Termina el 2020, bisiesto… y funesto
Llegamos a fin de año con un año bisiesto y, como diría la abuela de mi amiga Cristina Soria, año bisiesto, ¡año funesto!
Tal vez convenga aceptar que este 2020 es un año de mala y buena suerte a la vez.
La mala suerte es por demás elocuente: una pandemia azota todo el planeta, provocando en los países más pobres más pobreza y hambruna y sumando desde los países menos pobres y hasta el Primer Mundo pobreza y desocupación como hace más de 100 años no se ve.
A todo esto, las economías paradas y los gobiernos que un día te dicen que salgas y al otro que te quedes en tu casa y los científicos intentando adivinar qué hará mañana el virus y los psicólogos intentando demostrar el por qué de comportamientos tan insolidarios de una parte de la población que no se cuida, y por ende no cuida a los más expuestos, o con alguna razón descreen de la mortandad o sufrimiento que puede generar esta pandemia.
La buena suerte sería comprender cómo se llegó a esta pandemia y cuáles son los mensajes que la misma nos deja. Y todo nace de un “descuido” humano de al menos 120 años que en nombre de la modernidad se viene llevando puestos los recursos naturales, acosando y exterminando a las especies animales y microscópicas, como a la naturaleza en general, y provocando contaminaciones nunca antes vistas. Sumado a una creciente falta de solidaridad y conductas humanas que destacan lo individual por encima de lo colectivo.
Si comprendemos esto podríamos parar la siguiente pandemia, pero no solo eso, podríamos darle una esperanza de vida a nuestra única casa en común que tenemos los 8.000 millones de habitantes que es la Tierra, y para que ello ocurra hay que plantear cuántas camisas queremos tener en nuestro placar, cuántos pares de zapatos nos son suficientes, cuántos árboles debemos cortar, cuántas especies deben de seguir desapareciendo, cuántos pobres queremos seguir soportando, cuánta desigualdad queremos seguir generando…
Nuestros avances desde hace 120 años no han sido gratuitos, hemos destrozado el planeta y lo seguimos haciendo en nombre de una modernidad que cada día produce más bienes de los necesarios y deja de lado al ser humano para ocuparse de los resultados y no de las consecuencias.
Hasta el día de hoy no se ve cambio alguno, parece que lo único que interesa es que nos den una vacuna para intentar volver a la “normalidad”. Los gobiernos hablan de producción parada y producción a poner en marcha a toda máquina. No hay reflexión alguna de por qué se llegó hasta aquí…
El año bisiesto es de mala suerte, y para que cambie a “buena” hay que hacer un esfuerzo… y ayudarla también un poco.
Jorge L. Fernández Avello
DNI 12.862.056
Bariloche