Venezuela, el país de más alto riesgo
EMILIO J. CÁRDENAS (*)
Por primera vez en casi un año, la caótica Venezuela del cada vez más inepto Nicolás Maduro ha desbancado a la Argentina del primer lugar en la lista de los países con más alto “riesgo” del mundo. Al menos para los prestamistas. En efecto, como consecuencia de la desconfianza que en todas partes genera Venezuela para poder financiarse en el exterior, deberá pagar una tasa de interés algo más alta que las que debería, en su caso, afrontar la República Argentina. Para Venezuela, unos 10,2 puntos porcentuales por encima de la tasa de interés que paga Estados Unidos, la nación de todo el planeta que se financia al menor costo, pese a sus recientes errores y graves desencuentros políticos domésticos. La Argentina (como Bielorrusia) debe pagar unos 8,25 puntos porcentuales por sobre la tasa norteamericana. Ambos están, queda visto, en las antípodas, ciertamente, de lo que pagan por sus pasivos externos los países más exitosos de la región, como sucede con el caso del moderno Chile (país exitoso, que abona apenas 1,6 puntos porcentuales por sobre la tasa norteamericana) y la ordenada Colombia (con 1,5 puntos por encima de la tasa norteamericana). El caso de Venezuela es realmente lamentable, desde que hablamos de un país con enormes recursos en materia de hidrocarburos, que son desperdiciados y malgastados –si no, según algunos, robados– desde hace por lo menos una década. A lo que se suma la circunstancia de que los niveles de reservas de libre disponibilidad son ahora extremadamente bajos. Críticos, más bien. En lo que va de este año, ellos han caído un 27%. Y nadie sabe, a ciencia cierta y con total transparencia, cuál es el nivel real de reservas de libre disponibilidad venezolano, desde que la operación del llamado Fonden, donde Pdvsa transfiere más de la mitad del producido de sus exportaciones de crudo, es sumamente opaca. Pero la petrolera estatal debe cambiar sus dólares al tipo de cambio oficial, que poco y nada tiene que ver con la realidad del mercado, situación adversa que la desfinancia sistemáticamente y que la obliga a financiarse con emisiones de moneda que contribuyen a alimentar una inflación ya absolutamente desaforada. Por el momento, sin embargo, nadie huye de los bonos venezolanos, que hasta los grandes bancos mantienen en sus carteras. Una cosa son las estrecheces cambiarias, otra –distinta– los incumplimientos. Pero muchos venezolanos y acreedores de deudores venezolanos quisieran poder huir de Nicolás Maduro y su evidente incapacidad de gestión. Lo que no es fácil. No obstante las elecciones del 8 de diciembre, aunque municipales, se están transformando en una suerte de “referendo” acerca de la cuestionada presidencia de Nicolás Maduro. Si sus resultados fueran contundentes en contra de los “bolivarianos”, el panorama político podría cambiar. Lo que supone un acelerado desgaste para un “chavismo” que, sin Chávez, cada vez se sostiene menos. Por esto la oposición está entusiasmada con la posibilidad de derrotar a los “bolivarianos”, para lo cual deberá estar atenta a la posibilidad cierta de que haya fraude en los comicios que se acercan, como parece haber ocurrido en los que, tras la muerte de Hugo Chávez, de pronto consagraron a Maduro por un estrechísimo margen, aunque con dudas jamás resueltas, pese a las exigencias incumplidas de auditoría total que partieron claramente desde Unasur, sin que ellas jamás se cumplieran por parte del oficialismo venezolano, que hizo lo que se le dio la real gana, simulando una auditoría completa que no fue tal. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
EMILIO J. CÁRDENAS (*)
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