La “Pequeña Princesa” de Brasil: cacao, literatura y paisajes de cine, para los que buscan más que playas

Playas extensas, haciendas cacaoteras abiertas al viajero y escenarios que Jorge Amado convirtió en literatura universal: Ilhéus, en el sur de Bahía, combina descanso, cultura y sabores en un destino que escapa al circuito más conocido de Brasil y se revela de a poco, como una buena novela.

Redacción

Por Redacción

El litoral de Ilhéus se extiende por más de 70 kilómetros y combina playas urbanas, tramos vírgenes y áreas de selva preservada.

“El sol no se pone, se levanta en otros horizontes”, escribió Jorge Amado. En Ilhéus, esa frase funciona menos como una cita y más como una advertencia: acá, el viaje no se limita al paisaje. El mar tibio del Atlántico, el cacao que crece a la sombra de la selva y las historias que todavía caminan por sus calles, hacen de este rincón del sur de Bahía un destino que se vive con los sentidos despiertos.

Ubicada en plena Costa del Cacao, Ilhéus, conocida como la Pequeña Princesa del Sur, ofrece más de 70 kilómetros de litoral, el más extenso del estado. Hacia el sur, el viaje se vuelve confortable: playas amplias, resorts frente al mar, restaurantes cuidados y servicios pensados para el descanso. Hacia el norte, el paisaje cambia de tono y propone aventura: playas casi vírgenes, ríos que desembocan en el océano, senderos y áreas preservadas de Mata Atlántica.

Escenarios como el Cabaré Bataclan y el Bar Vesúvio mantienen viva la obra de Jorge Amado en el corazón de Ilhéus.

En el centro, la ciudad invita a combinar jornadas de playa con caminatas por su casco histórico, donde el pasado todavía pesa, pero no abruma. Ilhéus no es solo postal: es territorio con memoria.

La historia local está atravesada por el cacao. Durante décadas fue motor económico, motivo de disputas y símbolo de poder. Hoy, esa herencia se resignifica en el chocolate artesanal que se produce con cacao nativo y técnicas tradicionales. Muchas haciendas abren sus puertas para recorrer el proceso completo, del grano a la barra, y entender por qué el chocolate de Ilhéus ganó reconocimiento internacional. Degustarlo en origen no es un detalle gourmet, es una forma de leer el territorio.

El centro de la ciudad está situado en una isla artificial, rodeada por los ríos Almada, Cachoeira e Itaconoeira, además de los canales Jacaré e Itaípe. Alrededor del Almada, existe un área de preservación ambiental, que contiene cataratas y la fabulosa Laguna Encantada, con sus islotes llenos de misticismo, y que pueden ser conocidos a través de paseos de barco.

Las haciendas cacaoteras del sur de Bahía abren sus puertas al turismo y permiten conocer el proceso artesanal del chocolate, del grano a la barra.

Esa misma tierra fértil fue escenario de la obra de Jorge Amado, allí se ambientaron algunos de los romances del famoso escritor, ya que además de la costa dispone de belleza y encanto singulares. Allí se filmó la película Gabriela, clavo y canela. Sus personajes siguen vivos en espacios emblemáticos como el Cabaré Bataclan o el Bar Vesúvio, hoy preservados y abiertos al público. Caminar por allí es recorrer una ciudad que fue escrita antes de ser visitada, donde la ficción y la realidad se superponen sin esfuerzo.

La experiencia se completa en la mesa. La gastronomía local combina pescados y mariscos frescos, moquecas humeantes, aceite de dendê y postres donde el chocolate del sur de Bahía es protagonista. Los sabores son intensos, directos, sin artificios, como la identidad de la región.

Festivales culturales, eventos gastronómicos y celebraciones populares marcan el calendario anual y revelan el pulso bahiano. Con aeropuerto regional y buena conectividad, Ilhéus resulta accesible incluso para quienes buscan algo distinto dentro de Brasil.

Las haciendas cacaoteras del sur de Bahía abren sus puertas al turismo y permiten conocer el proceso artesanal del chocolate, del grano a la barra.

Ilhéus no grita para ser vista. Prefiere insinuarse. Es playa, pero también selva; es descanso, pero también historia; es literatura que se puede tocar. Un lugar para descubrir, sin apuro, donde el viaje no termina cuando se deja la arena, sino cuando se cierra, o se vuelve a abrir, un libro.


Información para ir a Ilhéus


  • Cuando viajar: Ilhéus está en el estado de Bahía, al noreste de Brasil, frente al Atlántico y rodeada por una selva que todavía se siente viva. El mar marca el ritmo y el aire salado se cuela en cada caminata. Se puede viajar en cualquier momento del año, aunque entre diciembre y marzo el clima acompaña mejor a quienes buscan días largos de playa, con temperaturas cálidas que invitan a bajar el ritmo y quedarse.
  • Historia, cacao y naturaleza en equilibrio: La ciudad combina historia y naturaleza sin estridencias. La Catedral de San Sebastián ordena el centro y remite a otro tiempo, mientras que las antiguas fazendas cacaoteras, como la Yrerê, abren sus puertas para contar cómo el cacao se transforma en chocolate artesanal. A pocos kilómetros, playas extensas, senderos y tramos de selva permiten alternar descanso con exploración, a pie, en bicicleta o a caballo.
  • Llegar es sencillo: Ilhéus tiene aeropuerto con vuelos diarios desde las principales ciudades de Brasil y buenas conexiones terrestres. El resto depende del viajero. Caminar, probar, leer el paisaje. Y entender por qué este rincón de la Costa del Cacao sigue siendo uno de esos lugares que no se muestran de golpe, pero se quedan.
  • Precio de un paquete para marzo: Incluye vuelo y alojamiento en un departamento, con un precio final por persona de $1.161.832. Para dos personas, el valor total asciende a $2.323.664. La tarifa no incluye la percepción RG 5617 y el precio sin impuestos nacionales es de $2.321.081.


El litoral de Ilhéus se extiende por más de 70 kilómetros y combina playas urbanas, tramos vírgenes y áreas de selva preservada.

“El sol no se pone, se levanta en otros horizontes”, escribió Jorge Amado. En Ilhéus, esa frase funciona menos como una cita y más como una advertencia: acá, el viaje no se limita al paisaje. El mar tibio del Atlántico, el cacao que crece a la sombra de la selva y las historias que todavía caminan por sus calles, hacen de este rincón del sur de Bahía un destino que se vive con los sentidos despiertos.

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