Esteban Bullrich y su ejemplar actitud

Carta de Lector

Por Carta de lector

NEUQUÉN

A Esteban Bullrich lo sorprendió en el tramo más productivo de su vida una enfermedad cruel e irreversible. Se llama ELA y es progresivamente paralizante. Mortal.


A la mayoría de los humanos, esta situación lo haría caer en el abandono, la victimización, el aislamiento.
Este gran hombre, elegido por sus méritos para dirigir el Ministerio de Educación Nacional en otra administración, ha salido, en cambio, a enfrentar su enfermedad y rescata lo que – gran pedagogo al fin- se puede aprender de su gran desgracia.


Como a muchos que lo han escuchado en los diversos reportajes que se presta a responder, su estado contagia una gran angustia pero también una particular esperanza de vida superior.
Sí, entendemos a cuan alto nivel puede llegar la vida humana.


Perder la posibilidad de poder comunicarse, estar amenazado por la certidumbre de contar con escasos años de vida derrumbarían a cualquiera.
Esteban Bullrich, huye de esa medianía humana y de una reacción de lloriqueos lastimosos, y lejos de optar por la depresión y el aislamiento, ha decidido dar un mensaje positivo a sus familiares, amigos, argentinos y posiblemente el mundo.


Está dispuesto a aceptar su clara disminución y dificultades en el habla, y en un sobrehumano acto de voluntad, se detiene a enseñar, (educar es lo que hace), sobre lo mucho de bueno y positivo que le queda a su vida aún. Sobre lo que le queda de sueños por el país para realizar.
Se muestra tal cual es, desnudo en su humano dolor. Humano.


La enfermedad lo ha despojado de un gran don, comunicarse y hace lo que puede. Sufre por el evidente temblequeo de su voz y no lo disimula. En una entrevista lloró pero prontamente se recuperó y volvió a su mensaje con firmeza.
Lo que estamos aprendiendo con él es que siempre nos queda algo positivo, de que siempre hay un por qué seguir viviendo. y que se debe hacerlo con dignidad.


Su fuerza interior, su generosidad y capacidad de dar hasta estas horas que pudieran ser desesperadas, lo elevan a la categoria de modelo de vida.


Un modelo que necesitamos los argentinos tan proclives hoy a seguir a los vendedores de fantasiosas mentiras. En Esteban Bullrich se da un mensaje del verdadero valor. Los argentinos necesitamos inyectarnos esas lecciones de noble humanidad.


Gladys Seppi Fernández
Pedagoga, escritora


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