"Valentín Alsina, asesinato y furia"

Cuando a fines del 2008 tomé conocimiento de linchamientos producidos en Bolivia, en el pueblo de Achacachi, a 70 kilómetros de La Paz, donde un grupo de vecinos ante un presunto robo habían linchado a once personas torturándolas y quemándolas dando muerte a dos de ellas quedé pasmada, azorada... no podía creer lo que leía.

Ellos hablan de "justicia comunitaria", de no poseer Justicia ni seguridad pública. Sucesos parecidos acontecieron en el mismo país en el 2004, en el pueblo de Ayo Ayo. La Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados advirtió que no se trataba de un hecho aislado y que había más de dos decenas de casos muy similares, en los que la población hacía justicia por mano propia. En dicho país, en los barrios marginales de las ciudades, donde conviven la extrema pobreza y la total desatención de los gobernantes, cada mes hay por lo menos un caso en el que los vecinos flagelan, queman, cuelgan y asesinan a los ladrones o a quienes son acusados de delitos como violación o hurto, una costumbre ancestral de los pueblos que soportan la histórica injusticia de los poderes públicos y que sólo encuentran justicia cuando la ejecutan con sus propias manos.

Esto, al menos, es lo que dijeron los comunarios de Achocalla, otro pueblo de las afueras de La Paz. "Hemos hecho justicia", decían los comunarios que habían secuestrado, asesinado y quemado al alcalde de Ayo Ayo, acusado de robar a los más pobres y de usar la corrupta Justicia oficial para perseguir y encarcelar a sus detractores.

Hace muchos años también me paralizaba al observar por televisión cómo las fuerzas policiales entraban a las favelas de Río de Janeiro (Brasil) y ver que tras los enfrentamientos los delincuentes caídos eran niños de nueve, diez, once años... no podía creerlo.

Hace poco más de un mes veía por televisión la furia de los vecinos de Valentín Alsina, desatada producto del asesinato de una persona por un adolescente de catorce años; agredían verbal y físicamente a un fiscal y a un funcionario público. Cuánta furia contenida y desatada ante tanto flagelo, cuánto horror... un padre asesinado, un adolescente de catorce años asesino, casos de delincuencia cada vez más violentos en forma diaria.

¿Quién gesta a estos asesinos? Debo contestarme que todos nosotros, nuestra sociedad; no son importados, no nacen por generación espontánea. Me dirán "Pero yo soy honesto, trabajador...". Ese padre era honesto, trabajador... ¿qué culpa tenía? Sí, es verdad. Pero también es una realidad trágica que demuestra que nuestras instituciones no funcionan. Es un tema sumamente complejo; las instituciones no son entes abstractos, funcionan si funcionamos nosotros. Hemos involucionado, siendo testigos de cómo los poderes políticos se enriquecen frente a nuestros ojos y de cómo cada vez el pobre es más pobre y el rico más rico, cómo la clase media cada vez tiene menos de media y más de pobre. El abandono de temas trascendentes como la educación y la salud, la epidemia de la corrupción y la cooptación de los poderes legislativos y judiciales, alienados al poder ejecutivo de turno, el clientelismo político... todo esto sí tiene mucho que ver con la complejidad del tema de la inseguridad. Deseo un país en el que no tenga que trabajar para luchar contra la inseguridad o por la seguridad sino por un país en el que se trabaje por el bienestar general de todos los habitantes.

Son tiempos de participar activamente. No se cambia el mundo de un día para el otro, ni un sistema gestado perversamente. No creo en el "Que se vayan todos", porque esos "todos" también son producto nuestro. Sí creo en la capacidad de las personas para actuar colectivamente, cada uno aportando lo que pueda. Hay que sanear nuestra sociedad enferma de tanta desidia e indiferencia por parte de quienes tienen la responsabilidad de conducir nuestras instituciones.

Andrea Alejandra Gatica

DNI 22.816.754

Neuquén


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