Alquiler o préstamo
NEUQUÉN (AN).- El hampa local comercializa de todo con tal de obtener efectivo rápido y fácil. Se ha detectado pero es difícil comprobarlo, que alquilan las armas a cambio de porcentajes del botín. Quien rompe el código paga, de ahí los tan frecuentes ajustes de cuentas. “Es muy difícil comprobar todo esto pero sí sabemos que se prestan o se alquilan las armas a cambio de dinero o porcentaje de lo obtenido”, relató una fuente policial. De acuerdo con las averiguaciones realizadas, los delincuentes más grandes suelen apadrinar a los que se están iniciando y les “prestan o alquilan” las armas para que den pequeños golpes. Se trata de robos rápidos a quioscos, almacenes o tiendas de ropas donde se supone que entran, amenazan con el arma y se llevan el dinero. El arma funciona como elemento intimidatorio por lo que las víctimas, en su mayoría, no oponen resistencia. El ladrón debe luego devolver el arma y entregar parte del botín o de lo contrario sufrirán las consecuencias de haber quebrantado los códigos. Los investigadores saben de esta modalidad aunque es muy poco probable que la puedan llegar a demostrar por la forma en la que se maneja la delincuencia. Incluso algunos baleados por romper estos códigos se niegan a denunciar a sus agresores y mucho menos aún esta dinámica de circulación de las armas.
NEUQUÉN (AN).- El hampa local comercializa de todo con tal de obtener efectivo rápido y fácil. Se ha detectado pero es difícil comprobarlo, que alquilan las armas a cambio de porcentajes del botín. Quien rompe el código paga, de ahí los tan frecuentes ajustes de cuentas. “Es muy difícil comprobar todo esto pero sí sabemos que se prestan o se alquilan las armas a cambio de dinero o porcentaje de lo obtenido”, relató una fuente policial. De acuerdo con las averiguaciones realizadas, los delincuentes más grandes suelen apadrinar a los que se están iniciando y les “prestan o alquilan” las armas para que den pequeños golpes. Se trata de robos rápidos a quioscos, almacenes o tiendas de ropas donde se supone que entran, amenazan con el arma y se llevan el dinero. El arma funciona como elemento intimidatorio por lo que las víctimas, en su mayoría, no oponen resistencia. El ladrón debe luego devolver el arma y entregar parte del botín o de lo contrario sufrirán las consecuencias de haber quebrantado los códigos. Los investigadores saben de esta modalidad aunque es muy poco probable que la puedan llegar a demostrar por la forma en la que se maneja la delincuencia. Incluso algunos baleados por romper estos códigos se niegan a denunciar a sus agresores y mucho menos aún esta dinámica de circulación de las armas.
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