disensos, para tratar de juntar lo que se ha separado. Se entiende que hasta ahora Macri prosperó buscando imaginarios “cucos” adversarios, pero esto debe acabar: Cambiemos (si aún sigue unido) tiene una economía para arreglar y una Argentina para unir cohesivamente. Confiemos en que el presidente pueda encontrar en su alma un átomo de grandeza que le permita elevarse por sobre la desastrosa situación que él mismo ha contribuido a crear, y pueda pasar así de ser de un simple presidente mediocre a un estadista que la historia pueda recordar amablemente.

Leonardo Peusner

DNI 571.871

Leonardo Peusner

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