Vigilando de cerca nuestros volcanes
La doctora en Geología María Paula Iglesia Llanos integra un proyecto, en cooperación con universidades alemanas, que busca estudiar los recientes desplazamientos de placas tectónicas y cómo afectan el comportamiento de los volcanes neuquinos. En diálogo con “Río Negro”, desde Junín, advierte que nuestra zona cordillerana es sísmica, pero que los movimientos hasta ahora no han causado efectos de consideración en los volcanes.
Nuestro suelo patagónico se está moviendo más de lo habitual. Pero por ahora lo hace lentamente, a mucha profundidad y no parece haber afectado demasiado a los volcanes cordilleranos, la principal preocupación de los científicos de la zona que están investigando el fenómeno.
María Paula Iglesia Llanos, doctora en Geología, es una de las científicas encargadas de la tarea, en Junín de los Andes, y si bien aclara que “no hay ninguna zona cerca de un borde de placas (en nuestro caso la subducción en Chile) que esté exenta de sufrir terremotos”, en el caso patagónico los movimientos se producen a mucha profundidad y es muy difícil que la zona se vea afectada por un evento similar al de febrero en Chile. Por otra parte, aunque que en las observaciones que viene realizando “no ha habido cambios significativos en la efusividad y sismicidad de los volcanes Chaitén, Llaima, Villarrica y Lanín”, no descarta que el movimiento de placas tras el terremoto en el vecino país tenga efectos en la actividad volcánica.
María Paula forma parte de un megaproyecto encabezado por universidad Christian-Albrecht de Kiel, de Alemania, que está trabajando en el estudio general de la zona de subducción de la placa de Nazca bajo la Sudamericana entre los 39 y 40° latitud sur, desde el océano hasta territorio argentino. En el caso argentino, “el subproyecto en el que me encuentro trabajando junto con colegas y estudiantes chilenos, tiene como objeto particular el estudio de terremotos en la zona de los volcanes Villarrica y Llaima en Chile y Lanín en Argentina, y su relación con el volcanismo y la subducción al oeste”, explica. Para ello, la Universidad de Kiel realizó convenios con la Universidad de Chile, y con la Universidad de Buenos Aires, para instalar estaciones sismológicas en los volcanes. María Paula quedó encargada de las que se instalaron en el área de Junín de los Andes. “A partir de los datos recogidos de las estaciones sismológicas, será posible conocer qué ocurre dentro del volcán, como también establecer el patrón de terremotos en el área”, señala.
–¿Cuál es la importancia de este estudio?
–Resulta de mucha importancia, porque a diferencia de Chile, donde se ha instalado una enorme red de estaciones sismológicas y cámaras para monitorear los volcanes, en la zona no tenemos nada parecido. Y esto resulta fundamental en este momento en particular en el que la zona está siendo afectada por importantes terremotos. En nuestro caso, las estaciones fueron instaladas por un año y en noviembre del 2009 fueron retiradas por los alemanes para su análisis. Una vez terminado el análisis de los datos primarios, los alemanes nos invitaron a mi colega y a mí a Alemania para la interpretación en relación a la geología.
–¿Existen conclusiones?
–Sí, aunque preliminares debido a la gran cantidad de datos y pocos recursos humanos con los que cuentan en Alemania. En lo que respecta a los datos argentinos, se observa la ocurrencia de varios eventos sísmicos en la zona de Junín pero con focos (puntos donde se originan los terremotos) relativamente profundos, confirmando así que, si bien se la califica como un área sísmica, no tiene historia de terremotos muy importantes o devastadores como los de Chile, o en nuestro país en las provincias de San Juan y Mendoza. Lamentablemente, los sismógrafos argentinos ya habían sido desinstalados cuando se produjo el terremoto del 27 de febrero en Chile o del 2 de marzo en Junín de los Andes, pero eventualmente otra buena cantidad instrumentos permanecen del lado chileno por otros dos años. La idea con estos datos es resolver la presencia de discontinuidades en profundidad, orientación y desplazamiento en fallas, presencia de fluidos y volátiles, magmas y roca parcialmente fundida, además de su correlación con los estudios geoquímicos y volcanológicos que se están llevando a cabo actualmente.
–Una una suerte de texto popular dice que la región se encuentra libre del peligro de terremotos, ¿es así?
–No hay ninguna zona cerca de un borde de placas (en nuestro caso la subducción en Chile) que esté exenta de sufrir terremotos. Lo que sí es cierto es que es muy difícil que nuestra región se vea afectada por un terremoto que provoque mucho daño, ya que como decíamos éstos se dan primariamente a profundidades importantes (más de 70 km) en esta zona. Y ciertamente, la cercanía a Chile hace que cada vez que ocurra un terremoto de magnitudes enormes como la de fines de febrero, éstos se sientan bastante. A propósito, los sismos que sufrió nuestra región no son réplicas, ya que por definición éstas son eventos menores que siguen a un terremoto muy fuerte en la zona. Y claramente aquí estamos bastante lejos de la región oceánica donde se produjo el gran terremoto de Chile. Simplemente son el resultado del proceso de subducción que está ocurriendo en el oeste, y que tampoco es que se han incrementado con el tiempo.
–¿Se pueden determinar que efectos tendrá este sismo y sus réplicas en la actividad volcánica en la zona cordillerana?
–Se sabe que en algunas ocasiones, el advenimiento de un terremoto de magnitud importante puede afectar las cámaras magmáticas que alimentan los volcanes, produciendo una reactivación de mismos. Sin embargo, de acuerdo con los estudios realizados por el Sernageomin (Servicio Nacional de Geología y Minería) de Chile, no ha habido cambios significativos en la efusividad y sismicidad de los volcanes Chaitén, Llaima, Villarrica y Lanín, en ese orden por su actividad decreciente.
–¿Fue el terremoto de febrero en Chile fue el más importante?
–Aquél fue definitivamente el terremoto principal y aún continúan las réplicas en Chile.
–¿Es predecible un terremoto?
–Es posible en algunas ocasiones, dependiendo de las características a que se ven sometidas las placas, predecir el lugar en el que se puede producir un terremoto e incluso aventurar su magnitud, pero de ninguna manera predecir cuándo va a ocurrir.
Equipos con los cuales se realizan las mediciones. Abajo, Yvonne Dzierma (Universidad de Kiel) junto a María Paula.
Leonardo Herrero
lherrero@rionegro.com.ar
Comentarios
Estimados/as lectores de Río Negro estamos trabajando en un módulo de comentarios propio. En breve estará habilitada la opción de comentar en notas nuevamente. Mientras tanto, te dejamos espacio para que puedas hacernos llegar tu comentario.
Gracias y disculpas por las molestias.
Comentar