“Viviendo bajo los aviones”



Más o menos ése fue el título de la portada del “Río Negro” del pasado miércoles 17/12, refiriéndose al conjunto de viviendas que se inauguraban ese día en un predio cercano al Aeropuerto Internacional del Neuquén. Con pocas palabras, el título describe con precisión la situación de miles de neuquinos que desde hace años vienen habitando en los alrededores de la pista, tanto en jurisdicción de la ciudad de Neuquén como de Plottier. Y cada día, la densidad de la población de esos sectores va en aumento. Y cada día son más los vuelos que llegan y parten. Cuando se armó la primera “pista de aterrizaje” o “campo de aviación”, durante la primera parte del siglo pasado, el pueblo estaba lejos. En derredor, sólo había chacras, campos y pobladores dispersos. Lo mismo se vivía cuando se avanzó hacia el aeropuerto provincial, que luego se elevaría a categoría de internacional. Desde los años 80 del pasado siglo, la población avanzó sobre la estación aérea, desde Neuquén y Plottier, arrasando con zonas productivas y plantando viviendas en lugares inconvenientes, como fueron los arcillosos terrenos en donde se levantaron los barrios San Lorenzo, de la capital. Hoy, como escribí antes, hay decenas de miles de personas que durante varias veces por día ven interrumpidos sus silencios con el tronar de las aeronaves que llegan o parten, y hasta pueden ver el salpullido o sarpullido de la panza de los aviones. Pero el espectáculo no es innocuo. Conlleva un enorme riesgo. Si bien la estadística demuestra que este aeropuerto registra un mínimo de situaciones de emergencia, accidentes o incidentes, no está vacunado contra ellos. Y de producirse algún día, con tanta población cercana, dejo los resultados para la imaginación de los lectores. Por esa hipótesis, por ese riesgo diario, es que desde hace años vengo planteando la necesidad de reubicar este aeropuerto. ¿Hacia dónde? Hacia donde los estudios lo aconsejen, tanto por espacios físicos, particularidades meteorológicas y, sobre todo, que esté rodeado de características geográficas que no atraigan pobladores. Este año la Legislatura del Neuquén, por iniciativa de la diputada Beatriz Kreitman, aprobó una declaración recomendando al Poder Ejecutivo iniciar estudios para esa reubicación. Es un avance. Se empieza a poner en agenda el tema. Se pone como excusa el alto costo del emprendimiento. Pero no debe haber presupuesto alto o inalcanzable cuando se trata de brindar seguridad a 40.000 personas o más. En definitiva, un nuevo aeropuerto se puede financiar con uno de los tantos bonos que, en dólares, está cobrando el gobierno provincial en sus contratos de concesión de áreas petroleras o gasíferas. Ricardo Villar, DNI 8.377.070 Neuquén

Ricardo Villar, DNI 8.377.070 Neuquén


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