Trump y un paso peligroso: reconoce a Jerusalén como capital de Israel

La decisión, cuestionada desde todos los ángulos, provocaría un aumento de la tensión en Medio Oriente y golpea el proceso de paz con los palestinos. Hasta ahora Estados Unidos siempre reconoció que una parte de la ciudad les correspondía a los árabes.

07 dic 2017 - 00:00
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En una de las cuestiones más complicadas de la política internacional, el presidente norteamericano Donald Trump tomó ayer una decisión unilateral de enorme potencial explosivo: pese a la críticas y peticiones internacionales, Estados Unidos reconoció Jerusalén como la capital de Israel y anunció el traslado de su embajada a esa ciudad.

Lo que Washington considera un mero “reconocimiento de la realidad”, podría provocar una grave escalada de la violencia en Cercano Oriente y poner fin al proceso de paz entre israelíes y palestinos.

Al unísono alertaron la prensa estadounidense, “think tanks” en Washington y expertos negociadores en el conflicto: un país que pretende erigirse como mediador independiente y creíble no puede apoyar a una de las partes.

Y eso es precisamente lo que acaba de hacer Trump, incluso aunque deje margen para el traslado de la embajada a Jerusalén: echar por tierra un capital construido durante décadas de política exterior estadounidense, dañando masivamente la credibilidad del país.

La Casa Blanca, sin embargo, lo ve de otra forma: el conflicto está tan estancado que la acción del presidente no es otra cosa que la apertura de una ventana de oportunidad distinta. Todo parece indicar que Washington se queda solo en esa teoría, a excepción de Israel, que saludó efusivamente la decisión.

Los desafíos de Trump son ahora múltiples: además de “vender” su decisión como viento fresco a las negociaciones, deberá limitar los daño, frenar una posible ola de violencia y presentar una clara estrategia sobre la forma en que concibe una solución de paz.

El propio Trump siempre fue claro al hablar de la cuestión de Jerusalén. Ya en marzo de 2016, cuando era candidato a la presidencia, anunció esa medida al lobby proisraelí Aipac en Washington, de la que se mostró orgulloso, y también lo prometió en campaña.

Su actitud lo confirma como un líder que cumple sus promesas y así lo valoran la Iglesia evangélica en Estados Unidos y grandes donantes como el millonario judío Sheldon Adelson. Para él, Jerusalén es una cuestión muy sensible.

La Casa Blanca insiste en que para Trump la paz en Cercano Oriente sigue siendo muy importante: por eso pidió a su yerno Jared Kushner que siga negociando, aunque el plan de paz no estaría aún listo.

Y para no irritar totalmente a los palestinos, Trump sigue reconociendo su apoyo a una solución de dos Estados, como hicieron los ex presidentes Bill Clinton, George W. Bush o Barack Obama. Pero no está claro cómo puede compatiblizarse con su anuncio de ayer sobre Jerusalén.

Con los planes de Trump, los miembros del Gobierno religioso y derechista israelí se sienten confirmados en su deriva de intransigencia sobre la cuestión y hoy reaccionaron con euforia al anuncio. El primer ministro, Benjamin Netanyahu, lo consideró un apoyo a la “identidad histórica y nacional” de Israel, mientras el servicio secreto celebraba la jornada como un “día histórico”.

Los palestinos hablan incluso de “una declaración de guerra”
Los palestinos se mostraron al contrario indignados y ven a Donald Trump como un provocador de caos. El principal negociador del proceso de paz, Saeb Erekat, consideró que Estados Unidos ha perdido su credibilidad como mediador del proceso y destruido cualquier posibilidad de una solución de dos estados. En tanto, la política Hanan Ashrawi alertó incluso del peligro de una “guerra de religión” en la región.
“En un momento en que la región (...) necesita un avance, nuevas negociaciones de paz, llega (Trump) y comienza un nuevo capítulo de confusión, anarquía y desfiguración de una solución de dos Estados”, decía el enviado palestino en Reino Unido, Manuel Hassassian, a la BBC.
Para Hassassian, la declaración de Trump equivale a una declaración de guerra. “Ha declarado la guerra a 1.500 millones de musulmanes y a cientos de millones de cristianos”.
“Los actos de Estados Unidos representan una retirada de su
papel de apoyo
al proceso
de paz”.
Mahmud Abbas, presidente palestino.
“He resuelto que es hora de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel. Es ni más ni menos el reconocimiento de la realidad”.
Donald Trump, presidente de los Estados Unidos.
El anuncio de Trump logró que incluso los grandes enemigos hablen con una voz. La potencia sunita Arabia Saudita condenó el plan del presidente igual que su archirrival Irán.
Jerusalén

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