Vacunación militante

Carta de Lector

Por Carta de lector

Como biofísico doctorado en la Universidad de Harvard y post-doctorado en la Facultad de Medicina de dicha Institución, tengo el mayor respeto por quienes desarrollan vacunas: mi súper-héroe es Jonathan Salk, quien se inoculara él mismo, a modo de conejito de las indias, para probar la efectividad de su vacuna contra la poliomielitis.

Ello no obstante, coincido con un gran número de expertos internacionales en que el proyecto de vacuna rusa contra el Covid 19, “Sputnik V”, no ha sido suficientemente probado como para considerarse “vacuna” y menos aún imponerla en algún país, por ejemplo Argentina, como “obligatoria”. Muy lejos de toda animosidad, mi afirmación se basa en que las vacunas se aprueban porque pasan estrictos protocolos de efectividad y de “inocuidad”, no porque sean urgentemente necesarias y una entidad gubernamental le ponga su sellito.

Poca seguridad me da entonces el discurso militante de la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizotti, quien compara el chequeo de la efectividad de la vacuna con la aprobación que pueda dar el ANMAT del uso seguro de algún producto, como la “tintura” para el cabello que ella cita, en individuos sensibles a reacciones alérgicas. En este punto álgido de la pandemia necesitamos conocimiento sólido y lógica, no militancia ignorante y autoritaria.

Leonardo Peusner

PhD Harvard´71 DNI 571.871