El peronismo busca abroquelarse en el Senado para frenar la reforma laboral y la CGT define medidas de fuerza

Con el debate programado para el próximo miércoles, José Mayans intenta contener a los senadores de "Convicción Federal" que amenazan con romper. La CGT define hoy su plan de lucha y el gobierno envía a Diego Santilli a buscar los votos de las provincias.

Redacción

Por Redacción

El peronismo activó el modo de emergencia. Ante la inminencia del tratamiento de la reforma laboral en el Senado, programado para comenzar el próximo miércoles, las distintas tribus de Unión por la Patria iniciaron un operativo de contención para dejar de lado las facturas internas y mostrar un frente unificado que pueda bloquear —o al menos condicionar— el proyecto del Gobierno.

El desafío no es menor. Mientras la CGT se reúne este mediodía para definir la temperatura de la calle y un plan de acción concreto, la verdadera batalla se libra en los despachos de la Cámara Alta. Allí, el jefe del interbloque, José Mayans, trabaja contra reloj para evitar una fuga de votos que podría ser letal para la estrategia opositora.

El factor «Convicción Federal»


La lupa está puesta sobre los cinco senadores que integran el espacio Convicción Federal. Este grupo de peronistas «anti K», que en el pasado fue blanco de críticas por parte del kirchnerismo duro, hoy tiene la llave del quórum. En las últimas horas, dejaron trascender su malestar y la posibilidad de romper el interbloque, una jugada que el oficialismo celebra en silencio.

«Juegan al misterio», admiten con preocupación cerca de Mayans. Si esos cinco votos se alinean con la Casa Rosada o deciden abstenerse, la resistencia peronista podría desmoronarse antes de llegar al recinto.

La ofensiva del Gobierno


Del otro lado, el oficialismo no se queda quieto. El gobierno nacional busca capitalizar la división opositora y trabaja en un acuerdo amplio con el PRO, la UCR y aliados provinciales para blindar el proyecto original.

El encargado de la ingeniería política es el ministro del Interior, Diego Santilli, quien lleva días de gira por el interior con un objetivo claro: garantizar manos levantadas a cambio de concesiones a las provincias. La estrategia oficial es aislar al kirchnerismo duro y ofrecer a los gobernadores peronistas una salida negociada que les permita «sobrevivir» fiscalmente a cambio de apoyar la modernización laboral.

La presión sindical


Mientras la política rosca, los gremios marcan la cancha. La Unión Obrera Metalúrgica (UOM), conducida por Abel Furlán, ya dio una muestra de fuerza ayer con una movilización en Córdoba. «Quieren hablar de reformas, pero el salario mínimo hoy no alcanza para vivir dignamente», lanzaron desde el gremio, adelantando el tono de la discusión que se viene.

Para el peronismo, la reforma laboral se ha convertido en la «madre de todas las batallas» de este 2026. Si logran frenarla, habrán demostrado que todavía conservan poder de fuego legislativo; si el proyecto avanza, la fragmentación del espacio podría volverse irreversible.


El peronismo activó el modo de emergencia. Ante la inminencia del tratamiento de la reforma laboral en el Senado, programado para comenzar el próximo miércoles, las distintas tribus de Unión por la Patria iniciaron un operativo de contención para dejar de lado las facturas internas y mostrar un frente unificado que pueda bloquear —o al menos condicionar— el proyecto del Gobierno.

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