Ya no se puede demonizar al FMI

Por Redacción

Fondo Monetario Internacional

Para los políticos, demonizar al FMI es uno de los deportes favoritos. Es una suerte de “demonio” indefinido, que además no se defiende. No importa que la Argentina sea parte de la institución y que atacarlo sea de algún modo escupir al cielo, entonces. Igual el FMI es un blanco ideal y una “cortina de humo” siempre a mano para poder echar las culpas a otros y esconder los errores propios. Un “diablo” predilecto de la izquierda, por otra parte.

No obstante, debieran saber que los investigadores del FMI acaban de señalar que, en algunos casos, imponer medidas graves de austeridad para poder pagar rápidamente a los acreedores externos (para “desendeudarse”) puede dañar a la economía que así se comporta. Así de claro.

Y que, en esos casos, puede -a veces- ser preferible bajar el “peso relativo” de la deuda haciendo crecer la economía en lugar de apuntar a “desendeudarse”. Porque destinar recursos fiscales a pagar la deuda supone, a veces, desacelerar aún más a la economía en problemas. Y, como si eso fuera poco, no necesariamente permite evitar los riesgos financieros y monetarios que se advierten en un escenario internacional futuro que hoy está lleno de fragilidad y de interrogantes de distinto tipo.

De alguna manera el FMI sugiere que nunca los mandobles repentinos son ideales y que, de pronto, un camino mixto de soluciones graduales es la vía menos riesgosa para tratar de superar las crisis. In médium veritas, diría seguramente algún romano.

Lo cierto es que ya no se puede acusar alegremente al FMI de sugerir siempre recetas de austeridad. A veces, queda claro, el FMI se para en la otra vereda. Depende de las circunstancias.

Gustavo Chopitea

Analista del Grupo Agenda Internacional

Gustavo Chopitea