Efusividades en pausa
Por Roberto Fermín Bertossi *
Entre tantas secuelas, con su inherente crueldad la pandemia del Covid ha clausurado inexorablemente nuestras más naturales efusividades humanas, sí, todas esas íntimas manifestaciones presenciales intensas de sentimientos, de alegría, de complicidades, de afecto, de gozo, de simpatía y de piel con el otro en la concelebración de la vida con los otros.
Nos robaron el bullicio y alborozo propios de los recreos en la escuela, los juegos a la hora de la siesta, el estudiantado universitario como forma de vida, innumerables e irrecuperables festejos familiares y rituales sociales (por ejemplo, nacimientos, cumpleaños, casamientos, cafecito, fútbol y asadito con amigos y hasta los “insustituibles” almuerzos familiares de cada domingo), imponiéndonos angustiantes desgarros afectivos y ascuas vinculares en cada distanciamiento obligatorio, por caso, entre abuelos y nietos, entre unos y otros, truncando sueños, edades y etapas de la vida.
Es que sin piedad ni distinción, el coronavirus nos prohibió severa, contundente y disuasivamente todo apretón de manos, palmadas, abrazos, mimos, besos y caricias, exponiéndonos -sin avisar- a recelosas convivencias sociales, limitando nuestras amistades e intimidades a toda remota virtualidad.
Hoy debemos seguir luchando y resistiendo, aun a pesar de cada irresponsabilidad y desprecio individual, de cada contradiccion e ineficiencia gubernamental.
El desasosiego y la sospecha colectiva se apoderó de nosotros con sus secuelas de soledad, bronca, desconciertos, perplejidades, desintegración familiar, amical y social, derrumbes económicos, merecimientos frutrados (vg., fiestas, celebraciones, viajes, paseos, despedidas póstumas, etc.) e inagotables catálogos de hartazgos, frustraciones, morbilidades y luctuosidades sorprendentes.
Recurrentes “descuidos”, transgresiones, clandestinidades, privilegios y bravuconadas humanas con sus imprudencias, estupideces, irresponsabilidades e insolidaridades personales, comunitarias y gubernamentales, vienen sumando, multiplicando y expandiendo este maldito virus arrasador con extravagantes e insólitas excusas egoístas de extremistas libertades y albedrío individualistas entre olas y olas epidemiológicas.
Tanto el olvidable 2020 cuanto lo que discurre de este 2021, ya se han llevado demasiadas vidas en muy pocas “lunas”, dejando a su paso mucho dolor, impotencia y ausencias definitivas.
Cuando se deteriora lo emocional, cuando el llanto no para y crece la indignación por todo el tiempo que no nos vimos sin máscaras ni tecnología, por cada vez que no nos tocamos, abrazamos, brindamos, bailamos, besamos y cantamos juntos, entonces fuimos reducidos a una subespecie de onanismo emocional.
A pesar de todo ello y siendo la comunicación no solo un bien preciado sino la primera necesidad humana según Madre Teresa de Calcuta, revalorizamos la tecnología que nos ha mantenido unidos, trabajando o aprendiendo, buscando espacios de tiempo para acortar distancias conservando vínculos y afectos, todo lo posible.
Los whatsapp de motivación, las curiosidades compartidas, la creatividad sin límites para dar, usar, comprar, cuidar y amar junto a los aplausos y la música generosa de quienes inundaron de ilusión, entusiasmo y gratitud a nuestros heroicos trabajadores esenciales, las calles vacías… así transcurrió este tiempo largo y agobiante teñido de sombras que mantiene palpitante y alerta nuestros corazones.
Hoy debemos seguir luchando y resistiendo, aun a pesar de cada irresponsabilidad y desprecio vital individual, de cada contradicción e ineficiencia gubernamental, cuando todavía un solo, exhausto e infraretribuido médico logre salvar otra vida, cuando una sola enfermera pueda cuidar otra más, cuando nos resistimos a ir de fiesta para evitar contagios, cuando renunciamos a un abrazo o a un beso de amor, cuando todavía escondemos las sonrisas y los gestos mejores debajo de nuestros variados, coloridos y ocurrentes barbijos porque, aun inermes e indefensos, conservamos la esperanza de que, finalmente, podremos disfrutar de un más que merecido y abundante festival interminable de efusividades.
* Docente e investigador universitario
Por Roberto Fermín Bertossi *
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