“Reorientar flujos migratorios” ¿es un modelo de desarrollo?

02 jun 2017 - 00:00
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El 28 de mayo, el diario Infobae sorprendió a los lectores con una nota titulada “El plan del gobierno para trasladar inmigrantes del GBA y la Capital al interior del país”. La bajada de la pieza (escrita por Martín Dinatale) informaba sobre el inquietantemente titulado “Proyecto para reorientar los flujos migratorios de Argentina” y puntualizaba en que el mismo apunta a lograr que la población migrante del Área Metropolitana de Buenos Aires se mude “ al interior” (entrecomillado textual. Según la nota, el programa ya empezó la fase de implementación, coordinada por la Dirección Nacional de Migraciones). Este proyecto no sólo define como “población migrante” a los extranjeros residentes en el Área Metropolitana de Buenos Aires sino además agrega algo novedoso, que son “los argentinos del interior que viven en el conurbano bonaerense o en la Capital Federal”. Es decir, se busca sacar de la zona del conurbano no sólo a extranjeros, sino también a argentinos “del interior” (sea lo que sea eso) que vivan allí.

El imbalance poblacional entre el Área Metropolitana y el interior se debe, según el diagnóstico del plan, a la existencia de demasiados “migrantes ciegos”: aquellos no logran “percibir que hay en el interior del país buenas condiciones de vida para poder instalarse y que cree que la única opción de hábitat es el Área Metropolitana de Buenos Aires” (también textual).

El programa ofrecerá una “campaña de concientización” sobre las oportunidades que existen en “el interior”, que incluirá “desde el ofrecimiento de tierras del Estado en diferentes provincias hasta programas sociales, asistencia sanitaria y educativa”. También se informa que “la intención del gobierno es articular entre los ministerios de Trabajo, Salud, Educación y Producción para ofrecer trabajo de acuerdo a las habilidades de cada beneficiario de este programa y ciertas comodidades de vivienda, salud y educación para sus hijos”.

Es difícil saber por dónde comenzar a analizar este plan.

Por un lado, nadie podría dudar de que el macrocefalismo demográfico de la Argentina afecta de manera negativa al desarrollo y el dinamismo productivo del país.

Tampoco es este diagnóstico una novedad: prácticamente todos los gobiernos argentinos han intentado poblar las provincias. Sarmiento trató de imponer el modelo de colonias de granjeros que había visto en Estados Unidos, a eso le siguió un modelo de poblamiento ligado a la “creación de soberanía”, con ciudades fundadas alrededor de cuarteles del ejército. Luego, se intentó el paradigma desarrollista, con sus sueños de altos hornos, yacimientos petrolíferos, diques hidroeléctricos y fábricas automotrices.

Sin embargo es preocupante que la política del Estado nacional pase de “desarrollemos las provincias” a “saquemos a los inmigrantes del conurbano”, ya que ambas cosas son muy distintas.

Y más preocupante aún resulta que se suponga que la razón del imbalance poblacional entre el AMBA y el resto del país se debe a la “ceguera” o falta de propensión a mudarse de los inmigrantes y sólo de los inmigrantes o que se hable de una entelequia denominada “interior” como de una tabula rasa a la que se puede “trasladar gente” de manera probablemente semicoercitiva sin una idea muy clara de hacer qué (semicoercitiva porque ¿qué pasará con una familia extranjera, tal vez ilegal, que vive en una villa a la que le ofrecen “mudarse” y dice que no? El estado tiene muchas maneras de obligarla).

Si bien es cierto que la región del Área Metropolitana de Buenos Aires concentra un gran porcentaje de la población, esta estructura macrocefálica es muy antigua, ya que se consolidó alrededor del principio del siglo veinte. El pico de población del conurbano se produjo en 1974, y la Ciudad de Buenos Aires no aumenta su población desde 1947.

Según cifras del Instituto del Conurbano de la Universidad de General Sarmiento en el 2016 sólo del 5,23% de los habitantes del conurbano nació en el extranjero. De acuerdo al censo del 2010 aproximadamente el 75% de los habitantes de la PBA son nacidos allí. Y la provincia que envió más migrantes internos a la PBA en los últimos años fue ... ¡la Ciudad de Buenos Aires! Según algunos análisis, el mayor factor en el crecimiento del conurbano es la migración desde la CABA asociada a los nuevos countries. ¿Se tratará entonces de trasladar a los vecinos recién mudados a Pilar a cultivar la tierra en Salta o lúpulo en Esquel?

Por otra parte, los datos demuestran que la personas en Argentina no tienen ningún problema en mudarse de región o provincia si hay oportunidades laborales y horizonte de progreso. La región del país que tuvo el mayor aumento poblacional según el censo 2010 es la Patagonia, encabezada por Santa Cruz. Por dar un ejemplo cercano, la ciudad de Añelo multiplicó su población en una década, a partir del boom de Vaca Muerta. De la mano de la promoción industrial, Ushuaia tuvo un crecimiento explosivo.

Sobran entonces los interrogantes. ¿Se van a “regalar tierras? ¿Cuáles tierras, dónde y para producir qué? Si se trata de hacer la reforma agraria y repartir tierras de alta productividad en la zona núcleo de altos rindes, sería interesante. Por otra parte, ¿qué van a cultivar o producir cuando, por ejemplo, la fruticultura del Alto Valle esté en una crisis terminal? ¿Y lo mismo pasa con la horticultura familiar en la provincia de Buenos Aires? Si se trata de ofrecer una parcela en una zona de rinde marginal con el sólo fin de sacar gente “indeseable”, ya se trata de otra cosa. Que no es, precisamente, un modelo de desarrollo.

*Politóloga y profesora de la sede Alto Valle de la Universidad Nacional de Río Negro

Un proyecto oficial busca trasladar del conurbano no sólo a extranjeros, sino también a argentinos “del interior” que vivan allí y reorientarlos a otras provincias.
Es preocupante que una política del Estado nacional pase
de “desarrollemos las provincias” a “saquemos a los inmigrantes del conurbano”
bonaerense.

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