El «ser neuquino» y el erróneo concepto de libertad
Una cosa es el amor a su lugar, y muy diferente es un sobreactuado fanatismo y amor terrenal, abusando de símbolos litúrgicos, agitando mapas y banderas, exacerbando a la gente.
El sistema político de la provincia del Neuquén no está ajeno a las nuevas demandas que trae el paso del tiempo. Históricamente las respuestas han predominado dentro de un orden establecido por el histórico partido gobernante. Ante la incertidumbre, cuando el sistema pareciera no ofrecer respuestas, esta simulará venir de afuera, pero siendo generada por la misma hegemonía que precisara de ambas opciones para no perderlo todo. Llámese línea amarilla, blanca, azul y ahora la violeta, todos han señalado ir contra los ‘’vicios’’ de su antecesor, pero en esencia, comparten la misma ideología económica, política y cultural.
Infiero las mejores intenciones en algunos, pero estas resultan irrelevantes a estos efectos, puesto que lo importante son los resultados de la política que se aconseja. Cuando una de las líneas del oficialismo, sostiene que buscara ‘’darle poder a la gente’’ pero que en su gobierno serán rectores ‘’todos los conceptos del socialismo como las empresas públicas y el estado presente escritos desde el nacimiento del MPN”. O sus socios como el Frente Grande Neuquén y el Movimiento Evita sostienen que promoverán ‘’ un estado que asuma responsabilidades más allá de las habituales’’ y el ‘’reconocimiento de los pueblos originarios’’. Se están explayando las ideas y propuestas que han llevado a la ruina al país.
Decir que es necesario devolverle el poder la gente, pero a su vez ir por el camino de ampliar aún más la intervención del Estado, constituye un oxímoron, ya que la omnipresencia del estado es la negación de la libertad individual. Desde este punto de vista, la razón de ser del estado no es la defensa del individuo y sus derechos, sino que los derechos individuales pueden ser, en circunstancias definidas por el “buen” criterio del gobernante’’ sacrificables a los intereses de ese todo superior. El aumento de reparticiones o seguir creando empresas del estado, se utilizarán nuevamente para crear empleo artificial pero capitalizable electoralmente, contratar con empresas ‘’amigas’’ y la creación de cargos como el de “director empresarial militante por colectora”, será otro botín de la política. No es la omnipotencia de la presencia estatal, la que ha engrandecido a las regiones modernas, son las libertades individuales. El primer deber de una gran revolución, hecha con la pretensión de cambiar de régimen social de gobierno, es cambiar y limitar esa contextura estatal que se ha personificado en diferentes gobiernos, convirtiendo al ciudadano en una máquina fiscal al servicio del sistema. Para esta idea, tener derechos políticos, participar en alguna interna o votar etc. es todo lo que se llama libertad; pero la ciudadanía jamás estará menos limitada mientras se mantenga y se profundicen esta aclamada estructura socialista.
También asistimos a lo que la Diputada española Cayetana Álvarez de Toledo, denominó la ‘’idolatría de la identidad’’ la cual es la antítesis del orden republicano liberal. Expresiones que se arrogan la interpretación de los sentimientos de todos los habitantes de la provincia, como “nosotros sabemos lo que quieren los neuquinos’’, o el invocar cuestiones de ‘’neuquinización’ o ‘’neuquinidad’’ incurren en lo que se conoce como ‘’falacia antropomórfica’’, que es cuando un partido político o facción, intenta invocar características propias del individuo como el orgullo, la dignidad y la elección.
Esto solo sirve al aparato estatal a los efectos de asignar los deseos a colectivos inexistentes, para ocultar el hecho de que las metas propuestas son deseadas por quienes buscan bajo estas premisas instalarse en la órbita gubernamental.
La idea matriz deduce que el “ser neuquino” es representado por aquellos que están dentro de la propia fracción. Nadie duda de que el afecto a la tierra donde uno nació, a sus vecinos y lugares geográficos más emblemáticos son importantes para el progreso de una región. Pero una cosa es el amor a su lugar, y muy diferente es declamar un sobreactuado fanatismo y amor terrenal, abusando de símbolos litúrgicos, agitando mapas y banderas, exacerbando a la gente y vociferar una especie de ‘’verdades neuquinas’’.
Por último, la minimización ante los hechos violentos, sobre la propiedad privada y las usurpaciones que se han venido sucediendo en los últimos años en Neuquén y aledaños, como lo sucedido en Istmo de Mari Menuco, la obra de la circunvalación en Villa la Angostura entre muchos más, implican un ataque al corazón de la Constitución Nacional, que tal como expresara Alberdi ha colocado sobre los derechos de propiedad un ‘’cerrojo de fierro’’ ante los intentos de desconocerla o violentarla. El derecho de propiedad implica que el esfuerzo de cada uno no sea violentado ni por las mayorías, ni por el Estado, ni por terceras personas. Entender el valor del derecho de propiedad implica no diferenciar si se trata de un de una librería comercial, una pyme familiar o una megaempresa petrolera. Es un derecho moral que tiene implicancias económicas beneficiosas. Desde que la humanidad comenzó a respetar el derecho al fruto del esfuerzo privado, el progreso de aquellas zonas donde se respetó resultó extraordinario. La debilidad implica empobrecimiento y dependencia del ‘’dedo oficial’’ – del empleo público o el subsidio estatal -. Es decir, menor poder a la gente. El timón está a disposición de la ciudadanía, lo importante es usarlo para navegar por aguas tranquilas y no se deje seducir por propuestas mesiánicas y fraseologías que apuntan al naufragio.
*Magister en economía política y analista internacional
El sistema político de la provincia del Neuquén no está ajeno a las nuevas demandas que trae el paso del tiempo. Históricamente las respuestas han predominado dentro de un orden establecido por el histórico partido gobernante. Ante la incertidumbre, cuando el sistema pareciera no ofrecer respuestas, esta simulará venir de afuera, pero siendo generada por la misma hegemonía que precisara de ambas opciones para no perderlo todo. Llámese línea amarilla, blanca, azul y ahora la violeta, todos han señalado ir contra los ‘’vicios’’ de su antecesor, pero en esencia, comparten la misma ideología económica, política y cultural.
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