Sólo un emblemático

Que haya costado atrapar a Alderete hace pensar en que demandará muchísimo poner en apuros a media docena de corruptos importantes.

Redacción

Por Redacción

Pocos dudan de que el ex mandamás del PAMI, Víctor Alderete, resultará ser tan culpable como dicen los aliancistas y que habrá merecido plenamente el destino que es de suponer le tiene reservado la Justicia, pero ya ha transcurrido demasiado tiempo desde el cambio de gobierno para que su detención sea tomada por un golpe devastador asestado contra la corrupción. Al fin y al cabo, nadie ignora que Alderete y la ex secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, María Julia Alsogaray, fueron elegidos por la Alianza como «emblemáticos» -eufemismo por «chivos emisarios»-, y que durante más de seis meses los cerebros jurídicos más astutos de la UCR y el Frepaso, apoyados por un pequeño ejército de buscadores de información incriminatoria y por los medios de comunicación, han estado tratando de encontrar la forma de meterlos entre rejas. Pues bien: el que les haya resultado tan difícil atrapar a un personaje claramente sospechoso como Alderete, hombre que a juzgar por las denuncias y por su propia conducta apenas intentó ocultar sus huellas, hace pensar que al sistema político-jurídico nacional le costaría muchísimo poner en apuros a media docena de corruptos importantes. En otras palabras, aquí la impunidad sigue gozando de excelente salud, porque hay miles de sujetos vinculados con «la política» que se han enriquecido de forma inexplicable en los años últimos.

Como es notorio, Alderete y Alsogaray son ucedeístas y por lo tanto no cuentan con la solidaridad automática del PJ o de la UCR. Tal estado de cosas carecería de significado si existieran motivos para creer que los integrantes de la Ucedé fueran naturalmente más corruptos que los militantes de los dos grandes movimientos populistas, pero, obvio es decirlo, no se da ninguno. Por eso, hubiera sido más convincente que a la hora de seleccionar a «emblemáticos» los sinceramente comprometidos con la honestidad hubieran pensado en ciertas figuras prominentes del establishment político nacional: por ejemplo, pudieron haber elegido a un senador peronista de una provincia del norte y un radical del sur. Desde luego que dicha idea no se les ocurrió, acaso porque les pareció demasiado extravagante. En cuanto a la posibilidad de investigar seriamente al ex presidente Carlos Menem y a sus familiares, se trata de una alternativa que por razones políticas nadie tiene mucho interés en impulsar.

En nuestro país, la corrupción constituye un problema «estructural». No es cuestión meramente de los delitos cometidos por algunos individuos aislados de instintos criminales que logren engañar a los demás sino de la convivencia de dos tradiciones, una de las cuales, la declamatoria, se basa en la convicción de que es más que suficiente que todos hablen mucho de la ética y juren respetar las leyes, mientras que la otra descansa en el presupuesto de que sea perfectamente normal que políticos y funcionarios aprovechen las oportunidades para enriquecerse a costillas del resto del país siempre y cuando aporten una parte del dinero malhabido a las arcas partidarias. Asimismo, son tantos los corruptos, que abundan los que por comisión u omisión se han acostumbrado a comportarse como cómplices aun cuando ellos mismos no roben un solo centavo. Si no fuera así, no hubiera sido concebible que una persona como Alderete cometiera todas las irregularidades de las cuales ha sido acusado sin que los mecanismos construidos a fin de impedirlo se hubieran puesto enseguida en marcha. Después de todo, no es que el PAMI fuera un organismo de perfil bajísimo que la mayoría creyera ajeno a la corrupción: por el contrario, mucho antes de que Alderete comenzara a manejarlo fue considerado uno de los focos de corrupción principales de la República, lo cual significaba que el titular entendió desde el vamos que todos sus movimientos serían cuidadosamente vigilados por personas deseosas de ponerlo en dificultades. ¿Alderete se sintió cohibido por la «transparencia» así supuesta? Claro que no. Confiaba en que siempre tendría el respaldo político necesario para mofarse de sus adversarios y aunque es evidente que se equivocaba, otros que actuaron de la misma manera ya saben que no tienen por qué preocuparse.


Pocos dudan de que el ex mandamás del PAMI, Víctor Alderete, resultará ser tan culpable como dicen los aliancistas y que habrá merecido plenamente el destino que es de suponer le tiene reservado la Justicia, pero ya ha transcurrido demasiado tiempo desde el cambio de gobierno para que su detención sea tomada por un golpe devastador asestado contra la corrupción. Al fin y al cabo, nadie ignora que Alderete y la ex secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, María Julia Alsogaray, fueron elegidos por la Alianza como "emblemáticos" -eufemismo por "chivos emisarios"-, y que durante más de seis meses los cerebros jurídicos más astutos de la UCR y el Frepaso, apoyados por un pequeño ejército de buscadores de información incriminatoria y por los medios de comunicación, han estado tratando de encontrar la forma de meterlos entre rejas. Pues bien: el que les haya resultado tan difícil atrapar a un personaje claramente sospechoso como Alderete, hombre que a juzgar por las denuncias y por su propia conducta apenas intentó ocultar sus huellas, hace pensar que al sistema político-jurídico nacional le costaría muchísimo poner en apuros a media docena de corruptos importantes. En otras palabras, aquí la impunidad sigue gozando de excelente salud, porque hay miles de sujetos vinculados con "la política" que se han enriquecido de forma inexplicable en los años últimos.

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