La bandera blanta está arriba: la república de El Bolsón nació con cerveza y se celebra en la Fiesta del Lúpulo

De Otto Tipp y su efímera República a una familia que, décadas después, recuperó la historia y volvió a levantar el mástil. El lúpulo, su producto y la Fiesta Nacional construyen la identidad de un pueblo que nació festejando.

Por Lorena Vincenty

La bandera blanca vuelve a flamear en el mástil de la cervecería, como en tiempos de Otto Tipp: una señal de que la cerveza está lista y la historia sigue viva en El Bolsón.

La bandera blanca vuelve a levantarse porque la cerveza está lista. Flamea en el mástil de una cervecería. No anuncia independencia, ni convoca a ministros imaginarios como hace más de un siglo, pero reafirma algo más profundo: la historia, en El Bolsón, no se archiva; fermenta.

“Todo está totalmente asociado al lúpulo”, dice Mónica Milohanich y en esa frase cabe un valle entero. “Nosotros vivimos acá en 1986. Llegamos muy chicos y elegimos este lugar para quedarnos. Este año se cumplen 40 años desde que estamos”. Habla y el tiempo se ordena en capas, su llegada adolescente, el campo abierto que hoy es casi centro, los alambrados donde ahora hay veredas, la chacra abrazada por el crecimiento del pueblo.

Pero antes de su historia está la otra. La que empezó mucho antes de que El Bolsón fuera oficialmente El Bolsón, el primer brote de lo que hoy se celebra cada verano. “La historia de Otto Tipp es mucho más antigua”, dice.

Otto vivió allí desde 1904 hasta la década del veinte. En ese entonces no había casi nada, algunas casas dispersas, un valle ganadero y cerealero, límites difusos y un Estado ausente. Muchos pobladores llegaban desde Chile, el acceso más cercano. El Bolsón sería creado oficialmente en 1926, pero cuando Otto pisó ese suelo, el mapa todavía era una promesa.

El lúpulo, esa flor amarga que define el carácter de la cerveza, encontró en el valle andino el clima justo para crecer y convertirse en identidad productiva.

“Y él, como buen alemán, trae la cultura cervecera y, sobre todo, la primera planta de lúpulo a El Bolsón. No había lúpulo acá, y sin lúpulo no podés hacer cerveza. Cebada sí había pero el lúpulo, esa flor amarga que le da identidad a la bebida lo introduce él”.

Con esa decisión empieza no solo un cultivo, sino una tradición. Investigaciones posteriores indican que fue anterior al desarrollo cervecero de Bariloche y de buena parte de la Patagonia. En la Comarca Andina, sin dudas, fue el primero en cultivar lúpulo. Pero Mónica vuelve a esa escena mil veces narrada que tiene algo de western patagónico.

“No había sistemas de conservación, ni frío, ni embotellado. Cuando la cerveza estaba lista, Otto levantaba una bandera blanca. Era la señal, había que beberla antes de que se echara a perder, el valle entero lo sabía. Eso daba lugar a festejos que duraban varios días, en ese clima festivo nace la llamada República de El Bolsón”.

Entre festejos que duraban varios días y una cerveza que no podía esperar, nació la efímera “República de El Bolsón”, un episodio tan documentado como mítico.

Otto se proclama presidente, designan ministros y secretarios, redactan un acta de independencia. Está documentado. “No se sabe cuánto tuvo de broma y cuánto de seriedad, tal vez ambas cosas. Era regularse entre ellos, poner sus propias reglas en un territorio todavía sin estructura formal”. Pero la noticia llegó a las autoridades, desde Puerto Madryn enviaron a un militar para investigar qué sucedía en ese rincón cordillerano. Oficialmente lo presenaron como una broma y la República se disolvió. Ahí la historia se vuelve sombra.

“Otto Tipp desaparece. El último registro habla de una conversación con el militar. ‘Bueno, basta de bromas’, le habían dicho. La última vez que lo vieron, estaba esposado. No se sabe si volvió a Chile, si se fue por miedo o si simplemente decidió marcharse después de vender sus tierras. Lo concreto es que desaparece de los registros, pero algo de él quedó sembrado.

Mónica tenía 14 años cuando su familia dejó Buenos Aires. Su papá tenía 38 y cuatro hijos; ella era la mayor. Llegaron en noviembre y El Bolsón era hermoso pero aislado, cinco horas hasta Bariloche, cinco hasta Esquel, sin teléfonos en las casas. “Si querías llamar, ibas a la cooperativa, al locutorio”. Una comunidad tranquila, todavía ajena al turismo que vendría después.

A pocos metros de donde Otto Tipp cultivó las primeras plantas, la nueva generación de cerveceros vuelve a levantar la bandera como homenaje y continuidad.

La idea inicial era plantar lúpulo. El potencial productivo ya era reconocido. Pero el lúpulo tarda tres años en dar su primera producción y tres años sin ingresos eran imposibles. Su mamá, profesora de Historia, empezó a dar clases. Su papá buscó una alternativa rápida: las frutillas. A los dos años sumaron dulces y otros productos que hasta hoy comercializan en Cabañas Micó. El lúpulo quedó esperando, como una semilla en reposo.

Mónica más tarde se fue a estudiar, hoy es contadora. Volvió con su pareja, que había trabajado en Coca-Cola y recibía revistas latinoamericanas donde ya asomaba el boom de la cerveza artesanal. Eran los principios de los 2000. En El Bolsón existían cervecerías, pero no el movimiento actual. “Empezamos de cero, recuperando la historia de Otto Tipp y toda esa tradición”.

Como tantos otros cerveceros de la localidad, construyeron la fábrica desde cero. La cervecería está a unos 600 metros de donde estuvo Otto. Por eso este año inauguraron el mástil con la bandera blanca, como homenaje. “Quisimos rescatar esa historia cuando empezamos con la elaboración de cerveza. Era casi una obligación”. Hay herencias que no se reciben: se eligen.


Esa reunión se hizo gigante


La Fiesta Nacional del Lúpulo también atravesó su transformación. “Desde chica viví la Fiesta del Lúpulo. Era muy familiar”. La escena de su memoria se desarrolla en la Plaza Pagano: postas, competencias deportivas, chicos corriendo, padres alentando. El escenario existía, pero era pequeño. Cantaban artistas locales. La música acompañaba, pero no era el centro. Había desfile de carrozas con tractores y maquinaria de las chacras, todo decorado. Muy de pueblo, autentico.

La Fiesta del Lúpulo uno de los eventos más convocantes.

Era y es época de cosecha: lúpulo, pero también manzana, mosqueta, sauco. Un cierre productivo intenso que se extiende hasta marzo o abril. La fecha no era casual, celebrar era agradecer.

Con los años, el escenario ganó protagonismo. La fiesta creció, se volvió turística, profesional, masiva. “Hoy es un evento turístico muy fuerte. El impacto económico es enorme”. Los últimos dos años en que no se realizó, el vacío fue inmediato. Se notó en las reservas, en el movimiento, en el ánimo.

“Convoca muchísimo público de afuera. Pero lo lindo es que, aunque creció y se profesionalizó, sigue manteniendo esa esencia de varios días de celebración. Eso no se perdió”.

Tal vez ahí esté el verdadero legado de Otto Tipp. No en la república efímera ni en el misterio de su desaparición, sino en la idea de que una comunidad puede reunirse alrededor de una bebida, de una cosecha, de una historia compartida. La bandera blanca vuelve a levantarse, ya no para advertir que la cerveza puede echarse a perder, sino para recordar que, en este valle, los sueños, como el lúpulo, encuentran el clima justo para crecer.


Agenda de la Fiesta Nacional del Lúpulo


Durante cuatro jornadas, la ciudad celebrará su estatus como principal productor de lúpulo de Sudamérica.

  • Viernes 20: Nonpalidece: El reggae nacional dirá presente con la banda de Néstor Ramljak. Un show ideal para disfrutar de clásicos como “La Flor” bajo el cielo de la cordillera.
  • Sábado 21: La Beriso: El rock barrial de Rolo Sartorio será el plato fuerte del sábado. Se espera una convocatoria masiva para corear himnos como “Cómo Olvidarme”.
  • Domingo 22: Emanero: El cierre estará a cargo del fenómeno de la música urbana. En su mejor momento profesional, el artista traerá sus hits “Bandido” y “Adicto” para conectar con el público joven.
  • El predio ferial ofrecerá: puestos gastronómicos y degustaciones y una fuerte presencia de músicos y artistas de la zona.
  • Cervecería Otto Tipp está a tres cuadras de la Plaza Pagano, hacia el lado del Piltriquitrón, contra el cerro.

La bandera blanca vuelve a flamear en el mástil de la cervecería, como en tiempos de Otto Tipp: una señal de que la cerveza está lista y la historia sigue viva en El Bolsón.

La bandera blanca vuelve a levantarse porque la cerveza está lista. Flamea en el mástil de una cervecería. No anuncia independencia, ni convoca a ministros imaginarios como hace más de un siglo, pero reafirma algo más profundo: la historia, en El Bolsón, no se archiva; fermenta.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora

Comentarios

Estimados/as lectores de Río Negro estamos trabajando en un módulo de comentarios propio. En breve estará habilitada la opción de comentar en notas nuevamente. Mientras tanto, te dejamos espacio para que puedas hacernos llegar tu comentario.


Gracias y disculpas por las molestias.



Comentar