Darío Sztajnszrajber y la irrupción de la filosofía

La vocación por divulgar el conocimiento resalta en “Desencajados”, el espectáculo que el ensayista traerá a Neuquén y Roca y que entrecruza música y teatro para dialogar con la filosofía.

02 abr 2017 - 00:00
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El 5 de este mes a las 21:30 en el Cine Teatro Español de Neuquén y el jueves 6 a las 21 en el Espacio Cultural de Fundación Cultural Patagonia, San Luis 2085, Roca, Darío Sztajnszrajber presentará “Desencajados”, continuando en este último caso con el proyecto Fundación Cultural Patagonia Más.

“Celebro primero la vocación, en distintas localidades del país, de apostar a este tipo de propuesta, que no es fácil porque, aunque ha habido muchos cambios en la relación de la divulgación con los medios, con el teatro, con sus formatos, sigue siendo todo un desafío para quienes se deciden a incorporar esta clase de contenidos”. Así inició Sztajnszrajber el diálogo con “Río Negro” en su casa de Buenos Aires.

“Esto nace, básicamente, con el proyecto Canal Encuentro de transformación de los medios y de lo que podemos llamar a grandes rasgos, la institución educativa. Porque el canal se propuso ser un transmisor cultural y también insertarse en la práctica docente, aportando formas nuevas que ayuden a reinventarla. Su máximo logro, según creo, ya que la cantidad de programas que se usan en las aulas, como parte del trabajo en clase, manifiesta y ratifica que el plan funcionó”, contó el filósofo.

“Lo primero para decir es que tanto ‘Desencajados’ como nuestros distintos proyectos, se enmarcan en la vocación de divulgar el conocimiento, entendiéndola como una puerta más para apropiarse, por parte de la ciudadanía, del saber. Una de las maneras de ejercer derechos en una sociedad democrática, sobre todo cuando el poder está tan asociado el control del saber. Entonces, para nosotros, no hay lugar más productivo que el saber mismo para contraponer el ejercicio que el poder hace desde el saber. Su democratización no busca competir con la institución académica, todo lo contrario, quiere compartir, ofrecer nuevas vías para personas no interesadas en cursar una carrera, pero sí en conocer y, de nuevo, apropiarse del saber filosófico para su propia búsqueda y transformación”, agregó.

P- “Río Negro” publicó recientemente entrevistas a los filósofos Oscar Nudler y Samuel Cabanchik, en su edición digital y en papel. Acercando al lector temas de debate, de pensamiento. Una vía de contacto enorme para la filosofía que quizá remita a la antigua Grecia cuando los pensadores clásicos se reunían en el ágora a charlar con discípulos o quien por allí pasara.

R- Es recuperar la vocación originaria de la filosofía, que nace en la calle. Y cuando digo esto, hablo específicamente de los diálogos que se producían en el mercado, del intercambio de ideas, incluso. Pero, nace también en la calle existencial, en la cotidianeidad más íntima, porque todos nos hacemos preguntas existenciales en cualquier momento del día. Digamos, la filosofía tiene la inminencia de la pregunta rápida.

En cualquier situación que estemos, es posible dividirnos entre el valor de la práctica utilitaria que hacemos, y al mismo tiempo, preguntarnos, casi como una situación de extrañamiento, qué hacemos. Ahora, teniendo este diálogo, ambos podemos a la vez, interrogarnos por lo que estamos haciendo. Inaugurando, auspiciando la irrupción de la filosofía.

Cuando ves auspicioso que la filosofía esté en los diarios, para que ello ocurra debe salirse de sus lugares más sectorizados o burocratizados, a los que lamentablemente llegó por el devenir de la institución académica, cuyos debates endogámicos no le importan a nadie. Por lo menos, no tienen trascendencia social para que sean directamente tomados por el gran público.

Por ahí, inciden a la larga, pero así no sería útil su presencia en un diario. Hay muchos profesionales de filosofía que pueden debatir cuestiones éticas de un modo técnico, y probablemente después de mucho debate, alguno de sus conceptos sirva para después, en la vida diaria, pensar sobre la despenalización del aborto o la eutanasia. Pero, en sí, la discusión filosófica institucional maneja un lenguaje y una especificidad que deja sin sentido su divulgación.

Entonces, para que en un diario se pueda encontrar lenguaje filosófico, de parte de quien lo ejerce debe haber vocación de desenclaustrarse, de asumir otros lenguajes y entremezclarse con otros dispositivos comunicacionales.

De ahí surgió, en su momento, la idea de “Mentira la verdad” en Canal Encuentro y el resto de los proyectos en los que estamos, como “Desencajados”. Si en el primero, generamos asociación con el lenguaje televisivo, en el segundo lo hacemos con el lenguaje teatral y musical.

Montamos un espectáculo con el formato típico que entrecruza música y teatro, donde hay cuadros o escenas actuadas y participa una banda de músicos en vivo que va interviniendo conmigo y dialogando con la filosofía.

Lucrecia Pinto es la cantante y directora musical de la obra.

P- Cuando citaste “Mentira la verdad”, recordé el tema de Divididos que pregunta: “¿Qué ves cuando me ves, cuando la mentira es la verdad?”

R- Dos cosas. Primero, “¿Qué ves?” (De “La era de la boludez”, 1993) es un gran ejemplo de lo que buscamos con el espectáculo. Más allá de lo que dice la letra, la canción en su totalidad permite dialogar con la filosofía. El tema, repito, más allá del contenido, tiene fuerza y genera un clima que cobra otra intensidad dentro de una deconstrucción de límites entre verdad y mentira.

La clave de “Desencajados” no es que analizamos letras, sino que confrontamos –casi como una payada de géneros– a la filosofía y a la música; y mientras yo voy hablando, las canciones van interrumpiéndome, y mientras ellas se desencadenan, yo las intervengo con frases filosóficas o preguntas existenciales, lo que le da un sentido singular, su diferencia.

En relación con la pregunta, el disparador del tema de Divididos, nos hace pensar en la dificultad de seguir sosteniendo un pensamiento binario que jerarquiza un polo sobre otro, donde se supone que hay una verdad y una mentira, y hay quienes tienen acceso privilegiado a la primera. Al revés, la tarea de la filosofía es deconstruir ese monopolio de la verdad, o sea alertar siempre que quien dice hablar en nombre de la verdad, está imponiendo su propio interés como si fuese algo objetivo, único, real. Más que postular, frente a las verdades del poder, una verdad alternativa, la tarea de la filosofía que hacemos, más en línea con Friedrich Nietzsche (1844-1900), con Jacques Derrida, (1930-2004), es mostrar que en realidad, quienes se presentan como portadores de la verdad, ejercen una cuestión de poder.

Si la verdad siempre está asociada al poder, la tarea de la filosofía es develar esa situación. El filósofo que primero entiende esto, lo pone en evidencia, es Sócrates y le cuesta la vida. Él no cuestiona desde la supuesta posesión de una verdad, porque consideraba que de haberla, está en otro mundo; y si así es, seguro los que en la Tierra hablan en su nombre, diríamos con lenguaje más actual, están operando. Y su tarea es poner ese alerta.

Hay un famoso y provocativo texto de Peter Sloterdijk (1947), “Normas para un parque humano”, que inaugura lo que se llama post humanismo. Cuando comienza, medio accidentalmente dice: en realidad, toda la historia de la filosofía es una especie de intercambio epistolar, donde cada nuevo filósofo escribe una carta contestándole al anterior. Yo tengo la sensación, siguiendo esta línea más crítica del lenguaje, que la filosofía se presenta como un debate sobre las cosas, pero lo es sobre las palabras que pretenden nombrar a las cosas. Parece que Aristóteles propone la mejor forma de orden político para nuestra sociedad, pero en realidad se está peleando con Platón. Como esas parejas que discuten por quién se olvidó de llevar la ropa a lavar, pero están debatiendo el ejercicio de poder entre ambos y lo único que importa es que la ropa está sucia. Acá pasa algo parecido. Son lecturas que se hacen de la filosofía, viendo cómo entrarle desde otro lugar. Las nuevas corrientes, los nuevos pensadores, resignifican los textos que otros han escrito, que remiten a otros resignificados y así al infinito.

P- En todos tus trabajos, hay un cuidado preciso y un uso medido de la palabra para que nada carezca de sentido.

R- Sí. Básicamente, la filosofía es un género literario. Es una construcción lingüística que cuida formas, una retórica, una manera de seducir a una audiencia que de algún modo espera verse conmovida, zamarreada por la palabra, única herramienta del que hace filosofía. El lenguaje es todo para ella, por eso digo que es un género literario, y siguiendo aquella idea de Karl Marx en las “Tesis sobre Feuerbach” (1845), la número once: el hacer de la filosofía está puesto en la palabra transformadora.

Que también puede ser conservadora, ¿no? Funcional al statu quo. La diferencia está cuando hacer filosofía logra desestabilizar los lenguajes instituidos que han obturado el poder de la pregunta. Ese mismo lenguaje puede ser un arma o una coraza, dependiendo del uso que se le dé.

Entradas en Roca
y Neuquén
Las localidades anticipadas para la presentación de “Desencajados” en Roca se venden en la Secretaría de Fundación Cultural Patagonia, Rivadavia 2263, de lunes a viernes de 8:30 a 12:30 y de 14 a 20. Mayor información, en el (0298)-4432590. Para Neuquén, en Todomúsica, Av. Argentina 261. Duración: 130 minutos, sin intervalo.
Perfil
Reconocido filósofo y ensayista, Darío Sztajnszrajber (48) es responsable de los programas “Mentira la verdad: Filosofía a martillazos” que lleva ya cuatro temporadas, y “El amor al cine” de Canal Encuentro; y los radiales “Metro y medio” (columnista, Metro 95.1), “El innombrable” (Radio Madre, AM 530), y “Demasiado humano” desde 2015 por la Red de Radios Universitarias Nacionales y a partir de septiembre del 16 en Futurock.fm. Docente primario, secundario, terciario y de grado y posgrado en las universidades nacionales de Hurlingham, Buenos Aires y La Plata, y en la Flacso, publicó el libro “¿Para qué sirve la filosofía? Pequeño tratado sobre la demolición” (Planeta), y compiló y editó “Posjudaísmo (volúmenes 1 y 2)” y “Para aprender a leer a Platón”. Dirigió el profesorado de Historia en el Instituto Braun Menéndez. Desarrolló hace años una importante labor educativa en su cátedra del Seminario Rabínico Latinoamericano y en el Colegio Tarbut, e integró el Consejo Directivo de la Universidad Libre de Estudios Judaicos.
Desde 2012 hace “Desencajados: filosofía + música”, un diálogo de desmontaje, que presenta con la cantante y actriz Lucrecia Pinto, Martín “Chino” Capici en guitarra, el baterista y percusionista Lucas Wilders y Juan Finger en bajo; cuya puesta en escena es de Juan Bautista Carreras.