“¿Y eso no es obsceno?”

Redacción

Por Redacción

Sra. presidenta Cristina Fernández de Kirchner, con el mayor de los respetos hacia la investidura presidencial y en uso de mis derechos constitucionales, querría referirme a otro exabrupto utilizado por usted para calificar a la oposición de obscenos y miserables al aludir al episodio de las inundaciones y su correspondiente campaña sucia. Para ello comenzaría por dar algunas de las definiciones que existen al respecto. • Obscenos. En latín “obscenus”, significa “repulsivo, detestable” (posiblemente derivado de “ob caenun”, literalmente, “de la basura”). El término se usa principalmente en un contexto legal para describir expresiones (palabras, imágenes, acciones) que ofenden la moral sexual prevalente. A pesar de su largo uso formal e informal con una connotación sexual, la palabra aún mantiene el significado de “asqueroso” e incluso “desfavorable”, como “beneficios obscenos” o “la obscenidad de la guerra”. Puede usarse simplemente en el sentido de blasfemia o irreverencia o puede señalar algo que es un tabú, indecente, aborrecible o repugnante. • Miserables. La palabra “miserable” reconoce su origen etimológico en el latín “miserabilis”, derivada de “miser” con el significado de “desgraciado”. La calificación de miserable podemos atribuírsela a cosas, sentimientos, experiencias o personas, siempre con connotación negativa. En ciertos casos, y con una significación diferente, la persona miserable es la que se aprovecha de otros y los engaña para su provecho. También designa a quien tiene valores materiales pero los guarda y vive en forma denigrante. Lo miserable alude en todos los casos a escasez; en estos dos últimos casos (el del canalla o deshonesto y el del avaro), la falta es ética y espiritual. El triste episodio de las inundaciones tiene una sola interpretación y está referida, en verdad, a que desde los años 70 se habla de las obras hidráulicas del proyecto de los emisarios en la ciudad de Rosario, La Picasa –en el sur de la provincia de Santa Fe– y las cuatro cuencas de la provincia de Buenos Aires, reflotadas durante la corta campaña de Daniel Giustozzi, exaspirante a gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Ahora bien, pasaron 45 años y en Rosario, donde curiosamente nunca hubo gobiernos peronistas, se cumplieron los objetivos, mientras que en el resto solo hubo partidas en el presupuesto nacional que nunca fueron utilizadas para dichas obras. De aquí en más damos el puntapié inicial a las actitudes obscenas y miserables de todos los gobiernos que se sucedieron desde aquella época, sin dejar de destacar, justamente, los últimos 12 años del kirchnerismo, que ya tuvo aviso del mismo tenor como, entre otros, en La Plata, con exactamente el mismo gobernador que se incomoda cuando se le advierte de hechos que son de su absoluta responsabilidad. Ahora bien, no son actitudes obscenas y miserables, entre otras, mantener en el poder a un vicepresidente procesado como Amado Boudou; ascender al sospechado, denunciado e imputado por la desaparición de personas y enriquecimiento ilícito hoy renunciado-destituido César Milani; “subsidios irresponsables” a los amigos del poder como los hermanos Cirigliano; Madres de Plaza de Mayo con los hermanos Schoklender; Jaime; Aerolíneas Argentinas; la empresa más ineficiente de la actividad aérea mundial; Fútbol para Todos; Automovilismo para Todos; no luchar decididamente contra toda la corrupción que rodea al poder evitando que la Justicia investigue con jueces probos y en forma independiente; el negocio de la efedrina; la empresa Hotesur; Lázaro Báez; la utilización poco seria, transgresora y contraria a la ley de la cadena nacional para sus discursos partidarios; el uso del avión presidencial en el mismo sentido; la muerte del fiscal Nisman, aún no resuelta; las bochornosas elecciones en Tucumán y el ataque sostenido, furibundo y virulento hacia la Suprema Corte de Justicia. Por el contrario, la solución a los verdaderos problemas que nos aquejan, entre otros, y que todo el mundo conoce –desempleo, inflación, inseguridad, salud, educación, narcoactividad, etcétera, etcétera, con la incorporación, hoy, de las inundaciones– seguirá, a mi juicio, políticamente ninguneada y, a menos que lleguen al poder personas éticas y moralmente responsables, capaces de conducir una sociedad sin engaños, seguiremos estando a merced, en todos los casos, de improvisados gobernantes a los que les será imposible volver del ridículo y la mentira. Silvano Giacolla Caruso, DNI 8.119.343 Cinco Saltos

Silvano Giacolla Caruso, DNI 8.119.343 Cinco Saltos


Sra. presidenta Cristina Fernández de Kirchner, con el mayor de los respetos hacia la investidura presidencial y en uso de mis derechos constitucionales, querría referirme a otro exabrupto utilizado por usted para calificar a la oposición de obscenos y miserables al aludir al episodio de las inundaciones y su correspondiente campaña sucia. Para ello comenzaría por dar algunas de las definiciones que existen al respecto. • Obscenos. En latín “obscenus”, significa “repulsivo, detestable” (posiblemente derivado de “ob caenun”, literalmente, “de la basura”). El término se usa principalmente en un contexto legal para describir expresiones (palabras, imágenes, acciones) que ofenden la moral sexual prevalente. A pesar de su largo uso formal e informal con una connotación sexual, la palabra aún mantiene el significado de “asqueroso” e incluso “desfavorable”, como “beneficios obscenos” o “la obscenidad de la guerra”. Puede usarse simplemente en el sentido de blasfemia o irreverencia o puede señalar algo que es un tabú, indecente, aborrecible o repugnante. • Miserables. La palabra “miserable” reconoce su origen etimológico en el latín “miserabilis”, derivada de “miser” con el significado de “desgraciado”. La calificación de miserable podemos atribuírsela a cosas, sentimientos, experiencias o personas, siempre con connotación negativa. En ciertos casos, y con una significación diferente, la persona miserable es la que se aprovecha de otros y los engaña para su provecho. También designa a quien tiene valores materiales pero los guarda y vive en forma denigrante. Lo miserable alude en todos los casos a escasez; en estos dos últimos casos (el del canalla o deshonesto y el del avaro), la falta es ética y espiritual. El triste episodio de las inundaciones tiene una sola interpretación y está referida, en verdad, a que desde los años 70 se habla de las obras hidráulicas del proyecto de los emisarios en la ciudad de Rosario, La Picasa –en el sur de la provincia de Santa Fe– y las cuatro cuencas de la provincia de Buenos Aires, reflotadas durante la corta campaña de Daniel Giustozzi, exaspirante a gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Ahora bien, pasaron 45 años y en Rosario, donde curiosamente nunca hubo gobiernos peronistas, se cumplieron los objetivos, mientras que en el resto solo hubo partidas en el presupuesto nacional que nunca fueron utilizadas para dichas obras. De aquí en más damos el puntapié inicial a las actitudes obscenas y miserables de todos los gobiernos que se sucedieron desde aquella época, sin dejar de destacar, justamente, los últimos 12 años del kirchnerismo, que ya tuvo aviso del mismo tenor como, entre otros, en La Plata, con exactamente el mismo gobernador que se incomoda cuando se le advierte de hechos que son de su absoluta responsabilidad. Ahora bien, no son actitudes obscenas y miserables, entre otras, mantener en el poder a un vicepresidente procesado como Amado Boudou; ascender al sospechado, denunciado e imputado por la desaparición de personas y enriquecimiento ilícito hoy renunciado-destituido César Milani; “subsidios irresponsables” a los amigos del poder como los hermanos Cirigliano; Madres de Plaza de Mayo con los hermanos Schoklender; Jaime; Aerolíneas Argentinas; la empresa más ineficiente de la actividad aérea mundial; Fútbol para Todos; Automovilismo para Todos; no luchar decididamente contra toda la corrupción que rodea al poder evitando que la Justicia investigue con jueces probos y en forma independiente; el negocio de la efedrina; la empresa Hotesur; Lázaro Báez; la utilización poco seria, transgresora y contraria a la ley de la cadena nacional para sus discursos partidarios; el uso del avión presidencial en el mismo sentido; la muerte del fiscal Nisman, aún no resuelta; las bochornosas elecciones en Tucumán y el ataque sostenido, furibundo y virulento hacia la Suprema Corte de Justicia. Por el contrario, la solución a los verdaderos problemas que nos aquejan, entre otros, y que todo el mundo conoce –desempleo, inflación, inseguridad, salud, educación, narcoactividad, etcétera, etcétera, con la incorporación, hoy, de las inundaciones– seguirá, a mi juicio, políticamente ninguneada y, a menos que lleguen al poder personas éticas y moralmente responsables, capaces de conducir una sociedad sin engaños, seguiremos estando a merced, en todos los casos, de improvisados gobernantes a los que les será imposible volver del ridículo y la mentira. Silvano Giacolla Caruso, DNI 8.119.343 Cinco Saltos

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