Laila declaró y pidió perdón a los padres de Carla Milla
Comenzó hoy el juicio por la balacera que terminó con la vida de una laboratorista de Allen, en marzo de 2013. La acusada dijo que sólo quería hacer justicia “por mano propia”.
“Fue como que cayó un telón”, dijo
CIPOLLETTI (AC).- Laila Díaz Sigri le pidió dos veces perdón a los padres de Carla Milla. Dijo que no les quiso arruinar la vida, que sólo intentó hacer justicia por mano propia y que le salió mal. Sin embargo se consideró también víctima de la situación. “Mi mamá murió y nadie se ocupó de ella”, relató entre lágrimas.
Ayer se realizó la primera audiencia por el crimen de la joven laboratorista de la Clínica Radiológica del Sur, el 23 de marzo de 2013. Ese día, Laila ingresó en una silla de ruedas hasta el segundo piso, solicitó la presencia de los doctores Núñez y Rodríguez a quienes acusó de una supuesta mala praxis hacia su madre, y como le dijeron que no se encontraban y que se tenía que retirar, extrajo un revolver calibre 32 y comenzó a disparar. En su cartera contaba además con unos 50 cartuchos que utilizó para recargar el arma. En este contexto murió Carla Milla.
Laila está acusada además de homicidio, por portación de arma de fuego sin la debida autorización legal; por violación de domicilio, amenazas con arma, daño reiterado y coacción con armas.
Ayer, declararon también los psiquiatras Sergio Blanes, perito del Poder Judicial y Patricia Martínez Llenás, por la defensa de Laila que es ejercida por el abogado de oficio Juan Pablo Piombo.
Hubo discrepancias. Blanes aseguró que salvo su “travestismo”, Laila “no sufre otro trastorno” (el médico utilizó la clasificación de la Organización Mundial de la Salud sobre enfermedades mentales, que actualmente está en revisión. Está identificado como F64.0- CIE 10) y agregó que “no hay elementos que permitan inferir que no comprendía su accionar al momento del hecho”. Martínez Llenas, en tanto, adujo que la imputada sufre de un “trastorno explosivo intermitente. No anula la capacidad de comprensión porque son trastornos de los impulsos”, argumentó. Explicó que “la descarga impulsiva no se puede frenar porque el impulso es irresistible”.
Ante una pregunta, Blanes no coincidió con su colega. Si bien dijo que Laila tiene dificultades en el control de los impulsos insistió en que su accionar “fue racional, se pudo controlar”.
La audiencia comenzó alrededor de las 9.30, en la Cámara Segunda del Crimen, en Cipolletti. A esa hora ingresó a la sala Laila Díaz. Se sentó. Al darse cuenta de que estaban los padres de Carla Milla, los miró y, a punto de llorar, les pidió perdón. El presidente del Tribunal, Pablo Repetto, le recordó que ya tendría tiempo para hablar. Luego, se leyeron los hechos que se le imputan, se resolvieron una serie de detalles jurídicos y se le preguntó si quería declarar. Volvió a pedir perdón y enhebró un relato desde su infancia hasta el día en que ingresó a la clínica cipoleña. Se demoró en algunos detalles como el bullying que sufrió en la escuela o la discriminación que sentía por su elección de género.
Detalló todas las veces que estuvo internada por depresión y los problemas de salud que le ocasionaron la siliconas que le puso un enfermero y que la obligan a estar en una silla de ruedas. Puede caminar con un bastón distancias cortas. “Yo quise hacer justicia por mano propia y me salió mal”, reconoció.
Al llegar al momento de la internación de su madre (que finalmente murió en el hospital Castro Rendón de Neuquén) dijo que en la clínica “la destrozaron” y que le dieron el alta sin la anuencia de ella y su hermano y que a las pocas horas la volvieron a internar en el Castro Rendón.
Recordó que cada vez que le daban el parte médico sufría “una puñalada” y que un día se levantó y pensó en suicidarse pero que se arrepintió porque no se podía matar sin hacer algo “con el que dañó” a su madre. “Agarré el revolver, cargué la caja de balas, agarré un taxi y me fui a la clínica. Sabía donde iba pero no podía evitarlo. Era como caer por un tobogán”, rememoró.
> Laila “no es inimputable” dijo una perito
“Laila no es inimputable. Sí tuvo en esta reacción emocional violenta pero es un trastorno intermitente. Consideramos que la imputabilidad en ese momento se encuentra disminuída. Hay una anulación del estado de conciencia, no está totalmente clara, lúcida, no está bien orientada”, explicó la perito de parte Patricia Martínez Llenas.
Según difundió el Poder Judicial, “el estímulo comenzó con una reacción de odio, ira ante la situación de una muerte que la llenó de una manera paranoica. Ella dijo: me mato, no, el que tiene que morir es Nuñez (médico), ahí se desencadenó. En la clínica se llevó adelante el acto. Además hay dos trastornos en ella, el trastorno de expresión intermitente y lo piromaniaco. Tiene un trastorno de los impulsos”, dijo.
Martínez Llenas explicó que la comprensión y la dirección de los actos estaba alterada en ese momento. La comprensión estaba disminuída y la dirección pasó más por la descarga, “es una descarga instintiva de la pulsión, no lo pudo frenar”, sostuvo.
La perito aclaró que por su tipo de personalidad hay un factor desencadenante que la hace reaccionar y cuando explota no puede parar. Además aclaró que “impulsividad paranoide la llevó a pensar permanentemente en su madre muerta (cuando aún estaba con vida), “estaba dentro de su cabeza”.
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