El papel de la Justicia
No sólo en nuestro país sino también en muchos otros, incluyendo Estados Unidos, es frecuente oír a dirigentes políticos quejarse por la calidad de muchos jueces, sobre todo la de aquellos que en su opinión militan en corrientes ideológicas que no les gustan, y por la influencia, a su juicio exagerada, de sus fallos en la vida nacional. También es habitual que el partido coyunturalmente dominante procure ubicar en puestos clave a magistrados que comparten sus puntos de vista. Con todo, aunque los conflictos que se han dado últimamente entre el gobierno kirchnerista y algunos integrantes del Poder Judicial no son tan graves como algunos quisieran hacer pensar, es preocupante la propensión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su marido a creerse por encima tanto de la Justicia como de las normas de conducta que se ven reflejadas en las leyes. Parecería que, según la lógica maniquea de la pareja, todos aquellos que se resisten a darles su apoyo incondicional son forzosamente enemigos, conspiradores resueltos a derrocarlos, y que, puesto que algunos jueces han fallado en contra de ciertas iniciativas oficiales improvisadas, tienen que luchar contra un “partido judicial”. Dicho de otro modo, en lugar de limitarse a atacar a jueces determinados, los Kirchner han optado por ensañarse con el Poder Judicial en su conjunto como si lo que buscaran fuera desprestigiar la idea misma de la legalidad, tratándola como una opinión politizada más. En la ceremonia que se celebró para inaugurar el nuevo año judicial, el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, procuró reintroducir un poco de cordura en el debate, por llamarlo así, que está dándose en torno al papel de la Justicia al señalar que “la función de los jueces es poner límites a las decisiones de las mayorías cuando contradicen la Constitución, cuando afectan derechos individuales. Nuestra acción no está enfocada a favor ni en contra de ningún partido sino a favor de la Justicia”. Por lo demás, Lorenzetti criticó la tendencia de “los otros poderes del Estado” a “judicializar sus decisiones innecesariamente”, con la finalidad de trasladar al terreno de la Justicia problemas que deberían tener soluciones políticas, una tendencia que puede atribuirse a la frustración que sienten tantos legisladores frente a la arbitrariedad que es típica del Poder Ejecutivo actual que, luego de perder el dominio sobre el Congreso al que se había acostumbrado, no ha ocultado su intención de intentar gobernar mediante decretos supuestamente inapelables. Aunque en términos ideológicos el Poder Judicial es pluralista y sólo actúa de forma corporativa cuando están en juego los sueldos de quienes lo conforman, los Kirchner distan de ser los únicos que están convencidos de que muchos jueces se dejan influir por el clima político imperante. Al difundirse la impresión de que un gobierno antes hegemónico está batiéndose en retirada, propenden a multiplicarse los fallos que le son adversos. Puede que el fenómeno se deba a que la Justicia, caracterizada como está por su lentitud, necesita disponer de mucho tiempo para llegar a tratar las denuncias que fueron formuladas cuando el oficialismo de turno disfrutaba de su momento de esplendor, pero así y todo sería inútil negar que como resultado brinda una impresión de oportunismo. Es natural, pues, que muchos den por descontado que lo que toman por un estallido de activismo judicial sea una señal de que el país está en vísperas de cambios políticos sustanciales, no de que muchos jueces hayan decidido que es hora de procurar ponerse a la altura de sus responsabilidades. Se trata de un problema serio que debería preocupar más a los integrantes de la Corte Suprema que los ataques verbales de personajes como el diputado Néstor Kirchner y el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, ya que está entre las causas básicas del escaso respeto por la ley en nuestra sociedad. Aunque es claramente imposible despolitizar por completo la Justicia, sería bueno que más jueces hicieran gala de su independencia de los otros poderes del Estado antes de que se instale la convicción de que los hasta hace poco todopoderosos están por irse y que por lo tanto les convendría a los ambiciosos hacer un esfuerzo por merecer la aprobación de quienes serán sus sucesores.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 768.803 Director: Julio Rajneri Co-directora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación de Editorial Río Negro SA – Viernes 19 de febrero de 2010
No sólo en nuestro país sino también en muchos otros, incluyendo Estados Unidos, es frecuente oír a dirigentes políticos quejarse por la calidad de muchos jueces, sobre todo la de aquellos que en su opinión militan en corrientes ideológicas que no les gustan, y por la influencia, a su juicio exagerada, de sus fallos en la vida nacional. También es habitual que el partido coyunturalmente dominante procure ubicar en puestos clave a magistrados que comparten sus puntos de vista. Con todo, aunque los conflictos que se han dado últimamente entre el gobierno kirchnerista y algunos integrantes del Poder Judicial no son tan graves como algunos quisieran hacer pensar, es preocupante la propensión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su marido a creerse por encima tanto de la Justicia como de las normas de conducta que se ven reflejadas en las leyes. Parecería que, según la lógica maniquea de la pareja, todos aquellos que se resisten a darles su apoyo incondicional son forzosamente enemigos, conspiradores resueltos a derrocarlos, y que, puesto que algunos jueces han fallado en contra de ciertas iniciativas oficiales improvisadas, tienen que luchar contra un “partido judicial”. Dicho de otro modo, en lugar de limitarse a atacar a jueces determinados, los Kirchner han optado por ensañarse con el Poder Judicial en su conjunto como si lo que buscaran fuera desprestigiar la idea misma de la legalidad, tratándola como una opinión politizada más. En la ceremonia que se celebró para inaugurar el nuevo año judicial, el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, procuró reintroducir un poco de cordura en el debate, por llamarlo así, que está dándose en torno al papel de la Justicia al señalar que “la función de los jueces es poner límites a las decisiones de las mayorías cuando contradicen la Constitución, cuando afectan derechos individuales. Nuestra acción no está enfocada a favor ni en contra de ningún partido sino a favor de la Justicia”. Por lo demás, Lorenzetti criticó la tendencia de “los otros poderes del Estado” a “judicializar sus decisiones innecesariamente”, con la finalidad de trasladar al terreno de la Justicia problemas que deberían tener soluciones políticas, una tendencia que puede atribuirse a la frustración que sienten tantos legisladores frente a la arbitrariedad que es típica del Poder Ejecutivo actual que, luego de perder el dominio sobre el Congreso al que se había acostumbrado, no ha ocultado su intención de intentar gobernar mediante decretos supuestamente inapelables. Aunque en términos ideológicos el Poder Judicial es pluralista y sólo actúa de forma corporativa cuando están en juego los sueldos de quienes lo conforman, los Kirchner distan de ser los únicos que están convencidos de que muchos jueces se dejan influir por el clima político imperante. Al difundirse la impresión de que un gobierno antes hegemónico está batiéndose en retirada, propenden a multiplicarse los fallos que le son adversos. Puede que el fenómeno se deba a que la Justicia, caracterizada como está por su lentitud, necesita disponer de mucho tiempo para llegar a tratar las denuncias que fueron formuladas cuando el oficialismo de turno disfrutaba de su momento de esplendor, pero así y todo sería inútil negar que como resultado brinda una impresión de oportunismo. Es natural, pues, que muchos den por descontado que lo que toman por un estallido de activismo judicial sea una señal de que el país está en vísperas de cambios políticos sustanciales, no de que muchos jueces hayan decidido que es hora de procurar ponerse a la altura de sus responsabilidades. Se trata de un problema serio que debería preocupar más a los integrantes de la Corte Suprema que los ataques verbales de personajes como el diputado Néstor Kirchner y el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, ya que está entre las causas básicas del escaso respeto por la ley en nuestra sociedad. Aunque es claramente imposible despolitizar por completo la Justicia, sería bueno que más jueces hicieran gala de su independencia de los otros poderes del Estado antes de que se instale la convicción de que los hasta hace poco todopoderosos están por irse y que por lo tanto les convendría a los ambiciosos hacer un esfuerzo por merecer la aprobación de quienes serán sus sucesores.
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