Sospechas
Desde hace varios días, en algún punto de la jornada, el gobernador Miguel Saiz entrecierra los ojos.
Acto seguido reflexiona en soledad desde sospechas crecientes. Entonces no puede resistir la idea que en todo lo concerniente a la extensión del contrato de CAPSA para el manejo del Catedral, hay maraña.
Ese término tan cubano para definir las cosas oscuras del poder, promueve en el mandatario un interrogante: ¿Alguien de su gobierno dejó de cumplir roles a fin de agilizar las posibilidades de CAPSA de lograr la extensión del contrato? Si es así, ¿quiénes?
Definido por sus colaboradores de estar dotado de un pensamiento inaccesible cuando está bajo estocadas de dudas, Saiz calla. Pero deja rastros que que quizá en soledad algo está investigando en relación con la mentada concesión.
Huellas perceptibles en limitadas expresiones del gobernador para con este o aquel funcionario. Casi como al pasar. No más.
Se sabe que a Saiz le resultó más que extraño que Rentas dejase pasar al momento de la extensión del contrato que CAPSA debía impuestos.
Y al gobernador le resulta extraño lo trabajoso que es determinar mucho de las responsabilidades que son inherentes a la empresa en el manejo del Catedral. Máxime después del accidente de las aerosillas.
Saiz no ignora tampoco que resultan llamativas las resistencias que generó su decisión de echar a Pablo Vuotto, funcionario de Turismo en Bariloche. Por la naturaleza de su función, estaba ligado a CAPSA.
La resistencia efectiva correspondió al secretario de Turismo, Germán Jalabert. Las restantes oposiciones -todavía latentes- corresponden al intendente Alberto Icare y al vicegobernador Mario De Rege.
Tal fue la resistencia, que poco faltó para que el poder de Saiz emergiera limado.
Todo por un funcionario de segunda línea.
En fin, agenda de sospechas variadas hay en manos del gobernador.
Nota asociada: CAPSA habría estado un año con un seguro «trucho»
Nota asociada: CAPSA habría estado un año con un seguro «trucho»
Desde hace varios días, en algún punto de la jornada, el gobernador Miguel Saiz entrecierra los ojos.
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