¿Cuándo nos pondremos los pantalones largos?

Por Eduardo Esponda*
Cansancio, bronca… y varias sensaciones más, en el ejercicio como contador público.
Vemos cómo esta pandemia remarca y profundiza la ceguera de aquellos que han ocupado sillones en cargos políticos de gobiernos nacionales, provinciales y municipales, igual que otros que ocupan y han ocupado puestos en organizaciones sociales, organismos varios, etc.
¿Hasta cuándo? Me pregunto.
No sé si me preocupa tanto encontrar la vacuna contra el coronavirus como el poder descubrir una vacuna que haga renacer el sentido común.
La improvisación, la incongruencia, el desconocimiento y los privilegios han colonizado varias áreas que dicen ser las que ordenan nuestra vida, la común y en este caso hasta la profesional.
Despertábamos con montañas de decretos, resoluciones y otras yerbas (nacionales, provinciales, municipales, profesionales, etc.), diseñadas por la inexperiencia que luego se pretende corregir con parches repetidos y nuevamente erróneos.
Ahora, en tiempos del coronavirus, ya no son montañas, son barreras astronómicas, entre nuestro conocimiento y una realidad virtual que impone severísimos plazos, multas delirantes y tareas de incumplimiento seguro.
¿Seguiremos permitiendo esta situación, siendo cómplices corderos de un sistema, que hoy nos impone obligaciones severísimas pero nos impide operar?
Quienes lean estas líneas compartirán que el ejercicio de esta profesión se degrada cada vez más, cuando debería profesionalizarse.
Entonces, me pregunto, ¿por qué seguimos silenciosos, nosotros y nuestros dirigentes?
¿Por qué aceptamos este maltrato permanente? Cuando como conectores entre los sectores que tributan y el mega-Estado que mantenemos nos inclinamos ante quienes, de manera irrazonable, perentoria e impiadosa, se creen los salvadores de la patria, cuando es absolutamente al revés.
Si algo se ha demostrado en esta ocasión es que toda esa clase dirigente sin aportes de estos sectores productivos son muy poco y nada.
Por eso digo y pido a quien corresponda decirlo: que pronuncie un ¡basta! No sé si en este momento, pero por lo menos con un plan táctico urgente, apenas podamos normalizarnos.
Ya lo dijo Belgrano: “El miedo solo sirve para perderlo todo.”
Y motivan mis líneas hechos concretos, porque desde el 20 de marzo (inicio del aislamiento) una legión de inspectores (de todo tenor) ha transitado por varios de mis clientes (supermercados medianos, farmacias, verdulerías, etc.) labrando actas de casi imposible cumplimiento, con amenazas verbales de posibles multas de hasta 500.000 pesos para justificar una demagogia del poder político, cuando este no puede soportar una simple auditoría, ya que si le es negativa proceden a judicializarla, para que en unos 20 años aproximadamente se la notifiquen cuando descanse ya en algún nicho o algún crematorio.
*Contador público, Tomo I Folio 489 (Cpcern)

Por Eduardo Esponda*
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