La periodista italiana y un espía niegan versión de EE. UU. sobre el tiroteo
Afirmó que el auto en que viajaban no iba a alta velocidad. Ayer llegó a Roma y fue operada de las heridas recibidas.
La periodista italiana Giuliana Sgrena, liberada el viernes en Irak, desmintió ante la justicia la primera versión oficial del Ejército de EEUU de que sus soldados abrieron fuego contra su convoy porque éste iba a gran velocidad. «No íbamos particularmente rápido para una situación de ese tipo», explicó Sgrena, que se mostró muy afectada por la muerte en el incidente del agente secreto Nicola Calipari.
Su versión fue respaldada ante la Fiscalía de Roma, que inició su propia investigación de lo sucedido, por uno de los miembros de los servicios secretos que viajaban junto a la periodista. Este señaló que el tiroteo fue injustificado, ya que el vehículo circulaba a una velocidad moderada, sin dar pie a equívocos.
Ambos subrayaron a los jueces que no se trataba de ningún puesto de control, sino de una patrulla que disparó después de iluminarles con un faro, sin que pudieran apercibirse de la procedencia de los proyectiles.
Por su parte, Pier Scolari, pareja de Sgrena, habló abiertamente de «emboscada» por parte de las tropas norteamericanas. «Giuliana tenía informaciones y los militares estadounidenses no querían que saliera viva», dijo Scolari, que hizo junto a la reportera de «Il Manifesto», de 57 años, el viaje de retorno a Roma.
Sus argumentos, basados en la larga conversación mantenida durante el trayecto con su compañera, inciden en que se habían dado «todos los avisos» y se habían pasado «todos los controles», ya que el automóvil se encontraba a 700 metros del aeropuerto de Bagdad.
Pier Scolari relató a la prensa que en ese punto, y al tomar una curva, una patrulla les iluminó con un faro «y a continuación comenzó una lluvia de proyectiles (se habla de 300 ó 400), que alcanzaron al vehículo».
Para Giuliana, añadió Scolari, «las últimas 24 horas han sido un infierno: primero el alivio por la liberación y luego, con el ataque asesino del blindado estadounidense, que disparó entre 300 y 400 disparos contra su coche, sin ningún motivo aparente».
«Lo siento, lo siento, lo siento», repetía a Rosa Maria Calipari, la mujer del agente secreto fallecido, la reportera, que se recupera en la cama del hospital Celio de Roma, donde fue trasladada. «Me hizo de escudo humano con su cuerpo y ha muerto en mis brazos», ha explicado con un hilo de voz Sgrena a la viuda, según ha informado 'Il Corriere della Sera'.
En sus primeras declaraciones desde que llegó a Roma ayer a la mañana, Sgrena relató a la cadena RAI lo ocurrido el viernes cuando viajaba en un coche junto con Calipari y otros dos agentes del servicio secreto hacia el aeropuerto de Roma cuando tropas de EE.UU. dispararon contra ellos.
«Ha sido horrible. Me ha conmocionado particularmente porque pensábamos que el peligro ya había pasado tras mi entrega a los italianos», señaló la periodista, que indicó que ya habían pasado varios controles del Ejército estadounidense.
«Sin embargo, de repente, se produjo ese tiroteo, fuimos alcanzados por una lluvia de fuego», relató. «Yo estaba hablando con Nicola, que me estaba contando lo que había pasado en este tiempo en Italia, cuando se apoyó sobre mí, y luego se ha agachado y he descubierto que estaba muerto», explicó. Según su versión, «el fuego continuaba porque el conductor no conseguía explicar que éramos italianos».
«No íbamos particularmente rápido para una situación de ese tipo», explicó Sgrena, lo que contrasta con la versión oficial del Ejército estadounidense, que afirmó en un comunicado que los soldados abrieron fuego contra el vehículo porque iba a gran velocidad y su conductor no se detuvo pese a que le hicieron gestos y realizaron disparos al aire.
La periodista llegó ayer a Roma, donde fue recibida por amigos y familiares y el propio primer ministro italiano, Silvio Berlusconi. Posteriormente fue trasladada al hospital de Celio, donde fue intervenida por una herida de bala en el hombro.
En el incidente fueron heridos otros dos agentes secretos italianos, uno de ellos de gravedad. El cuerpo de Nicola Calipari será trasladado a Roma.
EE.UU. anunció una investigación para esclarecer lo sucedido, después de que Berlusconi llamara al presidente del país, George W. Bush para pedirle explicaciones y obtuviera el compromiso de que iban a investigar a fondo.
Un resquemor que vuelve a aflorar
La muerte del jefe de la misión para la liberación de la ex rehén italiana Giuliana Sgrena, que fue herida, reavivó el resquemor de la población italiana contra Estados Unidos y asestó un golpe a sus relaciones bilaterales, a la espera de una explicación de Washington.
El jefe del Estado italiano, Carlo Azeglio Ciampi, exigió explicaciones. «Como todos los italianos, esperamos que Estados Unidos aclare esta dolorosa tragedia», anunció ayer por la mañana.
Ciampi no se contentó con las disculpas que pidió el viernes por la noche el presidente norteamericano George W. Bush durante una entrevista telefónica de cinco minutos con su homólogo italiano Silvio Berlusconi.
«El presidente tiene motivos para exigir explicaciones ya que Estados Unidos es responsable de la muerte de Nicola Calipari. La única cosa que hay que hacer ahora es retirar las tropas de Irak», afirmó Fausto Bertinotti, secretario general del Partido de la Refundación Comunista (PRC, de la oposición).
El incidente, calificado de «fatalidad» por el jefe de la diplomacia italiana Gianfrano Fini, degeneró en un nuevo enfrentamiento entre la oposición de izquierda y la derecha en el poder, respecto a la presencia militar italiana en Irak.
Por su parte, el sentimiento antiestadounidense del pueblo italiano se avivó, tras ser manifiesto en muchas ocasiones a raíz de la decisión del presidente Bush de intervenir militarmente en Irak.
Nota asociada: Mueren cinco soldados extranjeros y cinco iraquíes
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La periodista italiana Giuliana Sgrena, liberada el viernes en Irak, desmintió ante la justicia la primera versión oficial del Ejército de EEUU de que sus soldados abrieron fuego contra su convoy porque éste iba a gran velocidad. "No íbamos particularmente rápido para una situación de ese tipo", explicó Sgrena, que se mostró muy afectada por la muerte en el incidente del agente secreto Nicola Calipari.
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