“Venezuela, otro populismo fracasado”

Redacción

Por Redacción

El presidente de Venezuela está incitando a la gente a tomar las fábricas, que han dejado de producir por la extraordinaria crisis política y económica que afecta a ese país. No es casualidad que la continuidad del chavismo, en versión del presidente Maduro, esté mostrando semejante fracaso. El populismo se basa en la noción de reparto: debe sacarse al rico para darles a los pobres. Es así como, en nombre de la popularidad necesaria para ganar elecciones y retener el poder, terminan con una economía en estado de postración, por lo cual pierden el apoyo de la gente que habían acercado mediante clientelismo con favores, dádivas, subsidios y propaganda. Es decir: utilizando los medios del Estado que da el poder.

No entienden que un país para desarrollarse necesita de estabilidad política y crecimiento económico. Creen que se puede repartir desde el Estado, obligando a los empresarios a bajar los precios aunque afecte la producción y la productividad.

No valoran, como tampoco los sindicalistas, una economía sana donde la moneda no se deprecie por la inflación. Tampoco permiten que las personas sean las que ejerzan su autoridad sobre sus propios bienes. Creen que el Estado lo hace mejor. Es así como no funcionan los sistemas de precios porque no respetan la propiedad. La lesionan mediante revoluciones, golpes de Estado o políticas económicas estatistas dirigistas e intervencionistas.

El populismo apura el ingrediente nacionalista que lo caracteriza con discursos xenófobos que demonizan al capital extranjero. Bajan la tasa de inversión disparando al corazón del ahorro del país, por lo que no se dispone de bienes de capital, baja la productividad y el crecimiento.

Cuando necesitan del capital extranjero, este no aparece porque teme que la inversión directa o la financiación de recursos para financiar emprendimientos del país termine con una intervención del gobierno desfavorable a los derechos de propiedad y hasta exista la posibilidad de la confiscación de algunas o todas las empresas. Las declaraciones de Maduro, como las del anterior gobierno argentino, dan a entender que para ellos la prosperidad económica no depende de funcionarios honrados ni de una Constitución que sea respetada por un sistema judicial eficiente.

Cuando funcionan mal la política y la economía, las personas que pueden hacerlo emigran a otros países donde se les permite gozar de lo que producen. Es el caso de los países latinoamericanos que han quebrado por ideas erróneas. Como dice mi amigo Armando Ribas, Miami se ha convertido en la “capital” de Latinoamérica debido a las migraciones del capital humano de varios países, entre ellos Cuba y Venezuela. Es así que Miami crece con el esfuerzo de los inmigrantes que han abandonado sus países de origen, donde la pobreza se va adueñando de los sueños y la vida de quienes por una cosa u otra no pudieron escapar hacia la libertad.

Ya no hay duda de que las políticas de acelerar el crecimiento económico con medidas que pretendan evitar las libres interacciones con todo el mundo no sirven. Por ello cualquier país que pretenda mejorar su economía y su calidad de vida no debe escuchar a quienes breguen por protección de la competencia extranjera exigiendo restricciones comerciales y aranceles que los aíslen del comercio internacional para evitar la competencia.

Eso nos lleva a lo que fue Cuba desde la Revolución, a lo que es ahora Venezuela y a donde hubiéramos ido si hubiera continuado en el poder un gobierno salido de las oscuras entrañas kirchneristas.

La única manera de salir del estado de postración económica y política es que el Estado deje de interferir en la mano invisible para fomentar el crecimiento económico.

Elena Valero Narváez

DNI 5.413.570

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Elena Valero Narváez

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Buenos Aires

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El presidente de Venezuela está incitando a la gente a tomar las fábricas, que han dejado de producir por la extraordinaria crisis política y económica que afecta a ese país. No es casualidad que la continuidad del chavismo, en versión del presidente Maduro, esté mostrando semejante fracaso. El populismo se basa en la noción de reparto: debe sacarse al rico para darles a los pobres. Es así como, en nombre de la popularidad necesaria para ganar elecciones y retener el poder, terminan con una economía en estado de postración, por lo cual pierden el apoyo de la gente que habían acercado mediante clientelismo con favores, dádivas, subsidios y propaganda. Es decir: utilizando los medios del Estado que da el poder.

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