110 años de la hazaña: el noruego que llegó al Polo Sur

El 14 de diciembre de 1911, el noruego Roald Amundsen llegó por primera vez a ese extremo helado, una hazaña que se logró después de que fallara el plan de llegar al polo Norte y que también estuvo rodeada de enfrentamientos, buenas y malas decisiones, y hechos trágicos.





Por Julio Mosle

Una expedición encabezada por el explorador noruego Roald Amundsen se convirtió el 14 de diciembre de 1911 en la primera presencia del hombre en el Polo Sur, hazaña que pudo ser completada con el apoyo prestado por empresarios pesqueros argentino-noruegos.

Roald Amundsen


En un principio, la idea de Amundsen era llegar al Ártico y conquistar el Polo Norte, para ello obtuvo la licencia para tripular y comandar el “Fram”, el navío de exploración polar. Pero en 1909, sus rivales estadounidenses, Frederick Cook y Robert Peary, anunciaron por separado, que habían llegado al Polo Norte, y aunque luego se comprobó que no lo habían logrado, Amundsen decidió cambiar de planes y alcanzar el Polo Sur.
El historiador del Instituto Antártico Argentino (IAA), Pablo Fontana, contó que “parte de esa expedición fue financiada por un noruego radicado en Argentina, Pedro Christophersen, que era uno de los propietarios de la Compañía Argentina de Pesca que operaba con su factoría principal en la isla San Pedro, Georgias del Sur”. “Cuando Amundsen estaba alistándose en su estación de invierno antes de comenzar la marcha al Polo Sur el buque de ellos, el ‘Fram’, llega a Buenos Aires y no les quedaban fondos. Fue Christophersen quien los financia para continuar la expedición”, apuntó.

El Fram, de fondo, y el explorador en su trineo.


El historiador señaló que “cuando Amundsen vuelve de la expedición se va a la estancia de Christophersen en la provincia de Santa Fe que se llamaba ‘Carmen’ porque él estaba casado con Carmen de Alvear, nieta de Carlos María de Alvear.
Fontana subrayó que en la “época heroica” de la exploración antártica las expediciones hacían una base en la costa, y algunas lanzaban una travesía de un mes hacia el Polo, pero hasta 1944 la única presencia permanente en la Antártida fue la de Argentina en la base Orcadas, instalada a principios del siglo XX.
“La expedición de Amundsen desacelera el interés de las potencias imperiales por la Antártida porque una vez que el Polo Sur es alcanzado se perdió parte de la fascinación que generaba; entre esto y la llegada de tecnologías como la radio o el telégrafo sin hilos, el comienzo de la Primera Guerra Mundial y la aparición de buques más potentes y resistentes se pasa de la ‘era heroica’ a la ‘era mecánica’ que comenzaría alrededor de 1920 ya sin el afán de alcanzar el Polo Sur”, enfatizó.

La tragedia


Aunque Amundsen pasó a la historia como el líder de la primera expedición terrestre en alcanzar el Polo Sur, su hazaña siempre estará entrelazada con la tragedia de la expedición “Terra Nova” encabezada por el inglés Robert Falcon Scott, que alcanzó el Polo cinco semanas después pero sus integrantes murieron congelados durante el regreso.

El historiador del Instituto Antártico Argentino (IAA), Pablo Fontana, afirmó que «la era ‘heroica» de la exploración antártica comienza en 1895 y se extiende hasta el final de la Primera Guerra Mundial.

«Se trataba de expediciones científicas, varias de ellas de las potencias imperiales, que se extendían por uno o dos años antes de regresar, aunque Argentina ya mantenía presencia permanente en el Observatorio Orcadas desde 1904», dijo.

«Tanto la expedición de Amundsen como la de Scott avanzaron sobre la Antártida desde el Pacífico; pero mientras que el británico era menos propenso a escuchar recomendaciones e insistió en decisiones que le costaron la vida, el noruego tuvo una planificación muy detallada que le evitó sobresaltos serios», apuntó.

Scott llevó ponys a la expedición, lo que fue una pésima decisión para él y sus hombres.

Fontana contó que «en aquel momento una parte de la opinión pública le reprochó a Amundsen haber preparado su expedición en secreto y algunos lo consideraban una deslealtad, también se llegó a decir que Amundsen privilegiaba su vocación por llegar al Polo Sur en desmedro de la ciencia, pero la verdad es que ambas expediciones realizaron investigaciones y relevamientos».

«Amundsen era un explorador muy dedicado y detallista, había vivido un tiempo con los Inuits en el ártico y adoptó de ellos muchas cosas como el tipo de abrigo y los trineos de perros, era un planificador obsesivo que organizó una expedición que le permitió llegar bastante bien al Polo, además contó con el apoyo de un explorador experimentado como Nansen que puso a su disposición un buque especialmente pensado para las aguas polares como el ‘Fram'», resaltó.

El historiador mencionó que «Scott no atendió a las advertencias de los compañeros de expedición respecto de las dificultades de utilizar ponys para movilizarse porque se hundían en la nieve y además tenían que cargar mucho forraje, mientras que los perros de Amundsen eran comida que se autotransportaba porque si era necesario se podían sacrificar para alimentar a los otros perros o a los expedicionarios».

«Luego de la desilusión de encontrarse con una una carpa y una bandera noruegas en el Polo, Scott y sus compañeros mueren de hambre y de frío en el regreso, la imagen pública de Scott fue romantizada por los británicos que lo presentaron como un héroe que se sacrifica negándose a abandonar muestras geológicas; décadas más tarde su imagen es revisada en forma crítica, pero en los últimos años la investigación histórica vuelve sobre su legado y contextualiza algunos hechos y decisiones que se habían achacado a su impericia», completó Fontana.

Scott y sus hombres estaban por emprender el peor viaje del mundo. Una trágica combinación de desafortunadas decisiones y la mala suerte les condujo a la muerte, mientras que Amundsen y los noruegos se llevaron la gloria al alcanzar el polo Sur, el 14 de diciembre de 1911.

El miércoles 17 de enero, Scott dejó escrito en su diario la terrible frustración que sintieron al alcanzar la meta tras tantas penurias y descubrir que los noruegos se les habían adelantado por cerca de un mes: “¡Dios santo! Es un lugar espantos, y más para nosotros que hemos sufrido horrores para llegar hasta aquí sin obtener la recompensa de ser los primeros”. No podía imaginar en ese momento que lo peor estaba por llegar: él y sus hombres morirían al poco, atrapados en el desierto helado.

Scott, en el centro, acompañado de los hombres que murieron en la expedición-

El éxito de la gesta de Amundsen quedó atado frente a la opinión pública a las muertes de Scott y de sus compañeros durante el trayecto de retorno; la recuperación de las anotaciones de viaje de Scott que llevó a cabo una expedición de búsqueda ocho meses más tarde, permitió conocer y difundir muchos detalles de la expedición de Scott.

La base antártica que Estados Unidos construyó en el Polo Sur en 1956 lleva el nombre Amundsen-Scott en homenaje a ambos exploradores.


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